-Usted dijo esta semana que estaba dispuesto a avanzar en temas como la flexibilidad laboral para el primer contrato de trabajo, pero el gobierno busca cambios más profundos…
-Si me meto a la negociación colectiva no voy a tener acuerdos. Pero en los "temas blandos" uno puede construir acuerdos que facilitan encontrar acuerdos en otros temas más complejos.
-¿Eso quiere decir que ustedes están disponibles para conversar de todo, sin tabúes?
-Estoy dispuesto a avanzar en todos los temas que al país le sirvan y que a los trabajadores y a la empresa les sirvan. Más flexibilidad de la que hay no le sirve a nadie. Crea puros conflictos. ¿Tocar el tema de las indemnizaciones? Vamos a perder todos. Si a mí me dijeran que las indemnizaciones darán 2 ó 3 puntos más de empleo, hasta yo lo discuto y trato de convencer, pero las indemnizaciones no darán más empleos; lo único que traerán es más conflictos. Tendrá costos políticos para el gobierno, costos sociales para nosotros... nadie gana.
"Con los gobiernos de la Concertación uno estaba como atado porque tenía, por un lado, la cosa clarita de que tenía que luchar por los derechos de los trabajadores, buscar acuerdos. Pero cuando venía un conflicto, uno miraba la parte política; sin quererlo se sentía parte del gobierno".
- Pero la gente que realmente recibe indemnizaciones es muy poca...
-6% ó 7% no más. Pero es un tema cultural muy complejo y se ideologizó.
-¿Cedería en que sea sólo para los contratos nuevos?
-Acepto que discutamos un poco el tema, pero no sobre la base de reducir o quitar lo que ya hay. Abramos una cuenta aparte para la indemnización en el seguro de cesantía y cuando el trabajador sea despedido, que lo primero que haga sea retirar su indemnización y al otro mes comience a cobrar su seguro de cesantía. Pero no mezclemos las cosas porque son distintas.
-¿El hecho de que no gobierne la Concertación lo hace sentirse más libre?
-Creo que sí. Es complejo el tema, pero uno tiene que ser muy franco: con los gobiernos de la Concertación uno estaba como atado porque tenía, por un lado, la cosa clarita de que tenía que luchar por los derechos de los trabajadores, buscar acuerdos. Pero cuando venía un conflicto, uno miraba la parte política; sin quererlo se sentía parte del gobierno. Los dirigentes sociales, en su mayoría, siempre han sido de la Concertación, y hoy se sienten mucho más libres para conversar con el empleador de igual a igual, porque antes el empleador les decía: "Bueno pero si es tu gobierno, que me venís a reclamar a mí" y ahora eso no lo pueden decir.
-¿Usted o la CUT no se sienten un poco arrepentidos por no haber sido más duros con la Concertación?
-Para entender todo esto hay que remontarse a cuando se instala el primer gobierno de la Concertación. Con ese gobierno había un acuerdo claro de que se cambiarían varios temas del plan laboral dejado por la dictadura. Pero a los pocos meses, se nos notificó de que eso no era posible porque había que estabilizar la democracia, que era muy débil. Y eso estuvo a punto de dividir a la CUT. La década del 90 la perdimos por eso. Valoramos lo que hizo la Concertación por el país en todos los temas, pero en cuanto a los trabajadores quedó con una gran deuda.
"Hubo trabajadores que votaron por Piñera y lo hicieron porque la Concertación nunca los consideró en sus proyectos. Y tenemos un discurso nuevo en la CUT. Los trabajadores de hoy no son los antiguos obreros desinformados. La lucha de clases hoy no existe".
-En Chile existen sectores medios y emergentes que no están sindicalizados. Muchos de ellos, de hecho, votaron por Piñera. ¿Cómo se plantea la CUT ante ellos?
-Tenemos 782 mil afiliados. De esos, 380 mil son del sector público y el resto del privado más precario. Tenemos que entrar en los trabajadores del sector medio, que de a poco se han estado afiliando a la CUT, como los de Lucchetti, Tres Montes o LAN Chile. Reconozco que hubo trabajadores que votaron mayoritariamente por Piñera y lo hicieron porque la Concertación nunca los consideró en sus proyectos, no tuvo políticas para ellos. Y tenemos un discurso nuevo en la CUT. Había caído el muro de Berlín hace rato y aquí en Chile se hablaba de la clase obrera, y ya no existía la clase obrera. Entonces costó mucho hacer el cambio para entender este nuevo proceso de que los trabajadores de hoy día no son los antiguos obreros desinformados. La lucha de clases hoy no existe. No existe.
-¿Y cómo la CUT entra en esta realidad? ¿Cómo asume fenómenos como la economía verde o las minorías?
-Costó mucho meter estos temas. Antes, a la gente le resbalaban porque no los sentía cercanos. Hablar del calentamiento global sonaba a una tontera con tantos problemas sociales. Pero empezamos a conversar de esos temas.
-¿La CUT, apoyaría por ejemplo la construcción de HidroAysén?
-No estamos en desacuerdo con que se haga, pero queremos que se generen ciertas condiciones para que no dañe el cauce de los ríos ni el ambiente natural. También la empresa tiene que decir "vamos a dar tanto empleo". Para nosotros, como dirigentes, nuestro primer desafío es que la persona tenga empleo, porque en ese momento se convierte en trabajador y lo podemos organizar.
-¿Y cómo están las relaciones con el empresariado?
-Con Rafael Guilisasti, tengo buenas relaciones personales, compartimos, conversamos, pero él ya se está yendo. Con Andrés Concha se pueden hacer más cosas. Participa más con nosotros. Pero no hay malas relaciones con los empresarios. No estamos llegando en este momento a ningún acuerdo, pero tampoco andamos a las cachetadas.
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