Entrenador del FC Barcelona, 39 años
Por Joseba Elola, periodista de El País de España
Lo describen como un hombre inteligente, apasionado y obsesivo. "No hay secreto: él lo da todo. Es un enfermo del fútbol, no sé si se da cuenta de su intensidad. Se implica tanto y hay tanto compromiso por su parte que si no respondes, quedas retratado. Siempre me ha cautivado, era el más rápido mentalmente", dice Xavi, hombre clave del Barça. El jugador explica cómo jugaba Guardiola con una sucesión de veloces movimientos de cuello, mirando de un lado a otro: "Parecía que tenía un ojo en la nuca, todo el rato girando la cabeza, como si tuviera retrovisores". Guardiola veía la jugada antes que los demás. Parece que en el banquillo, esa mirada que se anticipa tampoco le da malos resultados. "Nos analiza los partidos, da tres matices, y a jugar". En su equipo los defensas atacan y los delanteros defienden. Se juega desarrollando el guión que empezó Cruyff: 4-3-3, atacar, jugar la pelota. "Para un futbolista, el fútbol que propone es un lujo", resume Xavi. Guardiola conoce muy bien la casa. Es culé hasta el tuétano. Luchó por tener su propio equipo de técnicos, y todos señalan que eso fue un acierto. "Sabía que si tenía el control del vestuario, triunfaría", dice su representante, José María Orobitg, "se rodeó de gente leal y no de trepas". Sabe cómo tratar a los jugadores. Horas de trabajo, pasión, exigencia. Y compromiso con una manera de entender el fútbol. Son algunos de los factores que ayudan a explicar su éxito.
Futbolista del Real Madrid y seleccionado portugués, 25 años
Por Andrew Chernin, periodista de Qué Pasa
En el circo de piernas y marketing que es el primer mundo del fútbol, Cristiano Ronaldo ha logrado convertirse en el tipo de estrella que desvela a publicistas. Si lo hizo, no fue por su historia de héroe obrero salido de algún rincón de la isla de Madeira en Portugal, ni por ser el hijo consentido de María Dolores al que había que cerrarle el gimnasio para que no siguiera haciendo pesas después del entrenamiento. Cristiano, el extremo que hizo de la vigorexia una religión, se ve en la cancha como Robert Pattinson se ve sobre una alfombra roja: como un animal que se alimenta de la histeria adolescente. Pero Ronaldo, que ya vale 93 millones de euros, que jugó en el CD Nacional, en el Sporting de Lisboa, reemplazó a Beckham en el Manchester United y llegó al Real Madrid como el jugador más caro de la historia, también carga con el karma de los jugadores que viven muy cerca de los focos: aún no ha podido demostrar su grandeza en la cancha, que es donde no hay calcetineras y 11 tipos quieren cortarle los tobillos. Ahí, cedió la Euro con su selección jugando en casa, perdió un penal en la definición de la Champions 2008 y no supo brillar ante el Barcelona de Messi, que es como su Némesis con mirada infantil. Cristiano tiene 25 años, pero va a llegar el día en que ya no sea tan rápido y a Paris Hilton no le interese meterlo a su cama. Y lo que recuerde entonces, despende mucho de lo que haga ahora. Sudáfrica, esperemos, será el lugar donde Cristiano dejará de ser un niño.
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