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Vivir sin Maciel

Según el Padre John O´Reilly, la comunidad de los Legionarios "está en proceso de purificación, porque el dolor purifica y eleva si es vivido junto a Cristo. Sin duda que el dolor que sentimos es profundo. Vivimos un proceso de duelo, del cual saldremos fortalecidos. La aparente derrota más grande de Jesús fue en la cruz,  pero justo ahí nace la victoria y la salvación". El sacerdote reconoce que hubo personas que se cuestionaron si seguir o no en el movimiento, pero que la mayoría mantuvo su cercanía a los Legionarios.

"Hay que separar las cosas. No es admisible involucrar a los sacerdotes y miembros del movimiento en hechos cuya responsabilidad es individual del fundador y de los posibles cómplices o encubridores que pudieron protegerlo. El movimiento lo componen sacerdotes, consagrados y simpatizantes, cuya labor y trabajo son dignos de destacar y que están plenamente en concordancia con lo que es la doctrina y enseñanza de la Iglesia", indica Sergio Vergara, apoderado del Cumbres y simpatizante del movimiento.

Vergara -muy cercano a sacerdotes de la congregación- conoció a Marcial Maciel en una de sus visitas a Chile. Fue en 1994, en el Colegio Cumbres. "Había una especie de procesión para verlo. Estaba con mi señora, esperando para saludarlo. Él venía caminando, acompañado por una gran cantidad de gente. Cuando pasó cerca de nosotros, el padre John O'Reilly me lo presentó. No deben haber sido más de 30 segundos, pero fue impactante. Fue estar frente a alguien de un carisma increíble, con una personalidad magnética. Tenía unos ojos muy azules y una mirada fría, pero expresiva. Cruzamos pocas palabras, pero quedé absorto. Tuve la sensación de que todo alrededor mío, mientras conversaba brevemente con él, estaba en mute".

En esa misma visita, Vergara recuerda un episodio donde el mismo Maciel le habló a un grupo de 20 empresarios sobre las persecuciones que estaba sufriendo, en EE.UU., él y la Iglesia. "Mencionó que miembros del Senado norteamericano tenían en la mira a varios sacerdotes, entre ellos a él. En lo personal, jamás pensé que esas acusaciones fuera ciertas. En ese minuto, todos los ahí presentes pensábamos que el padre Maciel era un hombre rectísimo y de moral intachable".

Algunos cambios

La gran mayoría de los apoderados de los colegios legionarios en Chile descarta retirar a sus hijos de ahí. El padre de una de las nueve niñas del Colegio Cumbres que murieron en 2008 durante su viaje de estudios asegura que, a pesar de que no es del movimiento, siente un profundo cariño por los Legionarios: "En los momentos de dolor uno más conoce a la gente. Y su ayuda palió en parte importante el dolor que estábamos sintiendo y la pena que siempre vamos a tener". Y agrega: "No conozco a nadie que haya sacado a sus hijos del colegio. Pero la gente que no es cercana a los Legionarios y no conoce a sus sacerdotes tiene razón de apanicarse. No es para menos con todo lo que pasó. Pero en general, el énfasis de la comunidad legionaria está en quedarse en el colegio. ¿Cómo nos vamos a ir ahora, cuando los sacerdotes más nos necesitan?".

En todo caso, y si bien es el Papa quien definirá si habrá cambios o no en los Legionarios, dentro del movimiento hay algunos que se atreven a proponer pequeñas reformas. "Como movimiento, sigue siendo el mismo. Eso sí, ahora seremos más humildes. Antes nos iba bien en todo, teníamos muchas vocaciones, éramos casi un movimiento perfecto. O por lo menos así nos veíamos. Ahora nos dimos cuenta de que no somos perfectos, que la Obra no es perfecta y que aquí hay un pecado grave", dice una ex alumna.

Una docente y ex consagrada opina que "cuando uno está en camino a consagrarse, no debiera vivir tan alejado de la gente que uno quiere, ni estar tan absorta. En el noviciado sí, pues es importante para probar la vocación". Sobre el tema, otra ex alumna piensa que no es "lo ideal" que los guías espirituales revisen todas las cartas de los seminaristas y futuras consagradas: "Uno confía en que si dicen que es para mejor, así es. Pero ahora, después de lo que ha pasado, creo que esas prácticas se debieran suavizar. Cuando yo le mandaba una carta a una amiga que vivía con consagradas, primero la leían sus superiores y luego, si ellos decidían que era conveniente, se la daban".

Una profesora de uno de los colegios de la congregación cuenta que "ha sido muy doloroso lo que hemos vivido. Desde que se reconoció que efectivamente Maciel tenía una hija, me sentí algo huérfana. Luego, vino una etapa de analizar por qué había pasado y cómo enfrentarlo".

En lo que la gran mayoría de los entrevistados coincide es que el cambio principal es el desligamiento de la figura de Maciel. Guillermo Correa, miembro del Regnum Christi, dice que "ya no se leen sus escrituras ni se tienen imágenes de él. Así como en el Opus Dei se lee a San Josemaría Escrivá de Balaguer, aquí ya no se podrá leer a Maciel. No tiene sentido". El fundador de los Legionarios, además de escribir libros, respondía cartas que sus seguidores le enviaban. Ello, según una ex consagrada, "ayudaba más al espíritu" que los encuentros en persona, pues según dice, Maciel no era demasiado carismático. "Prefería sus cartas. Eran verdaderas reflexiones de cuaresma, Semana Santa, de Cristo, temas así. A veces mandaba cartas iguales para todos; y otras eran personales. Escribía mucho y respondía bastante", asegura.

En todo caso, las 4 ó 5 veces que vino a Chile generó conmoción. Una ex alumna del Cumbres lo recuerda: "Mientras yo estuve en el colegio, vino dos veces. Su llegada provocaba expectación. Hacíamos misa y charlas donde hablaba de cómo debíamos defender a la Iglesia. No era alguien cercano, uno lo veía muy de lejos. No se paseaba en los recreos conversando. Pero esos días eran motivo de fiesta y celebración. Incluso nos daban colación especial. Lo considerábamos un santo. Muy por encima de todo y de todos". Otra egresada del colegio coincide: "Fui especialmente a ver al padre Maciel a México. La gente se abalanzaba como si fuera un rockstar".

Los rumores de la doble vida que llevaba Maciel comenzaron por los años los 50. Para la comunidad legionaria era una situación impensable: "No los creía. Me tranquilizaba cuando me decían que todo era mentira, que había gente que quería destruirnos, y que así como al Opus Dei lo ofendían con películas, a nosotros nos querían pisotear con estas mentiras", señala una ex alumna y ex miembro del movimiento.

Sobre las acusaciones que apuntan a la demora que tuvieron las autoridades de los Legionarios en reconocer la doble vida de Maciel, el padre John O´Reilly es claro: "Optamos por ser cuidadosos. El tema era profundamente delicado. Había que investigar, y una vez que eso ocurrió pudimos enviar el comunicado y reconocer lo que el padre Maciel hizo. Había que ir paso a paso. En ese momento pedimos perdón, y nuestro próximo paso lo daremos cuando el Vaticano resuelva el resultado de la visita apostólica".

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