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Un derrumbe ¿anunciado?

  • Fecha: 09 04 2010
  • Sección: Actualidad
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Atrás, un block de tres pisos. Adelante, el edificio derrumbado donde vivían las 8 víctimas. Tiene un nivel menos.

Atrás, un block de tres pisos. Adelante, el edificio derrumbado donde vivían las 8 víctimas. Tiene un nivel menos.

Fotografía: José Miguel Méndez

Los primeros problemas

María Albornoz aun no se explica cómo es que está sentada escuchando esta conversación. Vivía en el mismo primer piso de la tragedia. Su nieta, Stephanie, solía jugar con las niñas que murieron.

Minutos antes del terremoto, María recuerda que Guardián, su perro, corría como loco ladrando por el pequeño departamento. Se levantó a hacerlo callar cuando empezó a temblar. Su marido se abalanzó al umbral para protegerse. Ella casi no alcanzó a llegar. Se tropezó y cayó al suelo. Ambos sintieron que todo se derrumbaba. No se equivocaron. De un manotazo, él la arrastró a la puerta. "Yo creo que esto se cayó en no más de 3 segundos. Fue algo tan rápido", recuerda.

María está sentada junto a un grupo de vecinos. Desde que las familias que vivían en los 84 departamentos se quedaron sin techo, deambulan a diario por el sector, cuidando lo poco que les quedó. En total, fueron ocho los muertos de Cerro O'Higgins, la misma cifra que hubo tras el derrumbe del edificio Alto Río, en Concepción.

Las familias de Víctor y Sandra y sus vecinos, los Araya Crespo, no fueron las únicas víctimas del terremoto que habitaban viviendas sociales. En Santa Cruz, en la VI Región, dos hermanos también fueron aplastados por su departamento.

Para muchos de los vecinos de Cerro O'Higgins, el desplome de sus viviendas, edificadas por la Constructora CONSANIT -que se declaró en quiebra en 2003- no fue una sorpresa. Desde que llegaron a vivir allí, en 1998, notaron que algo andaba mal. "Se llovían, se llenaban de hongos", recuerda Sandra.

Esos daños en los block llevaron a que en el 2007, a través de una carta enviada por la ex ministra Patricia Poblete, a muchos el Estado les condonó la deuda. "El gobierno dijo que por la mala construcción, se nos daban por pagados los departamentos", explica María Albornoz. El documento oficial era claro: "La buena noticia es que usted es uno de los beneficiados. Su deuda hipotecaria con el Serviu será totalmente cancelada (…) por cuanto su vivienda se encuentra emplazada en una población que pertenece al catastro confeccionado por el Minvu para la Comisión de Vivienda de la Cámara de Diputados con fallas en su construcción". Esa vez, se condonó a un total de 92 mil deudores.

Esa misma carta dio pie para que el abogado Raúl Meza presentara hace pocos días una querella por la muerte de las ocho personas de Cerro O'Higgins. Se trabó una contienda de competencia que deberá dirimir la Corte de Apelaciones de Talca. "La justicia deberá fijar el criterio en relación al principio de ejecución del delito, esto es, entender que el hecho delictivo se inició a partir de la fecha en que se les entregaron las viviendas sociales a sus propietarios o el plazo se cuenta a partir de la fecha en que, en conocimiento de las fallas de construcción por parte del ministerio, se les informa a los propietarios de la existencia de vicios de construcción. El criterio jurídico que debe primar es la segunda interpretación, ya que los propietarios sólo tuvieron conocimiento de las fallas a partir del año 2007 y no antes", explica Meza.

Cuando la misiva llegó, era demasiado tarde para Héctor Bravo y su esposa. Ambos ya habían pagado todas sus cuotas. Incluso, durante años cancelaron un seguro, que a la larga no sirvió de nada.

Bravo fue uno de los primeros en habitar los departamentos. Recuerda que su mujer tiene fotos junto al ex presidente Frei el día de la inauguración. "Llegué  en mayo del 98 y a la primera lluvia, se mojó todo", recuerda.  Su vecino, José Osses, da otro dato: "Cada vez que llovía, el agua corría a cántaros. Los primeros pisos siempre estuvieron verdes, estancados, húmedos". Y Bravo agrega:  "A veces dejaba de llover y el agua seguía cayendo igual...Sucede que el agua llenaba los ladrillos, que estaban vacíos, y se acumulaba".

Pregunta pendiente

Edificio Constitución

El living de Iván Bravo y María Valdés. El cemento corresponde al piso del departamento de arriba.

Hace una semana, Armandina López, presidenta de la Junta de Vecinos de Cerro O'Higgins, se reunió con la ministra de Vivienda, Magdalena Matte. Fue junto a un grupo de pobladores, entre ellos Angela, la tía de Víctor y Sandra, y el consejero regional, Carlos Valenzuela. Cuenta que la ministra se comprometió con ayuda. "Dijo que nos van responder, que no vamos a pagar nada", explica.

Armandina también vivía en un primer piso. Sus muebles los repartió en cinco casas. Está segura que no le caben en la mediagua que le prometieron. "Los departamentos se pasaban todo el año. Hasta el terremoto, sólo sabíamos de la filtración de agua por las ventanas, pero del mal estado en que estaban, no". Y agrega: "Los daños los vimos cuando se desplomaron. Ahí nos dimos cuenta que los ladrillos del centro eran huecos, sin relleno".

Según explica el diputado Gonzalo Uriarte, presidente de la Comisión de Vivienda de la Cámara, de acuerdo a los antecedentes que conocieron en 2005, "no se consignaban daños estructurales en los departamentos, sino daños constructivos relativos a filtraciones y defectos en las ventanas". Lo mismo aseguran desde el Minvu: "Los daños que detectó el Serviu son constructivos y no estructurales, tal como lo habían denunciado los vecinos. Por ejemplo, problemas en ventanas y filtraciones". También, explicaron que "en ningún caso se detectaron problemas estructurales que pusieran en riesgo a las familias. No existe ninguna orden de demolición de las viviendas o desalojo, esto explicaría el que las personas permanecieran en este lugar".

Sin embargo, aún hay un punto pendiente. Una pregunta que ronda en el barrio de Víctor y de Sandra: ¿quién se responsabiliza por las ocho muertes de Cerro O'Higgins? "Hay gente que hoy pelea por cosas materiales, pero eso se puede recuperar. Yo perdí  mi casa y me da lo mismo. A mí lo que me importaba eran las personas que estaban dentro", dice Sandra.

Su hermano Víctor tiene un solo recuerdo: "Yo sólo sé que me fui a acostar. Cerré los ojos, y cuando los abrí, mi familia estaba muerta".

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N° 2060, 1 de octubre de 2010

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