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"Los jueces no estamos en un concurso de popularidad"

  • Fecha: 02 07 2010
  • Sección: Actualidad
  • Comentarios: 0

El "violador" de Ñuñoa

-¿Cómo toma el Ministerio Público las críticas que usted ha planteado a su trabajo en varias ocasiones? La última fue en el caso del supuesto violador de Ñuñoa, liberado por falta de pruebas.  ¿Ha bajado su popularidad entre los fiscales?

-Es improcedente que me refiera a esa causa. La pregunta es incontestable, porque mi trabajo es poner estándares, lo que implica que los procedimientos de investigación tengan "control de calidad".

-¿Cuáles son esos estándares?

-Hay numerosos fallos de jueces de Arica a Punta Arenas, en distintas materias, en que han establecido estándares, como el reconocimiento fotográfico y el reconocimiento en rueda de presos. Y la Corte Suprema, incluso, ha fijado estándares de infracción de garantías constitucionales  que los mismos jueces cometen al interior de un juicio oral cuando hacen preguntas que no han sido formuladas ni por los fiscales ni los defensores.

Cuando miro la jurisprudencia de la Corte Suprema, no deja de sorprenderme que los abogados, fiscales y defensores no la conozcan.

-No es la primera vez que usted desliza críticas en las audiencias. En 2007, dijo molesto que los controles de detención "no son juicios contra Saddam Hussein" y que los imputados no son "íconos mediáticos".

-Cuando empezó la reforma, abrirse a la prensa era asegurar transparencia y un compromiso democrático. Yo tenía una mirada cándida, pero con el correr del tiempo me percaté que esa visión carecía de evidencia empírica. Al comienzo, nadie informaba cómo ocurrían los hechos y todo estaba lleno de conclusiones y etiquetas, no pocas veces peyorativas hacia nosotros, los jueces. Por eso, de esa mirada cándida me desplacé hacia una desconfianza. Pero hoy tengo una percepción distinta: si antes la prensa decía "juez dejó libre" a secas, hoy en cambio dice "dejó libre por falta de antecedentes", lo que signfica que hoy está más dispuesta a escuchar que a etiquetar. Queda pendiente, sin embargo, un asunto a discutir: que el derecho a la información no se agota en el derecho a la imagen, porque exhibir a un imputado antes del juicio afecta la presunción de  inocencia.

-En el caso del supuesto violador de Ñuñoa, hubo falta de pruebas, ¿en qué fallan los protocolos de reconocimiento que se usan en Chile para identificar a un imputado?

-En Chile no hay protocolos, lo que hay es jurisprudencia al respecto. Es decir, no existe un "papel" que diga cuáles son los procedimientos que hay que seguir para contar con una determinada prueba o antecedente. Lo que sí hay son estándares entregados por los jueces, que son los que implican el control de calidad de procedimientos como el reconocimiento de la fotografía o el reconocimiento en rueda de presos. Pero no es extraño que no existan protocolos, porque en Estados Unidos -com debiera ocurrir acá-los protocolos llegaron después de los estándares fijados por los jueces. Un ejemplo de cómo empezaron allá fue con el reconocimiento del detenido en el caso Stovall, que ocurrió en 1961 y en el que se le imputó a un afroamericano el homicidio de un médico. Este hombre fue llevado esposado con policías hasta el hospital donde estaba internada grave la cónyuge de este doctor. Se le preguntó: "¿Es él?" y ella  lo reconoció. La Corte  Suprema rechazó el recurso de la defensa (por inducción) y fue condenado.

-¿Qué requisitos considera clave para evitar errores como el del caso de Ñuñoa?

-Yo no puedo hablar de ese caso. Pero sí  puedo hacerlo de los procedimientos en general. Siempre se requiere de la obligación legal de registrar todo lo que hace la policía y el Ministerio Público, porque eso permite al  juez de garantía evaluar la calidad de la información. Por ejemplo, y sin ser exhaustivo, el reconocimiento fotográfico siempre necesitará de una declaración previa de quien reconoce las características del imputado. Lo otro es que las fotos que acompañen a la del acusado sean de personas de rasgos físicos similares. Otra cuestión es que quien realice esta diligencia, debe ser distinto de aquel que está investigando. Es decir, que el  policía que descubrió al sospechoso no sea el mismo que haga el reconocimiento. Y Éste es un ejemplo grosero, pero la idea es que el reconocimiento no sea en el carro policial. Eso a veces ha ocurrido...

