Por: Andrés Azócar*
Jorge Cabezas, director de Prensa de TVN, no está de acuerdo con las críticas a la cobertura televisiva del terremoto . Defiende el trabajo realizado -"hicimos lo correcto"- y asegura que no se quedaron sólo en mostrar el drama: en pantalla incluso pidieron respuestas a las autoridades, lo cual les trajo problemas.
Jorge Cabezas, al centro, rodeado por rostros del departamento de Prensa de TVN: Mauricio Bustamante, Mónica Pérez, Santiago Pavlovic, Consuelo Saavedra, Amaro Gómez Pablos, Juan José Lavín, Mónica Rincón y Alejandro Guillier.
Fotografía: Nicolás Abalo
En 1985, Jorge Cabezas, actual director de Prensa de TVN, estaba en El Mercurio. El terremoto de ese año lo pilló en el turno de Crónica. Apenas el diario dejó de tambalearse, tomó su Austin Mini y fue a ver a su familia, pero rápidamente volvió, porque sabía que sería un evento histórico.
Exactamente 25 años después, un nuevo terremoto, aún más poderoso, atrapó a Cabezas a cargo de un departamento de prensa que lidera el rating, que hizo una apuesta por una señal 24 horas un año antes del cataclismo y que, como canal público, debe velar por una transmisión sin -o con pocas- grietas.
Por supuesto, no todos evaluaron el trabajo de TVN con la misma lógica que su equipo de prensa. Las críticas apuntaron a la cobertura "exagerada y repetitiva" de los saqueos, al protagonismo desproporcionado de sus periodistas y a la exaltación de la tragedia por sobre la ayuda. En definitiva, se levantaron dos tipos de voces: los que creen que los medios tienen un poder tremendo para agitar a las audiencias y los que están seguros que deben reemplazar las debilidades de las autoridades. Cabezas, que estuvo desde las 4 de la mañana del 27 de febrero en TVN y que movilizó a su equipo por todo Chile, no piensa lo mismo.
-¿El departamento de prensa de TVN tenía un plan para una tragedia de esta magnitud?
-Cuando empecé a investigar cómo construir el canal 24 Horas me encontré con varias personas que me dijeron que este tipo de proyectos se instalan en la sociedad a partir de grandes noticias. Me acuerdo de un editor argentino que me contó que "Todo Noticias" -que depende del grupo Clarín- creció cuando explotó el Corralito, porque Argentina se trastornó y todos querían saber qué pasaba. Hoy los canales 24 horas son primeros en sintonía en el cable argentino. De que estábamos 100% preparados es mentira, pero sí teníamos la mentalidad para cubrir noticias grandes. Teníamos la gimnasia que nos había dado el canal 24 Horas, que ha sido extraordinario para aprender a manejar el "vivo" y transmitir todo el día.
-¿Cuál era el ambiente en TVN después del terremoto?
-Cuando llegué al canal ya estábamos al aire, con Mónica Rincón en pantuflas. A partir de eso, empezamos a movernos. Los mandé a la calle a hacer diferecto -imágenes que no tienen necesidad de ser editadas- y eso nos dio una sensación de cobertura, en Santiago, muy dinámica. El primer indicio de que esto había sido muy grande me lo dio el puente que se cortó en Vespucio Norte. Fue la primera imagen. Después llegó la de la iglesia Divina Providencia con la cúpula caída y ahí me acordé de los Sacramentinos para el 85. Pensé "aquí habrá muchos muertos".
-¿En qué momento confirmó sus sospechas?
-Empezamos a escuchar la radio y supimos que Concepción estaba muy afectado. Como a las 5 decidí que Amaro Gómez-Pablos viajará a Cobquecura con un móvil satelital. Cerca de las 7 ya había dimensionado que la catástrofe era muy grande; y enorme como a las 10. Este terremoto fue bien hipócrita, porque en un comienzo parecía que chiquito, pero después supimos sobre el maremoto. Entonces la gracia de la TV esta vez -o lo que hizo TVN- fue que llegamos primero que la ayuda, que las Fuerzas Armadas y que Carabineros. Y mostramos, con la tecnología que teníamos, que era posible estar en los lugares de forma temprana, cosa que no pasó, como todos ya sabemos, con las autoridades.
-Llegaron primero, pero ¿con qué objetivo?
