Por: Cony Stipicic*
Verbo Divino, Derecho en la UC, legionario y columnista de El Mercurio. Juan Carlos Eichholz dice que le ha costado administrar esa especie de caricatura que lo encajona. Aquí, por ejemplo, critica a la centroderecha, analiza los pros y contras de Piñera y asegura que nunca hizo oídos sordos frente a las denuncias contra Marcial Maciel.
Fotografía: Nicolás Abalo
Carga con una caricatura de sí mismo, pero lo hace sin problemas. Incluso se ríe cuando le dicen que es como el niño símbolo de la derecha. Sólo deja entrever sus pudores cuando recuerda su paso sin éxito por las Solteras sin compromiso de Sábados Gigantes, en 1986. Juan Carlos Eichholz (41) sabe llevar la mezcla entre el liberal conservador y el tipo dialogante que cree y usa la horizontalidad de las redes. Las ha tendido desde siempre. Y hoy está donde quiere estar.
Abogado y máster en Políticas Públicas de Harvard, ha creado fundaciones como Chile Unido y Gente Nueva, es legionario de Cristo, columnista y miembro del consejo de redacción de El Mercurio, panelista de Tolerancia Cero de Chilevisión, director del Centro de Liderazgo Estratégico de la Universidad Adolfo Ibáñez y uno de los fundadores de Independientes en Red (IR), a punto de convertirse en partido político.
-¿Te consideras un líder?
-No me gusta la palabra líder, de hecho la tengo descartada de mi vocabulario. Prefiero hablar de ejercer liderazgo, es decir, impactar personas y producir cambios, movilizando gente, grupos, facciones. Y trato permanentemente de hacerlo.
-¿Te definirías como alguien influyente?
-Depende del ámbito.
-En las tres patas de tu mesa: la academia, los medios y la política.
-En lo que hago en la universidad sí, soy influyente. Dentro de IR, algo de influencia tengo. Y a nivel de los medios de comunicación, no creo que todavía lo sea.
-¿No?
-No. Soy un gallo que escribe columnas que eventualmente son leídas y comentadas. Y, en la televisión, por lo menos he avanzado de ser sólo entrevistador a entrevistador y comentarista. Pero de ahí a decir que uno es influyente... Creo que no todavía.
-Para muchos Juan Carlos Eichholz es como una caricatura: Verbo Divino, Derecho en la UC, legionario, columnista de El Mercurio… ¿Lo asumes?
-Sí, totalmente.
-¿Y cómo administras esa caricatura?
-Me ha costado, porque creo que tengo bastantes aristas que me distancian de eso.
-¿Te rebelas?
-Soy un tipo capaz de llevar la contra y ser muy cuestionador al interior de los círculos a los que pertenezco. Hay muchas cosas que no comparto y he criticado de la centroderecha. A nivel religioso, naturalmente por mi pertenencia a los Legionarios tengo la etiqueta de conservador, pero soy bastante poco conservador. Incluso a veces soy más jesuita: me gustan las discusiones, no parto de dogmas y no me gusta estar en grupos que no se abren al debate. Siento la necesidad de desafiar a los lugares donde tengo vínculos de pertenencia. Parte esencial del liderazgo, la más difícil quizás, tiene que ver con eso: ir en contra de los propios. Trato de hacerlo, pero con cuidado porque es peligroso.
-Tus círculos parecen poco permeables a los díscolos. ¿Ése es el peligro?
-En realidad todos los círculos lo son. Todos generan cierta identidad y aquel que se rebela es marginado. Uno debe ser lo suficientemente cuidadoso como para incidir sin ser excluido, porque desde afuera ya no puedes influir: se te cierran las puertas, no eres escuchado.
-¿Qué te rebela de la centroderecha particularmente?
