Por: Ana María Sanhueza
Luis Avilés Mellado es el juez que sobreseyó al "violador de Ñuñoa" por falta de pruebas. Sus críticas sonaron fuerte en el mundo judicial y apuntaron no sólo al Ministerio Público y a la policía: también cuestionaron los precarios procedimientos de reconocimiento de los imputados.
Fotografía: José Miguel Méndez
"Fui humillado, mi pareja me dejó y mi madre casi muere". Con esta frase Cristián López Rocha (38) resumió los complicados días que vivió tras ser acusado públicamente de ser "el violador de Ñuñoa". Eso, hasta que el juez de garantía que examinó el caso lo dejó en libertad luego de que una prueba de ADN demostró que no era el autor de los delitos. No fue el único traspié de la Fiscalía Oriente y el OS-9 de Carabineros: el mismo magistrado se percató de que, a diferencia de lo que decían las víctimas sobre su agresor -lo describieron con los ojos claros-, López los tenía oscuros, por lo que también falló el reconocimiento fotográfico.
Tras la liberación de Rocha está el magistrado del Octavo Juzgado de Garantía de Santiago, Luis Avilés (38), quien desde la primera audiencia, durante el control de detención, criticó la actuación tanto del Ministerio Público como de la policía. "Nunca vamos a tener en todos los casos la prueba de ADN. Entonces ¿qué vamos a hacer? ¿Vamos a tirar una moneda al aire? ¿O vamos a decir si te he visto no me acuerdo?", ironizó.
Pocos días después de sus dichos, el fiscal nacional, Sabas Chahuán, encargó un estudio a la Fundación Paz Ciudadana que ayude a mejorar los reconocimientos fotográficos de los imputados de acuerdo con estándares internacionales.
Pero no es primera vez que Avilés critica al Ministerio Público. En tribunales es reconocido no sólo por ser parte de una nueva generación de jueces que asumió con la Reforma Procesal Penal y que es mucho más opinante y cuestionadora que sus superiores, sino también por ser muy liberal y "garantista" en sus posturas: una de las primeras críticas que recibió fue por dejar en libertad a una de las "niñas araña" en 2005, cuando recién operaba el nuevo sistema. "Polémica decisión", fue como tituló la prensa y mostró la imagen del juez. Fue su debut.
-Cuando partió la reforma, en 2005, un artículo de El Mercurio lo tildó a usted y a otros magistrados como "los niños terribles" de la justicia. Cuatro años después, ¿cómo describiría a su generación?
-Hay que tener cuidado con los estereotipos. Por ejemplo, me parece inapropiado decir "juez joven", porque no es un problema de edad, sino de visión. Conozco a muchos jueces del sistema antiguo que están en los tribunales orales y que son extremadamente "jóvenes". Lo que diría es que existe una nueva manera de ver la judicatura y de autocomprender la función.
-Usted es considerado como parte de los jueces garantistas, conocidos por ser más liberales y menos proclives a la prisión preventiva, ¿qué le parece ese mote?
-La ley es la que es garantista. Y cuando un juez la aplica, donde esté es garantista. Por lo tanto, cuando usted deja en prisión preventiva a alguien, está siendo garantista porque invocó la ley con las razones de la ley. Y cuando deja a alguien en libertad porque no le han dado razones suficientes, también está siendo garantista. La pregunta que hoy debiera invitar a reflexionar es ¿qué legitima a un juez para disponer de la vida, la libertad y la propiedad de una persona? Y esa respuesta sólo está en la ley, que es la única expresión democrática. Sin embargo, hoy el garantismo es casi una palabra peyorativa.
"Queda pendiente un asunto a discutir con la prensa: que el derecho a la información no se agota en el derecho a la imagen, porque exhibir a un imputado antes del juicio afecta la presunción de inocencia".
-¿Por qué? Cuando le dio la libertad a una de las "niñas araña", la prensa mostró su foto con la frase "polémica decisión".
-Probablemente peco de ingenuo, pero nunca me han preocupado esas cosas. El trabajo correcto tarde o temprano termina por imponerse. Pero lo que sí me preocupa es que exista gente que ocupe la palabra garantismo en un sentido perverso y no reconozca su valor. La importancia de los jueces es que aplican la ley y resuelven los conflictos conforme a la ley. Me da risa cuando se dice que los jueces de primera instancia -los de garantía- no resuelven de acuerdo a la mayoría, porque cuando se aplica la ley, justamente se está aplicando la mayoría y las leyes son expresión de la mayoría.
-Los jueces suelen ser responsabilizados de la llamada "puerta giratoria", a estas alturas un lugar común para hablar de delincuencia.
-Esto es obvio, pero las críticas son injustas. Los jueces no estamos en un concurso de popularidad. Hay algo de espartano en este cargo: el juez decide entre aquellos que están contradiciéndose, en donde uno tiene razón y el otro no. Siempre hay alguien que pierde; por lo tanto, uno necesariamente se irá descontento.
-Las críticas a los jueces suben en período electoral.
-El populismo punitivo no lo vamos a descubrir acá porque ya tiene una tradición, una evolución y un diagnóstico que está absolutamente agotado. Eso no me preocupa. Lo que me preocupa es la generalización a propósito de casos puntuales, ya que es altamente peligroso para el sistema. Cuando se agrede a un juez, se agrede a los ciudadanos en su garantía de tener a un juez independiente. Esto es una obviedad y no tengo las estadísticas a mano, pero no vamos a decir que las cárceles chilenas están vacías. Todo lo contrario.
-Chile es de los países con mayor cantidad de presos.
-Ir a ver la realidad de las cárceles chilenas destruye la puerta giratoria en su propio concepto. Pero decir puerta giratoria y cantidad de cárceles no resuelve el problema y deja inconclusa la pregunta. Tengo mis reparos con este diálogo de sordos, porque si ninguna de las dos es la respuesta correcta, hay un diagnóstico interesante que hacer con las dos tesis: se debe realizar un estudio acerca de dónde están los márgenes de impunidad en esta puerta giratoria. Por ejemplo, hay que ver cómo influye la cárcel en la reincidencia en el caso de los menores.
-¿La gente tiende a creer que habrá menos delincuencia mientras más llenas estén las cárceles?
-Ésa es una pregunta muy interesante para un sociólogo.
-Pero en su experiencia como juez ¿más cárcel disminuye la delincuencia?
-No hay un estudio serio que lo demuestre. He leído estudios serios norteamericanos y algunos de universidades nacionales que dan cuenta de que ni el fenómeno del encarcelamiento masivo ni la elevación de las penas genera desincentivo para delinquir.
-La gente siempre quiere a los delincuentes en la cárcel, desde el homicida al que roba una billetera.
-El que todo delincuente que haya cometido un delito grave vaya a la cárcel es una expectativa legítima del derecho y tenemos que tratar de cumplirla. Y eso es porque la ley lo dice así. Ahora, la pregunta es cuál es el precio que usted está dispuesto a pagar para asegurar ese fin. Y la ley responde: haga un justo y debido proceso. La pregunta no es el castigo, sino el castigo legítimo en un estado constitucional y democrático de derecho. Por eso es que los jueces resuelven conflictos conforme a la ley y usted es tan garantista ya sea absolviendo o condenando. Hoy a la ley no se le da el valor real que tiene y en eso hemos pecado de ingenuos. Por eso es que siempre digo que los jueces no están en un concurso de popularidad.
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