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Un derrumbe ¿anunciado?

Por: Ana María Sanhueza, desde Constitución

El 27 de febrero, ocho personas murieron tras el desplome de un edificio de tres pisos en Constitución, entre ellas estaban los padres y las dos hermanas de Sandra y Víctor. Ambos sobrevivieron. Todos habitaban viviendas sociales que presentaron fallas desde su entrega en 1998 y que fueron detectadas por el gobierno en 2007. Ésta es la historia.

  • Fecha: 09 04 2010
  • Sección: Actualidad
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Los hermanos Sandra y Víctor.

Los hermanos Sandra y Víctor.

Fotografía: José Miguel Méndez

Apenas terminó el terremoto, la madrugada del 27 de febrero, los vecinos de los block de Cerro O'Higgins, en Constitución, se miraban asombrados de no haber muerto aplastados. Habían logrado salir a la intemperie. Sus cuerpos estaban llenos de polvo y muy pocos alcanzaron a sacar sus cosas. Pero estaban vivos.

En medio de las ruinas, la oscuridad y el ambiente enrarecido que se produjo minutos antes del tsunami en Constitución, los pobladores se consultaban por sus familias. "¿Están bien?",  "¿les pasó algo?", "¿cómo están los niños?"."Estamos todos bien", respondían aliviados. Eso, hasta que las miradas se dirigieron a Sandra Huenupi (18) y su hermano Víctor (14). "¿Y su mamá?, ¿su papá?, ¿sus dos hermanitas?", los interrogaban.

No supieron qué responder. Ambos estaban en el suelo. Lloraban y golpeaban con sus puños la pared del block donde vivían. Sandra, incluso, se tiraba el pelo de impotencia.

En cuestión de segundos, Sandra y Víctor pasaron del pavor de sentir un terremoto grado 8,8 al horror de darse cuenta que el departamento donde dormían María Valdés, su mamá; Iván Bravo, el padrastro que los crió; y sus hermanas Valentina, de 4 años y medio, y Aurora, de 5 meses, había desaparecido. El primer piso, donde vivía la familia, quedó totalmente sepultado por el segundo y tercer nivel. Ellos se salvaron gracias a que sus dormitorios estaban en una sencilla ampliación de madera ubicada al costado del edificio. Una puerta los unía al living familiar.

Hoy, al ver el block número 765 no parece que alguna vez existieron allí los cuatro departamentos que fueron enterrados y en los que murieron ocho personas repartidas en dos familias: María, Iván y sus dos hijas pequeñas, además de Pedro Araya y Gloria Crespo, junto  a las niñas Carol y Marina.

El edificio tampoco parece haber tenido tres pisos. Sólo un refrigerador convertido en un trozo de chatarra de unos 20 centímetros de altura, un sillón aplastado, un pedazo de computador, los fierros del que fue un comedor, un coche de guagua destrozado, unos pocos juguetes rotos y algunos pares de zapatos guachos dan cuenta de que allí, hasta hace poco más de un mes, vivió una familia. La familia de Sandra y Víctor.

"Nunca voy a olvidar esa noche. Afuera, la gente nos preguntaba ¿y su mamá? Yo no respondía. O decía no sé, no salieron…o están allá abajo. 'Tienen que haber salido, quédese tranquila', me consolaban. Pero yo les respondía que mi mamá jamás se hubiese ido del departamento sin nosotros", recuerda Sandra.

Rancheras en la plaza

La última vez que Sandra habló con su mamá fue a las 23:00 de viernes 26 de febrero, unas cuatro horas antes del terremoto y maremoto que arrasó a la costa de Constitución. Le pidió permiso para ir a dar una vuelta con una prima al centro. Esa noche se acababan los festejos del verano 2010.

"Siempre quise entrar a la universidad. No sé si es una burla del destino, pero tuve que enterrar a mi familia el mismo día que entraría a clases, el 2 de marzo", cuenta Sandra con la voz quebrada.

En la plaza se presentaban varios grupos musicales. Había rancheras. María aceptó a regañadientes. No le gustaba que sus hijos salieran tan tarde. Pero aún estaban de vacaciones. Mal que mal, la mayor del clan se lo merecía. En menos de una semana, el martes 2 de marzo, Sandra entraría a Ingeniería Comercial en la Universidad de Talca, después de egresar con un promedio 6,4 del Liceo de Constitución y de ponderar 656 puntos en la PSU. Sería la primera de la familia en estudiar una carrera profesional. Había ganado la Beca Bicentenario y también la Beca Presidente de la República.

"Siempre quise entrar a la universidad. No sé si es una burla del destino, pero tuve que enterrar a mi familia el mismo día que entraría a clases, el 2 de marzo", cuenta Sandra con la voz quebrada.

A la misma hora que su hermana salía rumbo a la plaza ese viernes 26, Víctor y su papá se duchaban luego de trabajar todo el día en reparar el departamento que se acababan de comprar. Después, Víctor vería televisión hasta muy tarde. La apagó poco antes que empezara el terremoto. Si esa noche no se hubiera aburrido con el Festival de Viña, el sismo lo pilla en el living de sus padres, que poco después se desplomó.

Edificio Constitución

El primer piso del block donde vivía la familia de Víctor y de Sandra desapareció.

Como suele ocurrir en muchas tragedias, la historia de esta familia tiene otras coincidencias escalofriantes: sólo faltaba una semana para que se mudaran al nuevo departamento. Iván Bravo lo había comprado después de años de ahorro con su trabajo como eléctrico en Celulosa Arauco. Incluso, logró un subsidio estatal.

Vivir en los block del Cerro O'Higgins ya había sido un avance para su familia. Se habían cambiado allí hacía dos años, después de vivir en una mediagua ubicada en el mismo sector. Esa pequeña casa no traía buenos recuerdos a los hijos mayores de María, quien trabajó de asesora del hogar hasta que conoció a Bravo. Allí se inundaba y se llenaba de barro todos los inviernos. Entonces fue todo un logro cuando pudieron arrendar el departamento 102, donde finalmente murieron aplastados.

El nuevo departamento al que pensaban cambiarse, y que Iván arreglaba cada vez que podía, estaba ubicado en el mismo complejo de Cerro O'Higgins. Quedaba en el segundo piso de un block cercano al que habitaron durante dos años. "Es una ironía. Pero al departamento nuevo no le pasó casi nada. Se quebró el de arriba y el de abajo, pero el de Iván no tuvo nada muy grave. Estaban a punto de cambiarse y ya tenían las piezas distribuidas. Dividieron todo de tal forma que los niños tendrían su espacio y sus propios camarotes", cuenta Angela Bravo, hermana de Iván. Ella acogió en su casa, en la Villa Los Guanayes, a sus sobrinos después de la tragedia.

Víctor recuerda: "El viernes 26, trabajé todo el día con mi papá en el departamento nuevo. Terminamos de barnizar una pieza y yo pinté  los tabiques para diferenciar las terminaciones". Sandra agrega: "El departamento les estaba quedando súper lindo. Le habían puesto cerámica y pintado el cielo. Mi mamá sólo quería cambiarse, para ahorrarse el arriendo".

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N° 2060, 1 de octubre de 2010

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