-Valoro mucho la diversidad, el conversar desde la diferencia, y a la centroderecha le ha costado eso. Ha sido muy dogmática y yo, por el contrario, soy súper participativo. Además, es un sector que, por su propia historia, cree que tiene la respuesta y las soluciones para todo, cuando a veces basta con hacer preguntas, con abrir los debates, con mostrar cierta debilidad y vulnerabilidad. Si lo ponemos en términos simples, la centroderecha es excesivamente masculina y machista en esa lógica. Le faltan muchos componentes femeninos: más apertura al diálogo, más inclusión.
"No soy seguidor de otros, si no parte de causas. Eso de tener la figura del padre Maciel demasiado ensalzada es algo que siempre me aproblemó y nunca me gustó. Por todo eso para mí no significó ningún quiebre de nada".
-¿Te sientes como el niño símbolo de la derecha?
-No lo soy. Jamás. Nunca. Nunca he militado en un partido de derecha, mis aproximaciones son con personas.
-Perteneces y has fundado organizaciones, te mueves en muchas instituciones. ¿Por qué no militar en un partido?
-Porque siento que, en este momento al menos, marco una mayor diferencia estando fuera que dentro de un partido. Nunca he sentido la necesidad de afiliarme a uno. ¿Qué gano hoy con eso? Por el contrario, pierdo.
-Pero en tu concepto, haces política.
-Me siento tratando de impactar en lo público. La política necesariamente está asociada a la consecución del poder, lo que es súper legítimo. Yo todavía no estoy en esa lógica, aunque puede que en determinado momento la tome. Hasta ahora he construido por otros lados. Participo en fundaciones y soy un convencido de que éstas tienen que ser independientes de los partidos. Por lo tanto, que me vincule a uno es totalmente inconcebible.
-¿Qué es ser de derecha hoy?
-La centroizquierda ha tendido en las últimas décadas a la contención, a la protección, mientras que la centroderecha tiende un poco más a la tensión, a decir "hay problemas y yo los voy a enfrentar". Ahora, se necesita una buena combinación de esos rasgos femeninos y masculinos. Puedes tener más de uno o del otro, dependiendo del momento en que te encuentres y los cambios que tengas que llevar adelante. Creo pertenecer generacionalmente a una centroderecha que es capaz de incorporar esos elementos de contención sin perder la tensión.
-Entonces, ¿ser de derecha hoy significa…?
-Una muy buena combinación entre colaboración y competencia, o colaboración y confrontación, en el buen sentido. Capacidad de ejecutar y participación. Equilibrio entre eficiencia y equidad.
-¿Y te parece que Piñera encarna bien todo eso?
-Piñera está mucho más inclinado a la tensión, aunque no tiene los rasgos más tradicionales de la derecha, que están asociados con lo autoritario. Él no viene de esa raigambre, no es el patrón de fundo. Es un tipo abierto, con el cual se puede conversar, es poco rencoroso, te trata de igual a igual, independiente de que tenga esa tendencia a tirarte el intelecto por la cabeza. Aunque no es el tipo de centroderecha clásico, Piñera está más en la tensión y le falta moverse más hacia elementos de contención. Fundamentalmente escuchar.
-O sea, estás de acuerdo con Arturo Fontaine, quien dijo que a Piñera le faltaba corazón.
-Totalmente.
-¿Y te parece que puede revertir esa imagen con campañas en las que manda abrazos cariñosos? Gonzalo Cordero, ex asesor comunicacional de Joaquín Lavín, decía que es difícil que alguien gane apelando a lo que no es.
-Eso tiene que ver con la estrategia de campaña, cómo envasas el producto dependiendo de la necesidad del momento. Si estás en crisis, necesitas alguien que tome el timón muy fuerte y diga para allá vamos. Tiene matices. Ahora, como político en general, para ser más completo, Piñera necesita más corazón.
-¿Por qué?
-Porque eso te lleva a escuchar, a conectarte con las personas, a pensar desde la lógica del otro, a construir más colectivamente. Ahora, también creo que Piñera se ha movido bien. Está siendo más emocional que antes, está descubriendo algo de sí mismo.
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