Por: Claudia Farfán, María José López y Josefina Ríos
Empresarios, abogados y sacerdotes conforman el círculo que se mantiene incondicional al ex párroco de la iglesia de El Bosque. Mientras algunos abandonaron el redil del religioso, otros se mantienen leales, a su lado. El grupo tiene larga data y funciona como "brazo derecho" de Karadima.
Fotografía: José Miguel Méndez
Aparentemente, pocas cosas han cambiado en la iglesia del Sagrado Corazón de Providencia. Como sucede desde hace décadas, muchos fieles llegaron el lunes 12 a la misa que se oficia en la calle El Bosque. Al finalizar el oficio, como también ocurre desde hace años, un numeroso grupo de personas se reúne para compartir en la sacristía, el corazón del templo. Ahí hay una estufa a gas que entibia el frío lugar, mientras jóvenes y ancianos, todos vestidos formalmente, rodean al padre Juan Esteban Morales.
A él se acercan los feligreses para preguntar cómo se encuentra su antecesor en el cargo, el sacerdote Fernando Karadima, a quien no han podido ver desde fines de abril, cuando se hizo pública la investigación en su contra por supuestos abusos sexuales.
Desde entonces, Morales es el nexo principal entre esa comunidad y el cura diocesano, hoy retirado de toda actividad pastoral. Morales es, justamente, una de las pocas personas que cruzan la puerta de madera contigua a la sacristía que conduce a la residencia del octogenario cura diocesano.
El privilegio de este discípulo de Karadima obedece a que él sigue siendo un incondicional a su antiguo superior, a diferencia de otros religiosos y laicos que han tomado distancia. Morales forma hoy parte del reducido círculo de hierro que se ha mantenido leal y cuyos otros integrantes son el abogado Juan Pablo Bulnes y el sacerdote Diego Ossa. Estos dos últimos se han visto envueltos en acusaciones por pagos -al menos $40 millones- realizados a personas que tendrían información clave sobre el caso que investiga el fiscal Xavier Armendáriz.
El círculo de confianza no da crédito a ninguna de las denuncias en contra de Karadima. Su lealtad hacia él no ha sido alterada ni por las declaraciones del canciller del Arzobispado de Santiago, Hans Kast -que sí impactó a una parte de los feligreses de la parroquia-, ni por la decisión del cardenal Francisco Javier Errázuriz de llevar el caso a juicio canónico en el Vaticano. Es tal la incondicionalidad del grupo, que ex miembros de la comunidad de El Bosque los bautizaron como "los realistas", en alusión a los simpatizantes del rey de España en la guerra de Independencia. En el otro extremo están "los patriotas", apodo que se dio a los que ya no son leales al religioso. Y en un término medio se encuentran los llamados "indecisos": feligreses legendarios que hoy están con la incertidumbre de qué es verdad y qué no.
"Los realistas confían a ojos cerrados en que el padre no es culpable, porque dicen no haber visto nada que despierte sospecha", señala un ex cercano a él. Ante ellos, el padre jura inocencia, se arrodilla frente al Santísimo y dice: "Me están crucificando igual que a Jesucristo". A este clan pertenecen, con mayor o menor matiz, el agrónomo Gonzalo Tocornal, el ingeniero Francisco Prochaska, los empresarios Domingo Jiménez, Guillermo Salinas y Guillermo Ovalle; además del doctor Leonardo Guzmán, el general (r) Eduardo Aldunate y el actual presidente de la Acción Católica, Francisco Costabal.
Este grupo opera desde hace décadas como el "brazo derecho" de Karadima en diversas funciones. Desde mantener en buen estado el funcionamiento de la casa parroquial, hasta asesorarlo en temas legales, como donaciones y pago de impuestos.
Si bien su postura ha sido defender al sacerdote a rajatabla, hay algunos que están abiertos a la eventualidad de que pueda ser culpable.
