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La vida por un álbum

Por: Patricio Jara*

Estoy coleccionando el álbum de este Mundial en secreto. No lo hacía desde México 86. Ahora los álbumes -altamente interactivos- se presentan con lanzamientos planetarios y amplia cobertura de prensa. Pero hay cosas que no cambian: los coleccionistas de cualquier edad o jugar al "montoncito" en los recreos. Juntar un álbum tiene tanta pasión como el fútbol que llena sus páginas.

  • Fecha: 14 05 2010
  • Sección: Actualidad
  • Comentarios: 1

Fue exactamente hace una semana y bien podría repetirse hoy: entre las 9.30 y las 11.00 de la mañana, la agencia de Panini Chile, en Ñuñoa, vendió 18.000 sobres del álbum del Mundial de Sudáfrica. Durante el resto de día, su telefonista debió decir la misma frase a más de 300 personas: "Llame el lunes".

Así de intensas van las cosas en la distribuidora. Desde que el álbum salió a circulación, hace menos de un mes, ya suman cuatro millones de sobres vendidos y estiman que al término del Mundial superarán ampliamente los diez. La pasión de los hinchas no sólo es papel picado, también papel impreso y coleccionable que los vuelve locos.

Si en Salvajes y sentimentales, su espléndido libro de ensayos, el escritor Javier Marías asegura que la pasión por el fútbol se explica por cuanto es una forma de recuperar la infancia, entonces juntar sus álbumes sería construir un pequeño mundo, ladrillo a ladrillo, poblar una cancha jugador a jugador.

Coleccionar láminas es un acto tan solitario, porque nadie más que uno abre los sobres, y tan colectivo, porque sabemos que hay otros haciendo lo mismo. Dicen que los álbumes se terminan con la niñez, pues para entonces habrán aflorado valores, emociones y actitudes como la persistencia, la esperanza, la frustración, la codicia (por aquella lámina que nos falta) y el desprecio (por la que se nos repite insistentemente). No hay nadie que se haya lanzado a la aventura de juntar un álbum nada más que por el premio ofrecido por terminarlo. Siempre ha importado más el timbre que certifica la hazaña, ese pequeño trofeo que vale un campeonato. Sin ir más lejos, la portada de aquel libro de Marías, que por lo demás nunca llegó a Chile, simula un álbum de fútbol incompleto: allí donde debe estar la pegatina faltante de un jugador, lo reemplaza un dibujo hecho por un niño.

El álbum del Mundial tiene 637 espacios numerados. Así, para completarlo se requieren al menos 128 sobres de cinco láminas cada una. Si cada sobrecuesta $250, se necesitan $32.000, más los $500 del álbum y, por supuesto,el favor de Dios para que ninguna lámina salga repetida.

Hoy poco queda de aquellos primeros álbumes nacidos en París a mediados de 1860, salvo el espíritu que ha movido a sus coleccionistas, y que en Chile tuvo su hito fundacional en el Mundial del 62, editado por la desaparecida Salo. Ahora los álbumes se presentan con lanzamientos planetarios y amplia cobertura de prensa. El de Sudáfrica, sin ir más lejos, se realizó en el Marriott y congregó a celebridades del fútbol, empresarios, dirigentes y embajadores. A los tradicionales kioscos como puntos de venta, se suman modernos stands en los andenes del Metro y supermercados.

Panini tiene un convenio con la FIFA que data de México 70. El negocio, se sabe, es bueno, y bastante más bueno si se considera que la empresa italiana maneja cerca de una veintena de otras colecciones, que incluyen superhéroes, películas, series animadas. Panini imprime y vende anualmente seis billones de láminas y en los 40 años de la compañía, sólo referidas al fútbol, suman más de 20 billones. Un negocio tentador que ha debido soportar la piratería, la circulación de álbumes alternativos o incluso robos, como los 27.000 sobres que desaparecieron cerca de Sao Paulo que, a decir verdad, fue una minucia si se tiene en cuenta que cada remesa semanal allí es de cinco millones de figuritas.

El álbum del Mundial tiene actualmente 637 espacios numerados, de manera que para completarlo se requieren al menos 128 sobres de cinco láminas cada uno. Si cada sobre cuesta $250, se necesitan $32.000, más los $500 del álbum y, por supuesto, el favor de Dios para que no salga ninguna lámina repetida. El premio por llenarlo, en todo caso, es lo de menos: una pelota o un par de canilleras. Lo novedoso es que ahora se pueden comprar de manera directa hasta 50 figuritas específicas. Se llena un cupón y llegan por correo. Una suerte de pare de sufrir ante esas láminas tan esquivas.

Láminas

Pese a que se trata de un producto altamente interactivo (hay disponible un álbum virtual, que incluye a los teléfonos celulares), no todo ha sido tan fácil, pues los coleccionistas nacionales protestaron porque las láminas correspondientes a la selección chilena no aparecían en los sobres y, en su lugar, se ofrecía una modalidad llamada pop up, que consiste en estampas un poco más gruesas, con relieve y que se incrustan en las páginas centrales del álbum y no necesariamente en los casilleros con las demás selecciones, por lo que muchos quedan con la sensación de tener un álbum incompleto.

"Tuvimos que tomar esa decisión porque el Sindicato de Futbolistas tenía compromisos legales con los derechos de imagen, que impedían que esas láminas siguieran el formato de las otras selecciones", explica Raúl Vallecillo, subgerente de Panini. Aquello, sin embargo, es restrictivo sólo para Chile, de modo que algunos coleccionistas las están consiguiendo en el extranjero, donde son estampas normales.

Láminas normales

Uno de los coleccionistas más destacados a nivel sudamericano es el peruano Brayan Hurtado. Pese a que sólo tiene 18 años, se ha ganado el respeto de sus pares gracias a su completo sitio micolecciondealbumes.blogspot.com. Tiene 226 álbumes, desde los más modestos, avaluados en 50 dólares, hasta reliquias que no se consiguen por menos de mil.

"No he calculado el valor de mis colecciones, pues si lo hago me volvería loco, pero sin duda tengo mucho dinero invertido, y no sólo en los álbumes mismos, también en los gastos de envío al extranjero, pero lo hago porque mando álbumes de mi país para recibir de otros", explica Brayan, quien, además de estudiar Periodismo, es miembro del naciente Club de Coleccionistas de Artículos de Fútbol (CCAF).

Los buenos coleccionistas saben valorar tanto la precariedad de los álbumes impresos en los 60 como los últimos adelantos tecnológicos en diseño y manufactura. Dentro de todos, Brayan prefiere los álbumes alemanes, con láminas holográficas, troqueladas, con efectos 3D y que puestos frente a la pantalla de un computador revelan imágenes escondidas. "Estamos a años luz de aquellas antiguas láminas opacas e impresas en papel delgado", dice.

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N° 2060, 1 de octubre de 2010

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