Por: Juan Andrés Guzmán*
Nuestras ciudades destruidas ofrecieron una disyuntiva: ayudar o saquear. En Constitución, Concepción, Talcahuano, Coronel y Lota, miles de ciudadanos comunes se convirtieron en saqueadores espontáneos. Hoy sienten vergüenza. Aunque algunos cumplieron prisión preventiva, todo indica que las condenas no serán con cárcel. De la sanción social no se salvaron. Ésta es su historia, cuatro meses después.
Hay varias zonas de Chile que no fueron arrasadas por el terremoto ni por el tsunami, sino por los chilenos. Ciudadanos comunes que saquearon todo a su paso. Además de la sanción social, hasta ahora el mayor castigo ha sido la prisión preventiva para unas doscientas personas.
La semana pasada se falló el primer juicio oral. Rosa Leviqueo Castillo, de San Pedro de la Paz, tenía 23 cajas de alimentos no perecibles, robadas del supermercado Unimarc y de las bodegas de Carozzi. Fue hallada culpable del delito de receptación; esto es, tener en su poder mercadería robada. Aunque la Fiscalía pedía 4 años de presidio, el tribunal la condenó sólo a 41 días de pena remitida.
Hasta el momento, en la VIII Región, se registran 168 condenas en Concepción, Talcahuano y Yumbel en juicios abreviados, donde el acusado acepta los cargos a cambio de una rebaja de pena. Son todas condenas que no contemplan cárcel, sino firma y multa. El de Leviqueo es el primer juicio oral, pero la Defensoría pretende seguir el mismo camino con los casos pendientes, para demostrar que el Ministerio Público se excedió con las prisiones preventivas y no tiene pruebas para conseguir altas condenas. Salvo si el acusado posee un historial delictual, es probable que terminen con los responsables en libertad y firmando.
Descontando a los formalizados, la amplísima mayoría de los que saquearon no ha debido enfrentar más que a su propia conciencia, lo que significa someterse a un tribunal muy disímil.
Probablemente el mejor ejemplo de eso está en la zona de Palomares, en la entrada sureste de Concepción. Allí empresas como Nestlé, Ariztía, Ripley y Falabella tienen galpones con los que abastecen a la ciudad. Las seis bodegas más grandes poseen 600 metros cuadrados más subterráneos. El terremoto no dañó sus estructuras ni tampoco a las poblaciones del sector, donde viven más de 3 mil familias. Pero, tres días después del sismo, no quedaba absolutamente nada en esas instalaciones, salvo el techo, las paredes y el piso.
El saqueo en Palomares comenzó a las 11 del mismo sábado 27 de febrero, cuando sin electricidad ni agua, y sin noticias sobre lo ocurrido en el resto de Chile, una frase empezó a recorrer los pasajes de la población con la misma insistencia con que las réplicas azotaban la zona: las empresas de alimentos iban a regalar sus productos, pues la falta de luz haría que la mercadería se descompusiera.
Entre las cosas curiosas que ocurrieron en esos terribles días, está el hecho de que esa frase se repitió, con pequeñas variantes, en todas las ciudades afectadas por el terremoto, desde Talca hasta Lebu: "Van a regalar comida", "dieron permiso para sacar cosas", "Carabineros está dejando entrar". El desastre puso las mismas palabras en la boca de los chilenos aislados e incomunicados.
En algunas partes eso fue parcialmente cierto, como en Constitución, donde Hugo Vásquez, dueño del supermercado La Despensa, autorizó que sacaran mercadería de uno de sus locales, dañado por el tsunami.
-Ya a las 5 de la mañana había gente mirando y les dije que se llevaran las cosas para que no se perdieran -cuenta.
Cuatro horas después no había nada, ni siquiera los papeles de la oficina.
- Les dije "para qué se llevan las facturas, de qué les sirven". Me echaron la choreada: "Sal de aquí tal por cual".
La horda se llevó balanzas, tubos fluorescentes y lo que no podía llevarse, lo destrozó: por ejemplo, las congeladoras o los estantes y las góndolas. Luego siguieron con el local del lado, que no fue dañado, y con el de más allá. En esa cuadra Vásquez tenía tres tiendas y una bodega. No sólo se quedó sin mercadería sino que lo privaron de toda la infraestructura necesaria para volver a trabajar.
Hasta el momento, en la VIII Región, se registran 168 condenas en Concepción, Talcahuano y Yumbel en juicios abreviados, donde el acusado acepta los cargos a cambio de una rebaja de pena. Descontando a los formalizados, la amplísima mayoría de los que saquearon no ha debido enfrentar más que a su propia conciencia, lo que significa someterse a un tribunal muy disímil.