"No somos fanáticos, pero creemos en él. Nunca hemos visto nada. Sin embargo, sabemos que existe la posibilidad de que la justicia falle en su contra o de que él mismo algún día pueda reconocer algo. Estamos convencidos de que eso no sucederá, pero pase lo que pase, no lo vamos a dejar de querer. Incluso, si llegase a caer preso, lo iríamos a ver a la cárcel", afirma uno de ellos.
Es tal la incondicionalidad del grupo, que ex miembros de la comunidad de El Bosque los bautizaron como "los realistas", en alusión a los simpatizantes del rey de España en la guerra de Independencia. En el otro extremo están "los patriotas", apodo para los que ya no son leales al religioso. Y, en un término medio, se encuentran los llamados "indecisos": feligreses legendarios que hoy dudan.
A pesar del complejo escenario que enfrenta el ex párroco de El Bosque, sus incondicionales afirman estar tranquilos con el hecho de que el proceso canónico esté radicado en Roma, pues esperan que la Santa Sede confirme su inocencia. Una señal de la normalidad con que han querido asumir esta situación es que la iglesia del Sagrado Corazón ha seguido adelante con la cotidianeidad de siempre. De hecho, el padre Diego Ossa -acusado hoy de cometer una conducta impropia en contra de un ex feligrés de la iglesia Jesús Carpintero de Renca, de la cual Ossa fue párroco- sigue oficiando la misa de las 12. El martes pasado, tras finalizar la ceremonia, el sacerdote se reunió con los laicos que asisten a la sacristía. Fue ahí cuando una mujer de edad le preguntó cómo enfrentaba las acusaciones en su contra. "Tranquilo y confiado en que luego todo se resolverá", respondió él.
El sacerdote Fernando Karadima durante un retiro espiritual.
Del triunvirato que conforma el actual círculo de hierro de Karadima, el abogado Juan Pablo Bulnes es quien mejor lo conoce. Su relación comenzó a fines de los años 50, poco antes de que el religioso se ordenara sacerdote. Entonces, los padres del jurista -Manuel Bulnes Sanfuentes y Elena Cerda- asistían a la misa dominical junto a sus nueve hijos. En esa época nacía la juventud bosqueana y surgían los primeros seguidores del religioso. Al poco tiempo, Bulnes destacó en el grupo y se desempeñó como acólito desde la primera misa que ofició Karadima. Ahí también conoció a su mujer, Mónica del Valle.
Un ex feligrés recuerda que ya en los años 80, el abogado tenía injerencia en la administración de los recursos de la parroquia.
Quienes conocen el vínculo entre ambos afirman que es de mutuo respeto, además de ser una relación fraterna y de amistad. Karadima es para Bulnes su guía espiritual. Por esa razón, bautizó a todos sus hijos y fue uno de sus principales soportes durante el cáncer que lo afectó hace un tiempo.
Hoy, la relación ha tenido un vuelco: es el abogado quien se transformó en el principal puntal del sacerdote. Tras el estallido del escándalo, se convirtió prácticamente en su sombra. Eso llamó la atención de los abogados del estudio Puga & Ortiz, a cargo de la defensa penal del religioso. Una fuente involucrada en el litigio señala que nunca han podido reunirse a solas con su cliente, pues Bulnes siempre ha querido estar presente para escuchar todo lo que el párroco diga en sus declaraciones.
Incluso, trascendió que el equipo jurídico de Luis Ortiz Quiroga se habría sorprendido cuando Karadima admitió ante Armendáriz la existencia de pagos efectuados por El Bosque. De acuerdo a información proporcionada a la Fiscalía Oriente por parte de Óscar Osbén Moscoso, habría sido Juan Pablo Bulnes quien le hizo entrega de dinero luego de que él asegurara que fue objeto de un acto impropio por parte del sacerdote Diego Ossa, a quien había conocido en la parroquia El Señor de Renca.
Según Osbén, tanto este pago como otros realizados a Silvia, la cocinera de la casa parroquial, fueron hechos para mantener el silencio de quienes podrían convertirse en nuevos testigos de la investigación contra Karadima. Por su parte, tanto Ossa como la defensa del padre desmienten esta versión y, si bien reconocen la existencia de entregas monetarias, aseguran que tuvieron motivos pastorales.
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