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Política fiscal: La insoportable laxitud del ser

Por: Andrés Velasco y Alberto Arenas*

En Chile, el gobierno de Sebastián Piñera ha reiterado la importancia que le asigna a una política fiscal austera. Pero al mismo tiempo ha anunciado déficits para cada año de su mandato, y al menos para el primero del período siguiente.

  • Fecha: 29 10 2010
  • Sección: Política
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Jeffrey Frankel, profesor de Harvard, observa que mientras más hablan los gobiernos de centroderecha de austeridad fiscal, menos la practican. Los conservadores Ronald Reagan y George W. Bush, por ejemplo, subieron el gasto, recortaron los impuestos y acumularon deudas sin precedentes. Algo parecido ocurrió en Nueva Zelandia en los 80.

En Chile, el gobierno de Sebastián Piñera ha reiterado la importancia que le asigna a una política fiscal austera. Pero al mismo tiempo ha anunciado déficits para cada año de su mandato, y al menos para el primero del período siguiente.

De acuerdo a sus propias proyecciones, el saldo fiscal efectivo promedio de la administración Piñera será deficitario en 0,88% del Producto Interno Bruto, PIB. Qué contraste con el superávit promedio de 3,95% del PIB -el más alto de nuestra historia-  legado por la administración Bachelet.

En cuanto al saldo fiscal estructural -ajustado por los altibajos del ciclo económico-, el gobierno proyecta en 2010-13 un déficit promedio de 1,73% del PIB. Por contraste, usando el método de cálculo vigente el 2009, el gobierno de Michelle Bachelet promedió un leve superávit estructural de 0,1% del PIB. Y si se aplica retroactivamente la nueva metodología sugerida por el Comité Asesor que preside Vittorio Corbo, el déficit estructural promedio del anterior gobierno alcanza 0,55% del PIB -es decir, menos de un tercio del que hoy anticipa el gobierno para su período-.

Mírese por donde se mire, entonces, y de acuerdo a sus propias proyecciones, el gobierno de Sebastián Piñera ha optado por un camino fiscal mucho menos riguroso que el de Michelle Bachelet.

¿Cómo se explica la laxitud de la actual política fiscal? Descartemos algunas posibles explicaciones.

La culpa no es del terremoto

El gobierno ha estimado los gastos de reconstrucción en 8.400 millones de dólares, lo que en cifras redondas significa un punto porcentual del PIB al año por cuatro años. Podría presumirse que estos gastos extraordinarios explican los déficits.

Para verificar esa hipótesis, restemos el monto atribuible al terremoto de la brecha estructural promedio 2010-13. Resultado: el déficit promedio del gobierno de Piñera sigue siendo mucho mayor que cualquier medida de resultado estructural del gobierno de Bachelet.

En cuanto al balance efectivo -los pesos que efectivamente entran y salen de las arcas fiscales-, después de la corrección por el terremoto, el superávit de la administración Piñera sería 0,17% del PIB… ¡veintitrés veces menos que lo alcanzado por Bachelet!

Por lo tanto, el desastre del 27 de febrero no explica la diferencia en el resultado fiscal entre los dos gobiernos. Mejor dicho, no parece explicarla, porque aún no sabemos muy bien ni cuánto ni cuándo gastará el gobierno en reconstrucción. En aras de la transparencia sería bueno que hiciera lo que piden los parlamentarios de la Concertación: separar en el Presupuesto 2011 el gasto regular del excepcional requerido por el terremoto.

La culpa no es de las condiciones iniciales

La actual administración heredó una situación fiscal mejor que ningún otro gobierno en la historia de Chile. Aun después del costo extra provocado por la crisis internacional, al cierre del 2009 Chile era acreedor neto -es decir, teníamos más activos financieros que deuda pública-, cosa que no había ocurrido en nuestros 200 años de vida republicana.

Los países en esta situación se cuentan con los dedos de una mano. Por otra parte, estados como EE.UU., Gran Bretaña, Alemania o Francia tienen deudas públicas de 60%  ciento del PIB o más.

Chile por supuesto que tuvo un déficit fiscal en 2009, como era natural y correcto en un año de crisis internacional profunda. Pero ese déficit se debió a caídas en la recaudación tributaria que ya se han revertido o a incrementos proempleo en la inversión pública, cuyo arrastre difícilmente alcanza más allá del 2011. Ésta es otra razón para concluir que los déficits que proyecta la administración Piñera tienen poco o nada que ver con la situación fiscal que recibió.

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N° 2073, 31 de diciembre de 2010

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