Por: Andrew Chernin
Charles Kelly se mueve por zonas de tragedia alrededor del mundo. Cien días después del terremoto del 27 de febrero -que se cumplen justo el domingo-, este geógrafo, convertido en uno de los "disaster managers" más cotizados del mundo, llegó a Chile a armar su diagnóstico. Su análisis preliminar es contundente: "Las reconstrucciones muy rápidas tienden a olvidarse de la gente".
Fotografía: José Miguel Méndez
Hace un tiempo, algo así como treinta y cinco años, Charles Kelly (58) salió de su casa y dijo que sería parte de las tragedias. Lo que dejaba era esto: una vida que partió en California, que siguió en Washington DC y que lo llevó a estudiar Geografía en la Universidad de Rutgers, en Nueva Jersey. En esa vida, Charles -que prefiere que le digan Kelly- siempre supo que su lugar no estaba en ese país. Su vida, descubrió cuando viajó a Togo después de graduarse, o cuando trabajó para el Cuerpo de Paz en Níger, estaba en los desastres. En los lugares donde encontraba la posibilidad de empezar de cero, después que la naturaleza golpeaba.
Muchos años después, cuando Kelly ya era uno de los principales exponentes del rubro, ese oficio se convertiría en profesión: disaster manager. En sus 30 años de experiencia, Kelly ha visitado más de 60 países y ha publicado 50 papers sobre asistencia humanitaria y reconstrucción post desastre. Sus textos, por ejemplo, plantean modelos para entender que el frío en una tragedia suele aumentar la densidad, porque la gente tiende a apretarse en espacios reducidos. Y claro, eso significa que las enfermedades se esparcen más rápido y las parejas pierden intimidad. Charles Kelly, de hecho, es una suerte de Doctor Desastre.
A Chile vino por dos semanas para estudiar los impactos ambientales del terremoto, invitado por la World Wildlife Fund (WWF) y el Grupo Minero Antofagasta, que está desarrollando un proyecto, La ruta de las caletas, que pretende agregar valor turístico y gastronómico a ocho caletas golpeadas de la VII Región. En una de ellas, Loanco, Charles Kelly entregó su primer diagnóstico.
-Desde tu experiencia, ¿cuál es el patrón que sigue una comunidad después de una catástrofe?
-Las comunidades afectadas por desastres son bastante energéticas. La gente está dispuesta a trabajar hasta 20 horas diarias en la reconstrucción para volver a una cierta normalidad. Incluso si es construyendo una mediagua.
-¿Cuánto dura ese impulso?
-Entre cuatro y doce meses. Después aparecen la fatiga y el cansancio. La gente dice "bueno, he hecho tantas cosas, pero mi vida aún no es normal". Entonces se asoma una depresión verdaderamente sicológica. Muchas veces la gente se enoja con el gobierno, porque según ellos no está trabajando lo suficientemente rápido para solucionar sus problemas. O porque se les obliga a hacer cosas que no quieren, como moverse de un lugar a otro.
-¿Las conductas que mantenía una comunidad cambian mucho después de la reconstrucción?
-Las tendencias de un pueblo o ciudad antes del desastre continúan después de éste. Hay gente que dice que tras una catástrofe va a cambiar todo, y eso no pasa muy seguido. Lo importante, en todo caso, es la organización.
-Explíquese.
-Los afectados quieren recuperarse rápidamente después de un desastre. Pero a veces se necesita de tanta ayuda y hay tanta presión por lograr esas cosas, que pareciera contradictorio que la reconstrucción más rápida se percibe como la mejor reconstrucción. Por eso, las comunidades que se organizan y definen sus prioridades son las que obtienen mejores resultados.
-¿Cuáles son los errores en la reconstrucción que habría que evitar en Chile?
-Uno de los errores más grandes es no consultar con los sobrevivientes del desastre. Si no hablas con ellos, puedes llegar y hacer proyectos que terminarán convirtiéndose en elefantes blancos. Lo segundo es que, muchas veces, lo que los miembros de la comunidad quieren no es lo que tu organización quiere. Entonces hay un proceso en que se trata de llegar a un punto de encuentro entre ambas partes. Lo tercero es que si la comunidad no es parte del proceso, abandonará cualquier cosa que hagas.
