Por: María José López
Después del último comunicado de los Legionarios -donde reconocen los excesos de su fundador-, la comunidad chilena ligada al movimiento religioso se declara en un proceso de reflexión. ¿Qué piensan?, ¿cómo han resentido el golpe?, ¿qué pasos seguirán?, ¿cómo vislumbran el futuro sin Marcial Maciel?
Un gran terremoto interior. Así definen los miembros y simpatizantes de los Legionarios de Cristo lo que han sentido desde febrero de 2009, cuando se reconoció la existencia de una hija de Marcial Maciel, sacerdote fundador del movimiento. Explican que la sensación primero fue de duelo -por la pérdida de admiración hacia el líder-, y luego de reflexión. La idea, como señala un miembro del Regnum Christi -agrupación que reúne a los laicos de la congregación-, es sacar fuerzas para "ser un mejor movimiento que antes".
El pasado jueves 25 sufrieron el último remezón. Ese día, a través de un comunicado firmado por el director general, el sacerdote mexicano Álvaro Corcuera, su consejo y todos los directores territoriales del movimiento, la congregación admitió que Maciel abusó sexualmente de seminaristas menores, que protagonizó "otros graves comportamientos", que tuvo una hija "de una relación estable y prolongada" con una mujer y dos descendientes con otra. Pidieron, además, perdón a las víctimas.
Esta carta se publicó diez días después de que culminara la inspección que Benedicto XVI ordenó a esta congregación. Desde julio de 2009 cinco visitadores apostólicos -entre ellos el arzobispo de Concepción, monseñor Ricardo Ezzati- revisaron in situ las 120 comunidades de los Legionarios. El 15 de marzo enviaron sus informes a la Santa Sede, que a fines de abril dará a conocer qué medidas se tomarán y si habrá cambios al interior de la congregación. Existe incluso la posibilidad de que se decrete su intervención, a través de un delegado personal y de confianza del Papa.
La comunidad de los Legionarios y el Regnum Christi están atentos a esa resolución. Mientras, se acostumbran a vivir sin la figura del fundador, omnipotente hasta hace algunos pocos años. ¿Cómo se hace eso? Qué Pasa habló con veinte miembros y cercanos al movimiento.
El 19 de mayo de 2006, el Papa Benedicto le pidió a Maciel que renunciara a todo ministerio público y que llevara una vida de reflexión, lo cual hizo hasta su muerte en 2008. Tras el mensaje del Sumo Pontífice, lo primero que hicieron los colegios legionarios en Chile fue retirar sus imágenes de las salas de clase y de sus casas. Además, dejaron de celebrar sus aniversarios.
Macarena Bollmann, prefecta general de disciplina del Colegio Cumbres Femenino y miembro del Regnum Christi desde hace 20 años, explica que "el padre Maciel es el fundador y eso no se puede desconocer. Dios, en sus misteriosos designios, lo eligió para eso, pero la gravedad de sus faltas nos impide mirar su persona como modelo de vida cristiana. Ése es el gran cambio que hay en los Legionarios, y por eso desde el 2006 ya no celebramos las fiestas en su nombre. Pero nuestro foco, Cristo, sigue siendo el mismo".
Bollmann insiste en la idea del gran sismo. Dice que tal como ocurrió con el terremoto en Chile, hay dos opciones para vislumbrar el futuro del movimiento: quedarse con la imagen de los saqueos o con la de "Chile ayuda a Chile". "Éste es un terremoto a nivel espiritual y moral, y uno tiene la opción de quedarse con lo atroz o verlo como una oportunidad para renovar la fe".
Un apoderado del Colegio Cumbres señala: "Esto es como el marido engañado que se quiere deshacer de todo lo que le recuerde a su mujer. Pero no puede desconocer que es la madre de sus hijos. Con el padre Maciel pasa lo mismo. Se quiere borrar su imagen, pero su huella es imposible de olvidar".
Una profesora de uno de los establecimientos educacionales de la congregación cuenta que "ha sido muy doloroso lo que hemos vivido. Desde que se reconoció que efectivamente Maciel tenía una hija, me sentí algo huérfana. Luego, vino una etapa de analizar por qué había pasado y cómo enfrentarlo". Agrega que sus alumnos -de enseñanza media- le preguntan por qué sucedió. Su respuesta es que "es un gran misterio y se entiende sólo porque Dios lo permitió. No hay que ponerle razón, sino fe, pues mientras más uno le pone cabeza, menos se entiende esta doble vida y esta inconsecuencia de Maciel".
Una ex alumna del Cumbres, opina que "lamentablemente ahora se puede cuestionar a los Legionarios porque los fundamentos se construyeron en torno a una figura que hoy está en el suelo. Es como tener un padre drogadicto. Seguramente vas a tener problemas o miedo cuando la gente te quiera conocer más profundamente porque te pueden juzgar". Pero Ignacia Ureta, quien por cinco años fue consagrada, dice que este "terremoto" no los desmoronará: "Estoy segura que saldremos mucho más fortalecidos y aferrados a quien verdaderamente no caerá nunca y permanecerá siempre fiel: Jesucristo".
Un apoderado del Cumbres señala que tampoco se trata de desconocer la obra de Maciel. "Esto es como el marido engañado que se quiere deshacer de todo lo que le recuerde a su mujer. Pero no puede desconocer que ella es la madre de sus hijos, a los que sigue queriendo como antes y más. Con el padre Maciel pasa lo mismo. Se quiere borrar su imagen, pero su huella es imposible de olvidar, pues él fundó el movimiento, que hoy es algo muy bueno, con sacerdotes ejemplares y gente del mejor nivel".
Según una profesora miembro del Regnum Christi, uno de los grupos más golpeados y que les ha costado asumir lo de Maciel es a los jóvenes entre 18 y 25 años. Incluso, dice que lo más doloroso es que algunos no sólo se alejaron del movimiento, sino que también de la Iglesia. "Les cuesta entender por qué él predicaba a llevar una vida de una manera, pero su vida era otra cosa", indica.
Un apoderado del establecimiento está de acuerdo con esa visión: "Es lamentable cómo todo esto ha afectado a los niños que crecieron con la imagen del padre Maciel como si fuera un dios. Pero sinceramente yo pienso que va a pasar. Hay que dar tiempo. Es como lo que pasó con los sacerdotes del Saint George, donde fui alumno: su inclinación por los más pobres y su legítima tendencia política llevaron a muchos -donde me incluyo- a tildarlos de 'comunistas'. Hoy, eso es parte del pasado. Y aunque no hay proporción entre un hecho y otro, pienso que con los jóvenes que crecieron en colegios de los Legionarios pasará lo mismo. Perdonarán y volverán a la Iglesia".
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