"El policía que descubre al sospechoso no debe ser el mismo que hace el reconocimiento... La idea es que el reconocimiento no sea en el carro policial. Eso a veces ha ocurrido...".

-¿Esa distancia ayuda a que haya menos errores?

-El protocolo se hace para disminuir el margen de error, porque cuando uno tiene una tesis, lo normal y humano es confirmarla. Entonces, los problemas de inducción pueden ser sutiles. Esto se hace para proteger la investigación, porque el protocolo no sólo cumple con la protección de la presunción de inocencia, que es valiosa, sino también la función de la calidad de la investigación. Es por eso que el proceso penal es tan tenso, porque siempre tiene dos intereses legítimos que están en competencia. Se trata de sofisticar el  sistema para hacerlo lo más razonable posible.

-¿En qué momento del proceso un protocolo de reconocimiento es clave?

-Para mí, el protocolo tiene un valor en el inicio de la investigación, como para comenzar a tratar los temas, pero es altamente peligroso creer que lo agota. Y mientras mejor estén descritas las características del imputado, tanto con la rueda de presos como con el reconocimiento fotográfico, mejor será la decisión del juez de garantía, pues tendrá mayor información.

-Según Paula Vial, la defensora nacional, el 22% de los imputados de 2009 que estuvieron presos, terminaron en absoluciones, ¿le parece una cifra alta o baja?

-Bueno, numéricamente es más de un quinto... es alta. Pero la pregunta es cuáles son las razones de ese 22%. ¿Son todas por reconocimientos errados? Porque hay buenas razones para que una persona pueda llegar privada de libertad a un juicio y buenas razones para que salga libre.  Pero para eso hay que hacer un estudio, para ver por qué son esos casos. Mientras no tengamos eso, puede haber otras circunstancias: ¿qué pasa si no llegó la prueba? ¿o si nadie se sentó al juicio?, ¿lo va a poner en esa cifra también?

-¿Qué imagen tiene del Ministerio Público?

-Tengo un juicio en general sobre la praxis jurídica y pienso que ha llegado a un nivel correcto y satisfactorio, donde hay solución -no me refiero a condenas o a prisión- en la mayoría de los casos. Ésta es una justicia rápida y expedita, donde la gente está frente al juez y no tiene que esperar cinco años para que le tomen una declaración. En esos términos, es una praxis jurídica exitosa, pero aún estamos al debe en su sofisticación. Por ejemplo, yo esperaría un juicio más crítico del mundo universitario.

-Se lo pregunto porque, en 2007, usted dijo: "Yo sé que los fiscales no me quieren. Pero estamos aquí para discutir en Derecho"... ¿Eso sigue igual?

-No, tengo la impresión de que me tienen un alta estima, igual que los defensores, tal como yo se la tengo a ellos. Aquí hay un tema comunicacional bastante entretenido, porque vende mucho conflictuar jueces, fiscales y defensores. Pero hay un respeto profundo y  mutuo.

-Pero hay fiscales que saben que se les viene duro en una audiencia con Luis Avilés.

-Eso habría que preguntárselo a los fiscales. Yo creo que hay bastantes de ellos que estarían gustosos de contestar esa pregunta... Pero tenemos excelentes relaciones. Siempre trato de dar argumentos jurídicos y en derecho. No soy críptico. Nunca digo "atendido el mérito del debate ha lugar o no ha lugar", porque me parece que eso es un abuso. Porque ¿cómo recurro a una resolución de un juez que no da razones? Mire, un juez hará mejor su trabajo cuando mejores argumentos traigan los abogados, defensores y fiscales.

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N° 2071, 17 de diciembre de 2010

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