El triunvirato más escuchado por Piñera en temas de imagen: el ministro del Interior, Rodrigo Hinzpeter; la jefa del Segundo Piso, María Luisa Brahm, y el asesor comunicacional Hernán Larraín Matte.
La inquietud del presidente fue tomada casi de inmediato por la dupla más poderosa de La Moneda: la jefa del Segundo Piso, María Luisa Brahm, y el ministro del Interior, Rodrigo Hinzpeter. El martes 2 de noviembre se reunieron con la ministra Ena Von Baer y su equipo de la Secretaría de Comunicaciones para informarles que el Segundo Piso monitorearía en adelante los temas que se difundirían respecto de la reconstrucción.
Los dos abogados liberales de RN, que funcionan como bloque ante Sebastián Piñera, tomaron cartas en esta materia, como sucede en casi todas las áreas trascendentes del gobierno. Incluido la que tiene que ver con la imagen presidencial, donde su influencia es cotidiana y estratégica. Por ellos pasan la evaluación de los ministros y temas tan sensibles como la carta de navegación de la administración Piñera.
Defensores ambos del concepto de la "nueva derecha", se la han jugado por imponer nuevos tópicos en la agenda política y comunicacional. Es el caso de temas como la defensa del medioambiente, la distancia de Piñera con el discurso empresarial y el contenido de las nuevas campañas publicitarias del oficialismo, donde se impondrá el sello de la modernidad que quiere proyectar La Moneda.
A juicio de Gónzalo Cordero, el presidente "ha gobernado con total libertad respecto de los empresarios y ha dado señales muy fuertes de cercanía al mundo popular. En estos dos sentidos, ésta es una administración políticamente fundacional".
De aterrizar este discurso se ha encargado el "ahijado" de Brahm y Hinzpeter, Hernán Larraín. Es él quien ha promovido un lenguaje rupturista e innovador en los mensajes publicitarios del gobierno. Tal como lo hizo durante la candidatura presidencial de Piñera al defender la inclusión de una pareja gay en la franja televisiva, este admirador de David Cameron puso el sello que él representa en los actos del Bicentenario. De la mano de Eugenio Tironi, trabajó en el espectáculo audiovisual que se montó en el frontis del palacio de gobierno. El acto más masivo de esta conmemoración encandiló por el despliegue técnico, no obstante, dejó la impresión de ser un espectáculo light entre algunos asesores de Piñera. Especialmente entre quienes esperaban ver proyectada la imagen del bombardeo a La Moneda, el 11 de septiembre de 1973, tema que se discutió en privado y que finalmente fue excluido.
Sin embargo, al mundo enteró salió la imagen de un presidente transversal, dispuesto a aparecer junto a sus cuatro antecesores en el gobierno y que muestra interés por la cultura, un patrimonio tradicional de la izquierda. Sin dejar tampoco nada al azar, el telón de fondo fue una bandera gigante que se izó en medio de la Alameda. Desde abajo los ideólogos de la iniciativa sonreían porque habían logrado su propósito: este símbolo de unidad nacional deslumbró a todos los presentes. Una puesta en escena impecable, como le gusta al presidente Piñera.
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