Por: Pedro Ramírez, Ciper.
Gracias a la Ley de Transparencia fue posible obtener los estudios técnicos que avalaron el 2003 el traslado de la Cancillería al Hotel Carrera en vez de la construcción de un nuevo edificio. Los documentos revelan que la remodelación costó 83% más de lo presupuestado. Las autoridades de la época informaron que por la sede se pagarían US$ 35 millones; según la Contraloría, se terminará gastando US$ 89 millones. Además, corre el riesgo de ser clausurada por no contar con estacionamientos.
Fotografía: Juan Pablo Sierra
Poco antes del mediodía del 5 de diciembre de 2005, el helicóptero presidencial se posó sobre el ex Hotel Carrera atrayendo las miradas de los capitalinos que deambulaban por el corazón del barrio cívico. Ricardo Lagos descendió de la aeronave y al poner sus pies sobre la losa no sólo inauguró el flamante helipuerto, sino la remodelación total del edificio, oficialmente convertido desde ese minuto en el nuevo Ministerio de Relaciones Exteriores.
La Cancillería ponía fin a su largo historial de allegada VIP. Desde que en 1871 se creó esa cartera, jamás había contado con sede propia. Y ahora, al fin, tenía una a la altura de los requerimientos diplomáticos: amplia, imponente, lujosa, con historia.
La decisión de remodelar el hotel en vez de construir un edificio nuevo -cuyo proyecto ya había sido adjudicado mediante un concurso de arquitectura- cargaba con una polémica. El Colegio de Arquitectos exigió conocer los estudios técnicos que avalaban el cambio, pero éstos permanecieron en reserva hasta hoy.
Invocando la nueva Ley de Transparencia, obtuvimos de los ministerios de Relaciones Exteriores y de Obras Públicas (MOP) los documentos relacionados con el traslado de la Cancillería.
Éstos revelan que la remodelación costó casi el doble de lo que se estimó inicialmente, con lo que se iguala la inversión total proyectada para el edificio nuevo. Con un agravante: el mismo arquitecto que participó en la elaboración del informe que recomendó el Carrera como la opción más barata, después se hizo cargo -sin licitación- de la remodelación que resultó más cara que sus propios cálculos iniciales.
Y eso que falta agregar un gasto. El proyecto desechado contaba con 224 estacionamientos subterráneos, mientras que el ex hotel sólo tiene 16 -el número que se requiere es de 114-. El costo de comprar o arrendar estacionamientos no fue considerado cuando se evaluó la rentabilidad de los proyectos: según la Contraloría, costará $655 millones en arriendos de aquí a 25 años, cuando se termine de pagar el leasing por el edificio. No es un tema menor, pues la Municipalidad de Santiago no ha he cho la recepción definitiva de las obras precisamente porque, pese a que el ministerio ya cuenta con algunos espacios en los alrededores, aún faltan 40 estacionamientos.
"La Dirección de Obras Municipales puede perfectamente el día de mañana traer unas cadenas y clausurar el Ministerio de Relaciones Exteriores", confirma el director administrativo de la Cancillería, Gonzalo Arenas.
A este cuadro se suma la desaparición de numerosas especies que fueron retiradas del hotel y almacenadas en bodegas del ministerio (ver recuadro pag.36).
Seis meses antes de que Lagos inaugurara la nueva sede, el entonces canciller Ignacio Walker abrió las puertas del inmueble -rebautizado como "Edificio José Miguel Carrera"-, para mostrar a la prensa las obras de remodelación.
"Le costará cero peso adicional al fisco en relación al costo actual del ministerio", dijo el canciller ese día. "Hoy estamos en 13 edificios dispersos y con lo que ahorremos en materia de arriendo, los bienes fiscales que entreguemos y lo que ahorremos en materia operacional, nos permitirán financiar este leasing que asciende a US$ 25 millones en el edificio y US$ 10 millones en la habilitación", agregó.
Nadie reparó en las cuentas de Walker. El canciller certificó con sus palabras que el costo total de la compra y remodelación había sido de US$ 35 millones. Dos años antes, el subsecretario de RR.EE., Cristián Barros, había dicho que la operación costaría sólo US$ 24 millones (US$ 20 millones en la compra y US$ 4 millones en la remodelación), equivalentes a un millón de UF de la época. En sólo un par de años, la operación se encareció casi 46% en relación al cálculo inicial.
Cuando se decidió comprar y remodelar el Carrera, el ministerio desistió de construir un edificio nuevo en la esquina de Moneda con Teatinos, donde el fisco posee un sitio eriazo y algunas oficinas del Registro Civil.
El proyecto fallido era del arquitecto Teodoro Fernández, quien se adjudicó con ese diseño el concurso convocado por la Dirección de Arquitectura del MOP para dotar a la Cancillería de una nueva sede. En ese momento se dijo que construir ese edificio tendría un costo de US$ 28 millones y que la opción del Carrera suponía gastar sólo US$ 24 millones. Por eso, cuando Walker anunció el costo final, las cuentas no parecieron tan convenientes.
En diciembre del año pasado, la Contraloría cerró una auditoría al ministerio en la que certificó que el gasto inicial de US$ 4 millones para la remodelación (168 mil UF) se disparó en 83%. A sólo seis meses de iniciadas las obras se autorizó un primer aumento de casi 65.000 UF y luego otro por 75.000 UF. Con eso, el costo de comprar y remodelar el Carrera al menos equiparó la inversión que debía hacerse para construir el edificio nuevo.
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