-Perdí 1.200 millones de pesos ese día. La mitad fue por el saqueo -dice.
Hoy, casi cuatro meses después, sólo logró echar a andar una verdulería de barrio. Lo peor es que la ferocidad de la gente aún lo tiene intimidado. Vio ricos y pobres en la destrucción de lo que le costó años montar. Reconoció a algunos y sabe que llegó gente en camioneta, que pagó a muchachones para que le cargaran el vehículo y luego se fueron a toda velocidad, gritando ¡tsunami!, para que despejaran la calle. Pero Hugo no quiere denunciar.
-Hay que concentrarse en salir adelante. No hay que mirar al pasado. No quiero más problemas -indica.
Hasta ahora, en Constitución, el Ministerio Público no ha formalizado a nadie por los saqueos, que destruyeron prácticamente todo el comercio.
En la mayor parte de las ciudades, la frase "están regalando" no fue cierta. Así lo aseguran las fiscalías, que aún investigan. Pero allí donde no fue dicha, los chilenos se la inventaron o se aferraron a que otro sí la oyó. En aquellas primeras horas, con la autoridad atomizada y tan perdida como los ciudadanos, la única autoridad que quedaba era la ética de cada cual. Y esa frase la hizo trizas.
Luciano Bascuñán, presidente de la junta de vecinos de Alto Palomares, dice que en la cara de sus vecinos podía ver cómo la ética se había derrumbado. Su villa la componen 800 familias que partieron con un precario campamento. Demoraron 35 años en organizarse, ahorrar y tener las casas fiscales en las que viven. Son trabajadores y pequeños comerciantes que ganan entre $200 mil y $300 mil.
-Somos gente honrada, pero en esos días a mis vecinos les cambió hasta la cara. Se notaba la lucha entre el lado bueno y el lado malo de cada uno. Yo les decía que no estaba bien lo que hacían. Me contestaban: "Métase en sus cosas, vecino".
En Constitución, el sacerdote Alejandro Quiroz también reparó en las caras de sus conciudadanos. En esa ciudad, donde el terremoto derrumbó una docena de cuadras y el tsunami arrasó con otras tantas, los saqueos empezaron muy temprano.
-No me olvido de sus rostros. Eran caras como inconscientes, que habían perdido algo de su humanidad. Rostros como de animal asustado y feroz. También vi miradas burlescas, gente que iba feliz empujando un carro cargado de licores o de carne, disfrutando su buena suerte -explica el cura.
En Palomares, el saqueo de las bodegas de alimentos duró todo el sábado. Al día siguiente, la muchedumbre se reunió en torno a los galpones de las multitiendas. El carnaval recomenzó cuando circuló otra frase: "Dijeron que les da lo mismo que nos llevemos todo, porque están asegurados". Era una excusa pobre y, pese a eso, también se la oyó en varias ciudades, como si las hordas necesitaran sentir que mientras robaban, no estaban robando.
-Unos vecinos míos oyeron lo del seguro -dice Luciano Bascuñán-. Eso volvió loca a la gente. Aquí a muchos no les dan crédito y tienen que ahorrar un año para comprar una tele. Entonces cuando les dijeron que las cosas estaban ahí, que había que ir a buscarlas nomás, perdieron el cable a tierra. Lo primero que vi fue un vecino arrastrando una cocina por la calle. Fue como a las 11 de la mañana. De ahí no paró más.
El saqueo duró el domingo y el lunes, hasta que el Ejército copó Concepción y se decretó el toque de queda. En el festín participaron todas las villas cercanas a las bodegas: Alto Palomares, San Ramón, Valle Lonquén, Ferroviario. Todo el que pasaba por la concurrida avenida General Bonilla podía bajarse de su auto, echar algo y partir. Estaba ahí todo lo que los chilenos desean y van a ver en los paseos dominicales al mall: sillones, lavadoras, computadores, camas, y la estrella de la jornada, el plasma.
-La mayor parte de las personas no tenía antecedentes policiales -explica el subprefecto de Investigaciones de Concepción, José Luis López, quien estuvo encargado de recuperar los bienes saqueados. Sabe que son villas habitadas por personas que, en circunstancias normales, quieren más policías en las calles. Durante ese fin de semana protagonizaron uno de los saqueos más grandes, pero eran a tal punto inconscientes de la situación, que en las noches acordonaron sus barrios porque temían la llegada de saqueadores. De otros saqueadores.
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