Mediacenter « »

Ingresa | Inscríbete

| Cerrar sesión

  1. Agrandar
  2. Agrandar
  3. Imprimir Imprimir

El más desconocido acusador de Karadima

El ejercicio del poder

"El abuso sexual infantil es inaceptable (...). La negación de una realidad no significa su eliminación, sino sólo su ocultamiento y, en el caso del abuso sexual, es justamente del ocultamiento de donde este crimen obtiene su mayor fuerza y gravedad. En efecto, el secreto, como se sabe, es la piedra angular del abuso sexual".

Esas palabras fueron escritas por José Andrés Murillo como parte de un artículo publicado en la edición de mayo de la revista Mensaje. En un extenso análisis de varias páginas, entrega su visión sobre los abusos sexuales cometidos por sacerdotes. De hecho, el tema del poder y del abuso asociado a éste es algo que lleva estudiando hace tiempo. Desde el 2004, gracias a una beca del gobierno francés, cursa un doctorado en Ciencias Políticas en la Universidad de París VII Denis Diderot. Hoy termina su tesis doctoral, donde uno de los puntos centrales es el estudio del ejercicio del poder. Su profesor guía, Etienne Tassin, comenta que su alumno trabaja con método y rigor: "Es una mente sana y equilibrada. Es muy criterioso".

En el entorno de Murillo reconocen que la mala experiencia vivida en la iglesia El Bosque influyó en su propósito de comprender el problema del abuso en todas sus dimensiones. Es más: ésos son los temas que prevalecen en las conversaciones que ha sostenido con otras supuestas víctimas del padre Karadima. Allí repite que uno de los aspectos que más le inquietaban al interior de la comunidad ligada al sacerdote era la manipulación que él ejerció sobre la conciencia de sus colaboradores. "Lo más preocupante para él es la habilidad que tenía el religioso para generar sentimientos de culpa entre los jóvenes a quienes agredía sexualmente, lo que lograba apelando a su carisma y autoridad espiritual", asegura uno de los cercanos a Murillo.

Según una fuente ligada al caso, el filósofo sabe bien lo que dice: Karadima hablaba de él como un ejemplo a seguir; sin embargo, ante cualquier falta a la rígida disciplina moral que pedía a sus fieles, solía infundirle temor afirmando que era "el efecto de la intervención del diablo". El mismo argumento, agrega, habría usado con todos los integrantes de su círculo más cercano.

En la justicia

Presentar una denuncia el 2003 contra el sacerdote ante el Arzobispado de Santiago no fue asunto fácil para Murillo. De hecho, se demoró siete años. Entre otras razones, según comenta un amigo, por la exposición que eso significaba en un medio social donde la figura del ex párroco sigue siendo incuestionable para muchos. Pero sabía que debía hacerlo, porque se sentía traicionado y engañado por su guía espiritual. "Él pensaba que de esta manera podía detener a Karadima y así evitar que esto volviera a ocurrir", dice su amigo José Manuel Simián.

Sus cercanos no recuerdan un hecho preciso que haya gatillado su primera denuncia. Más bien, dicen que se trató de un largo proceso de reflexión. En todo ese tiempo no sólo contó con el apoyo de su familia, sino también con un grupo de jesuitas, a quienes conoció mientras fue seminarista en esa congregación. A esta orden religiosa llegó en 1996, el mismo año en que abandonó la parroquia de El Bosque. Aunque en su entorno dicen que esto le permitió reconciliarse con la Iglesia, finalmente optó por no seguir el camino del sacerdocio y retornar a sus estudios de Filosofía en la UC.

Todo se reactivó el 2005, cuando apareció un nuevo caso en el escritorio del cardenal Francisco Javier Errázuriz: el del gastroenterólogo James Hamilton, quien también denunciaba al padre Karadima por abusos sexuales. Sólo entonces se inicia una investigación al interior de la Iglesia, aunque ésta tampoco tendría avances significativos los años siguientes.

El médico se ubicaba con Murillo, pero no eran amigos. En todo caso, tiempo después de su denuncia, el doctor recurrió a él -vía correo electrónico- para pedirle que fuese testigo en su juicio de nulidad matrimonial. Porque la principal razón que Hamilton esgrimía en esa causa eran los abusos que había sufrido por parte del sacerdote. Según cuenta un cercano, Murillo aceptó ser su testigo. Y, desde ese momento, se  mantuvieron en contacto.

En septiembre pasado, decidieron ubicar a otras supuestas víctimas del sacerdote. Entonces, lograron convencer a Juan Carlos Cruz y Fernando Batlle. En las primeras reuniones entre los cuatro se selló el acuerdo de llegar hasta el final con las acusaciones en contra de Fernando Karadima. Pero ya no sólo en los tribunales eclesiásticos: en abril presentaron las primeras denuncias contra el padre en la justicia ordinaria.

« Anterior | 1 | 2

Comenta

Quedan 500 caracteres

¿Quieres debatir?
Ingresa aquí. Sí no tiene cuenta aún, registrate.

Las opiniones vertidas aquí representan el pensamiento de quienes las emiten y no necesariamente representan la opinión de Qué Pasa.

¿Quieres comentar? Inscríbete, es gratis. Si ya eres miembro, Ingresa.

Comentarios recibidos

Edición impresa

N° 2060, 1 de octubre de 2010

Los datos entregados son de exclusiva responsabilidad de quien los emite. Los comentarios enviados están sujetos a los criterios editoriales de Qué Pasa.

Se prohíbe expresamente la reproducción o copia de los contenidos de este sitio sin el expreso consentimiento de Consorcio Periodístico de Chile S.A.