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La última noche de la Gabbana

  • Fecha: 20 03 2010
  • Sección: Actualidad
  • Comentarios: 0
Al final de un pasillo de tierra está el portón que, al igual que hoy, esa noche estaba con candado.

Al final de un pasillo de tierra está el portón que, al igual que hoy, esa noche estaba con candado.

Fotografía: Nicolás Santa María

Alejandro Lizama dice que todo pasó muy rápido. Que su polola quedó espantada y que, por eso, no lograba moverse: "La zamarreé un poco y pensé que o me moría porque algo me caía del techo o me moría aplastado por el tumulto de gente que estaba tratando de escapar. Porque estaban eufóricos y eso me dio algo de nervios".

Después de eso, Alejandro caminó por el lugar en que estaba la barra y vio a los barmen tratando de cubrirse. Siguió hasta la salida de emergencia que daba con ese pasillo, donde se aglutinaba la mayoría de la gente. Ahí, se derrumbaron los muros y planchas de metal cayeron del techo. Cuando llegó a ese punto, Alejandro pudo ver que lo que estaba pasando no era simplemente un terremoto.

Había personas atrapadas debajo de los escombros y otras personas que las pisaban y pasaban por encima de ellas, tratando de arrancar. Su polola, Antonia, se lo gritaba. En el suelo, había tipos pidiendo que la gente no pasara para poder levantar a sus amigos. Pero tuvo que pasar mucha gente antes de que alguien hiciera caso. Alejandro no se demoró mucho en ver que la reja estaba cerrada y que en ese pasillo también había un guardia que simplemente no reaccionaba. Alejandro corrió hasta él y le gritó.

-¡Huevón reacciona! ¿Quieres dejar a estos huevones ahí?

Pero el guardia estaba helado.

Antes de devolverse hasta la salida principal, Alejandro alcanzó a decirle al guardia que fuera a buscar la llave o que hiciera algo. De ahí, corrió con su polola hasta la plaza. Allá se encontró con un tipo con la cara ensangrentada que gritaba ayuda al cielo. Alejandro buscó el auto de su polola y juntos cruzaron el puente Lo Gallardo antes de que la policía pudiera cerrarlo. Llegó hasta Las Brisas y ahí, cuando ya habían pasado dos horas del terremoto, acusó el miedo cuando no pudo dejar de temblar por quince minutos.

Discoteque Gabbana

Parte de la pista de baile del segundo piso. El 27 de febrero estaba repleta de jóvenes.

El que no arrancó fue Sergio Edwards.

Mientras todos corrían hacia la salida, él se quedó ayudando gente y levantando a los heridos de los escombros. Cuando todo se calmó, salió a la plaza con una amiga. Ahí, intentó ubicar a sus amigos y trató de que nadie quedara solo. Afuera de la Gabbana, una vez terminado el terremoto, no faltaron los que quisieron asaltar a los que acababan de arrancar de la que probablemente había sido la noche más complicada de sus vidas.

La resaca

En la plaza comenzó a circular la noticia: de los 1.400 que habían estado en la discotheque, no todos habían salido ilesos. Juan Ignacio Morandé, de 20 años, explica Ricardo León -jefe de Urgencias del Hospital Claudio Vicuña de San Antonio-, había sufrido un corte en ambos brazos cuando le cayó una plancha desde el techo, mientras estaba en el pasillo que permanecía cerrado con candado. Ese corte le produjo la pérdida de una de sus manos y le dejó la otra en tan malas condiciones, que el médico tuvo que amputarla un rato después. Morandé llegó hasta el hospital de San Antonio después que sus amigos lo llevaran en una camioneta pick up.

Un asistente a la fiesta que llegó hasta el hospital dice que allá la atención de los doctores fue muy buena. Pero que las condiciones técnicas eran malas. Por el terremoto, el lugar no tenía luz ni se podían utilizar los rayos X.

El doctor León recuerda: "Morandé llegó consciente, pero con un TEC que aumentó su gravedad. Era el más grave de todos los que llegaron. La extremidad del lado izquierdo la trajeron los amigos una hora después. Estaba muy cochina, no había nada que hacer. Igual les hice aseo a ambas extremidades y se mandaron en helicóptero a Santiago. Allá le injertaron la extremidad superior derecha. Con la izquierda, no hubo caso".

Otros heridos graves fueron Benjamín Melo y su polola María Paz Braun, con fracturas expuestas en sus tobillos, y Alberto Guzmán, que sufrió un TEC severo, pero que se atendió en la Clínica San Antonio. Un amigo de Melo dice que al llegar, un doctor del hospital sugirió amputar la pierna. Pero que ellos le dijeron que no. Que la aguantara un poco y que esperaran hasta que llegaran a Santiago.

Discoteque Gabbana

Esto es lo que quedó del muro de cinco por dos metros que se desplomó sobre una de las salidas de emergencia.

Todos ellos fueron trasladados en helicópteros hasta la Clínica Las Condes. En San Antonio, éstos terminaron aterrizando en la cancha de pasto del estadio de la ciudad, ubicado a unas diez cuadras del hospital. Allí, desde las nueve de la mañana, aterrizaron estas naves con intervalos de una hora para llevarse de a uno a cada paciente. En el primer vuelo se fue Guzmán. En el segundo, Melo. Luego fue el turno del herido más grave, Morandé. Finalmente, después del mediodía, María Paz Braun dejó San Antonio. Todo eso fue posible porque los padres de los heridos, cuando era muy difícil hacer llamadas por celular, movilizaron helicópteros.

Al otro día, cuando Juan Ignacio Morandé y su familia supieron que él tendría que saber vivir solamente con una de sus manos, toda la gente se fue de Santo Domingo. El mismo día que apareció el cuerpo de Juan Pablo Mitjans.

El 9 de marzo fue notificada la demolición parcial de la discotheque Gabbana, con un documento que declaraba que el inmueble amenazaba con derrumbarse. Pero aún no se hablaba de querellas. Consultada por Qué Pasa, la fiscalía a cargo declaró que aún no han recibido una demanda formal de parte de las víctimas contra los responsables. Y hasta el pasado martes, la policía aún no había ingresado al local para iniciar sus pericias.

De la Gabbana hoy sólo quedan los restos de su última noche. Eso, hasta que la tumben y se construya algo que haga que se olvide lo que aquí pasó la última semana de febrero. Porque como declaró uno de los asistentes a la fiesta: "No creo que después de lo de la Gabbana y lo de Mitjans, a la gente le vaya a dar miedo carretear en Santo Domingo. Yo al menos, planeo volver el otro año".

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