-Descubrimos la catástrofe, la cubrimos, la desplegamos, la retratamos y logramos dimensionar lo que había pasado. Después del terremoto realizamos mediciones, que mostraron que la TV, en términos de afinidad y fidelidad, homologó a la radio. Empezamos a asumir un atributo que yo nunca había sentido antes: compañía. Por eso la TV estuvo obligada a transmitir las 24 horas.
"Chile 2010, Bicentenario, casi entrando a la OCDE... y en Concepción, a plena luz del día, cientos de personas buscando comida a la fuerza en supermercados. Retratamos eso, punto. Me encantaría saber cómo lo habrían hecho los críticos con el aplomo que había que tener para estar frente a esto. A mí me encanta que haya académicos que miren nuestro trabajo; escucho y leo todo lo que dicen".
-¿Qué complejidades enfrentaron?
-Hubo un momento en el que no éramos capaces de llegar con nuestros móviles y camiones, y decidimos contratar dos motos todoterreno. Así estuvimos en lugares a los que nadie había llegado. Contraté un helicóptero el primer día, o el segundo, pero fue rápido. En el fondo: ofrecimos compañía y tratamos de buscar respuestas. Después tuvimos un punto de inflexión: cuando la ayuda empezó a llegar. Y, por supuesto, nos sumamos a ese proceso.
-A esas alturas, ¿qué criterios editoriales se habían impuesto?
-No mostrar muertos, porque me parecía redundante. La tragedia era de tal magnitud que no era necesario. Pero los periodistas vieron muchos muertos en el camino, tirados, dentro de escuelas, en morgues improvisadas. Todo eso estaba. Al comienzo hubo testimonios de niños, pero pocos. Y en un momento dije "no más". Otra acción deliberada fue que se prohibió la música. ¿Por qué?, porque los sonidos y las imágenes de la catástrofe eran suficientemente terribles y además golpearían más a la gente.
-La crítica más fuerte fue la permanente repetición de los saqueos, imágenes que no eran nuevas. Daba la sensación que había un descontrol absoluto. ¿Asume eso como un error?
-Yo creo que no. Hay que entender la lógica de la repetición. No puedes partir de la base de que tendrás a un auditor sentado durante 24 horas. Transmitimos a gente que entra, que sale, que tiene vida, que come, que sale a hablar con el vecino. Entonces, esta lógica dice que cada una hora haces un recuento de lo que pasó y estás obligado a repetir las imágenes que marcan el día.
-También se criticó que la transmisión desmedida de saqueos lo único que generó es un acto de repetición en la población, lo que se tradujo en un caos mayor.
-Yo creo que ésa es una crítica bien falaz. Concepción estaba sin luz, con suerte nos veían ocho casas con televisores a pilas, de los pocos que hay en Chile. Insisto: Chile 2010, Bicentenario, casi entrando a la OCDE... y en Concepción, a plena luz del día, cientos de personas buscando comida a la fuerza en supermercados. Retratamos eso, punto. Me encantaría saber cómo lo habrían hecho los críticos con el aplomo que había que tener para estar frente a esto. A mí me encanta que haya académicos que estén mirando nuestro trabajo y escucho y leo todo lo que dicen... Probablemente el terremoto dejó muchas opciones de crecimiento y hemos revisado lo que hicimos desde el punto de vista operativo: desde los contenidos, el lenguaje, las muletillas. Pero creo que hicimos lo correcto.
-Se ha criticado que algunos periodistas, como Amaro Gómez-Pablos, tomaron un rol que, en vez de calmar los ánimos, los agitaron.
-Mi idea al principio fue ir a descubrir la catástrofe. Yo estaba en el switch cuando Amaro se encontró con el saqueo. Me acuerdo que tomé el teléfono ese día y hablé con el productor que estaba con él para administrar eso. Y fue súper difícil, porque transmites en vivo un instante que nos sorprendió a todos por la crudeza de las imágenes, por lo duro que fue para Chile enterarse de que había un grupo de gente que estaba robando y que no eran delincuentes. En todo caso, la información que tenemos es que esa imagen de Amaro, parando al personaje con la lavadora al hombro en la puerta del Lider de Concepción, fue la que determinó que las Fuerzas Armadas salieran a la calle. Fue tan fuerte, que determinó el curso de muchas cosas.
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