Por: Fernando Vega
El presidente de la CUT, Arturo Martínez, se nota confiado con el escenario que se abre con un gobierno de centroderecha. "Me he ido dando cuenta de que al gobierno le interesa que a la empresa le vaya bien y, para que eso suceda, a los trabajadores también les tiene que ir bien. Yo quiero que a todos les vaya bien", dice. Y además explica que hoy se sienten más libres porque su cercanía con los gobiernos anteriores fue incómoda.
Fotografía: Juan Pablo Sierra
Arturo Martínez (67) se sabe escuchado dentro y fuera del mundo laboral. Desde el 2000, cuando asumió la presidencia de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), que sus reflexiones, interpretadas en clave como la voluntad de los trabajadores, no pasan inadvertidas en el ámbito político y económico.
Militante socialista, durante los años de la Concertación buscó el equilibrio entre su rol como representante de los trabajadores y las peticiones de lealtad de parte de sus camaradas. Por eso ahora, que gobierna la Alianza, reconoce que podría llevarse mejor con sus adversarios que con sus propios compañeros de trinchera.
Está en su oficina en el centro de Santiago. Una pequeña estufa a parafina intenta abrigar esa sala de paredes altas y gruesas sobre las que están fijados algunos retratos de Allende y Neruda, la foto del mismo Martínez saludando al Papa Juan Pablo II en su visita al país en 1987, y hasta un reloj con los emblemas y colores de la "U".
Éste es su décimo año a la cabeza de la CUT y dice que nunca antes había tenido tanta actividad. Asegura que nada más asumir el nuevo gobierno, en marzo pasado, diversos sindicatos comenzaron a afiliarse a la Central y que -silenciosamente- ya ha apagado varios incendios sindicales que podrían haberle estallado a la nueva administración. Cita el caso de Ferrocarriles del Pacífico, con más de 500 trabajadores: "La negociación colectiva estaba a punto de quebrarse y se venía la huelga, pero yo llamé a la empresa y conversamos. Al final hubo acuerdo".
La palabra "acuerdo" la pronuncia varias veces durante la entrevista. Sostiene que buscarlo es "su negocio" y que "el sindicato que se tomaba la empresa porque estábamos haciendo la revolución socialista, ya no existe". Y anuncia su disposición a conversar con el gobierno de todos los temas, incluyendo flexibilidad laboral.
Inmerso en el mundo sindical desde los 20 años, el dirigente dice que ya no cree en la lucha de clases, que comprende que las cosas han cambiado y que aunque los objetivos sindicales sigan inalterables, hay nuevos retos, como la revolución tecnológica, las empresas temporales, las telecomunicaciones, la globalización y las minorías.
"El empresario se siente parte del gobierno. Y cuando uno se siente gobierno y es responsable, tiene que ayudar a su gobierno. Ahí está el ejemplo de los impuestos. En otro gobierno los empresarios habrían puesto el grito en el cielo. Por eso también creo que, en el tema laboral, los empresarios pueden entender que el gobierno necesita hacer su pega".
-¿La CUT está disponible para las transformaciones laborales que planea el gobierno?
-Al principio pensaba que con este gobierno nada se podía hacer porque tenía el prejuicio de que la derecha representa a los empresarios. Pero me he ido dando cuenta de que al gobierno le interesa que a la empresa le vaya bien y, para que eso suceda, a los trabajadores también les tiene que ir bien. Yo quiero que a todos les vaya bien. El gobierno se equivoca si piensa que la CUT es una organización opositora. Somos contraparte, queremos ser interlocutores para lograr acuerdo y pelear también. Si el gobierno entiende eso, puede que construyamos algunos acuerdos. A mí me sorprende la opinión del ministro Hinzpeter cuando dice que el gobierno está dispuesto a conversar.
-Él mismo dijo que Piñera podrá hacer exigencias a los empresarios y concesiones a los sectores sociales que otros no podían hacerles…
-Lo que pasa es que el empresario se siente parte del gobierno, se siente gobierno. Y cuando uno se siente gobierno y es responsable, tiene que ayudar a su gobierno. Ahí está el ejemplo de los impuestos. En otro gobierno los empresarios habrían puesto el grito en el cielo, habrían hecho lobby, pero se quedaron calladitos. Por eso también creo que, en el tema laboral, los empresarios pueden entender que el gobierno necesita hacer su pega.
-¿Y cómo encuentra que la está haciendo?
-Le ha costado demasiado instalarse. Uno tiene que ser ecuánime, porque hubo un terremoto, pero muchas autoridades no estaban familiarizadas con la administración del Estado. Y, luego, la derecha no tenía experiencia en diálogo social, más bien mucha desconfianza. Todavía no somos capaces de sincerar nuestras agendas. A mí me interesa conocer un poco más en detalle cuáles son los temas que al gobierno le interesa abordar y cómo los quiere abordar.
-¿Y de qué han hablado en sus reuniones con la ministra Merino y el ex subsecretario Soto?
-Con la ministra me he reunido tres veces y me acaba de llamar para una reunión esta semana. El subsecretario Bruno Baranda en su primer día de trabajo me llamó a las 10 de la mañana y me invitó a una reunión también.
-La salida del subsecretario Marcelo Soto ¿afectó estos primeros acercamientos?
-Evidentemente hubo un poco de retroceso. Con el subsecretario Soto habíamos avanzado un poco en tocar temas de agenda, conocer un poco más cuál era su visión, pero él no estaba empoderado para eso, yo lo entendía como una situación más de apreciación personal. Entonces, nosotros no conocemos cuál es la agenda del gobierno en el tema social y laboral, y ellos no conocen la nuestro: qué pensamos y cómo abordamos los temas.
-¿Pero no cree que la CUT debiera ser más activa e incitar a las conversaciones?
-Sería bueno instalar una agenda corta con el gobierno para ir probando y mostrando que es posible tomar acuerdos. Para eso no se necesita una reunión técnica, sino una política, en donde esté el Ministerio del Trabajo, pero también un ministro de La Moneda que responda políticamente. Hoy hay mucho reclamo de la gente por las alzas, los despidos.
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