-¿Cuánto tarda una ciudad en recuperarse completamente de un desastre como el terremoto de Chile?
-Depende. En Sri Lanka, el gobierno dijo que quería a todo el mundo fuera de las mediaguas y alojando en viviendas definitivas en dos años. Les tomó cinco terminar ese proceso. La mayoría, eso sí, ya había dejado las mediaguas después de dos años.
"Las comunidades afectadas por desastres son bastante energéticas. Eso dura entre cuatro y doce meses. Después aparecen la fatiga y el cansancio. La gente dice 'bueno, he hecho tantas cosas, pero mi vida aún no es normal'. Entonces se asoma la depresión".
-¿Y cuánto puede extenderse la reconstrucción?
-Está el caso de la India, donde tres o cuatro años después de la catástrofe seguían rompiendo las calles. Eso porque usaron el terremoto como justificación para financiar mejoras para el país. Arreglaron caminos, mejoraron el sistema de agua potable y alcantarillados. Idealmente, después de cinco años no deberían quedar rastros de la tragedia.
-¿Cuál es su experiencia con las reconstrucciones aceleradas?
-Bueno, ése es el desafío que enfrenta Chile: quiere lograrlo en seis meses. Y mi experiencia dice que si intentas hacerlo en seis meses, te vas a olvidar de la gente. Pero claro, si no muestras cierto apuro y velocidad, la gente irá en distintas direcciones y empezará a tomar sus propias decisiones. No he visto mucho de eso acá.
-¿Cuánto importa el tema político en una reconstrucción?
-Es importante. Pero te insisto, tiene que ver más con un asunto de cómo funcionan las autoridades locales. Ustedes tuvieron un cambio dramático, que fue pasar de un gobierno a otro en medio del desastre. Claro, eso es un síntoma de que Chile tiene una democracia avanzada. Pero el gobierno nuevo entra y tiene distintas formas de hacer las cosas. Quieren revisar todo y hacerlo mejor, demostrar que pueden ser un mejor gobierno. Entonces, eso es una ruptura en el proceso. Pero al final, lo que termina importando son las autoridades locales. Ellas tienen que descifrar cómo hacer que ciertas cosas sucedan.
-¿Cómo reacciona un nuevo gobierno frente a un desastre?
-En un período de desastre, para un gobierno nuevo hay mucha presión de lograr cosas rápido y demostrar que son capaces frente a situaciones adversas. Entonces, si surgen las ideas, pero no los medios para sustentarlas, se crea gran tensión entre los estamentos locales, que dicen que no pueden implementar esas medidas, y los estamentos más altos, que dicen que hay que implementarla. Y eso no es sólo en Chile.
-¿Hay diferencias entre la reconstrucción en un pueblo y en una ciudad?
-Cuando te metes en la ciudad, la situación es completamente distinta. El desempleo ya está alto y puedes aumentar la cantidad de empleos. ¿Pero es sustentable?, ¿cómo lo vas a hacer?, ¿cómo lo vas a administrar? Para eso tienes que trabajar con las autoridades de la ciudad que, a su vez, también son víctimas del desastre. Es complicado, pero hay modelos para lidiar con eso. Por ejemplo, con ideas y materiales desarrollados en esa misma ciudad o en el mismo país, que es Chile en este caso. Y no con algo traído de afuera, como es el caso en Estados Unidos y Rusia, donde se importa.
-¿Encuentra similitudes entre el terremoto chileno y el huracán Katrina?
-No. El caso de Chile tiene algunas similitudes con el tsunami de Sri Lanka de 2004. En ambos casos está el efecto del maremoto en áreas costeras, lo cual te lleva a la pregunta sobre dónde construir. En Sri Lanka había un área costera de unos 500 metros de largo, y todas las casas de ahí fueron afectadas. Si movías a esa gente, tenías que hacerlo lejos del mar y dentro de la ciudad. Pero para la gente de la costa, mientras más lejos del mar, menos trabajo tienen. El gobierno allá también dijo que todos los que vivieran a 100 metros de la orilla del mar debían reubicarse. Aquí tienes la misma decisión: probablemente deberías decir que estas casas destruidas deberían reubicarse más lejos del mar.
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