Por: Cony Stipicic y Eugenio Guzmán*
¿Cuántas udis contiene la UDI? Ésta es una taxonomía del partido más grande de Chile, que para muchos vive un momento histórico y clave en su destino. Quién es quién dentro de la colectividad y los cambios que ha experimentado con el paso del tiempo.
El alto mando de la UDI: el general Novoa y los tres coroneles: Coloma, Chadwick y Longueira.
De todos los partidos políticos, la UDI es el que más cambios experimentó en el último tiempo. Pasó a ser el más grande del país en el curso de una década, tiene la bancada de diputados más numerosa, está en el gobierno y enfrenta en agosto su segunda elección interna consecutiva. Hoy, las diferencias se ventilan en conferencia de prensa, hay contrapuntos valóricos y hasta actos de rebeldía. La lógica del partido de amigos se desmoronó para dar paso a una dinámica de partido grande, lo que es resistido por el núcleo duro de sus fundadores y bienvenido por aquellos que llevan tiempo dando la pelea para que el esquema de toma de decisiones -y con ello la institucionalidad- cambie.
La UDI es un partido neoconservador, en el que confluyen ideas de libre mercado en materia económica y planteamientos tradicionales en temas culturales relativos principalmente a la familia, además de una visión ética según la cual todos sus militantes se deben al servicio público, fórmula tremendamente efectiva para atraer y reclutar jóvenes.
Pero si bien el éxito de estos 20 años tiene que ver con aspectos programáticos, tanto o más importante ha resultado el modo de hacer política de sus dirigentes y, sobre todo, la forma en que se ha desarrollado la vida partidaria. Disciplina y audacia están en el eje, y son éstas las que le permitieron jugarse en hitos clave, como el apoyo a Gabriel Valdés para presidir el Senado en 1990, las negociaciones con la UCC para incorporar a sus miembros, el apoyo a Joaquín Lavín en su giro en temas de DD.HH. en 1999, o el que le dieron a Pablo Longueira para el salvataje del gobierno de Lagos en 2003.
Esa audacia, que a ratos raya en la temeridad, tiene su origen en la forma de constituirse, en los mecanismos de decisión interna y en un rasgo común a su dirigencia: el partido prima (o primaba, dirán hoy algunos) por sobre los intereses individuales y las agendas personales.
Ese respeto secular a los fundadores respondió por mucho tiempo a la convicción y audacia de esos dirigentes y a los éxitos alcanzados. Todo implicó la consolidación de la UDI, pero también abrió la compuerta para que se comenzaran a desdibujar aquellas recetas que garantizaron el éxito. El partido de familia se transformaba en el partido más grande.
La UDI fue concebida como un partido de amigos, convencidos de que la forma de relacionarse de los miembros de una organización es lo que finalmente la caracteriza. Mientras su comisión política estuvo integrada por 25 miembros, la discusión interna para el buen funcionamiento resultaba eficiente y las decisiones las tomaba la misma cúpula que se mantuvo inalterable por casi 20 años, pero que, crecientemente, despierta oposición, especialmente entre quienes han estado en la segunda línea pero -como dicen- "con los pies en el barro".
En ese modo de operar influyó la biografía de sus dirigentes en relación a Jaime Guzmán, así como sus redes sociales. Pero también el que las formas de relación interna han estado fuertemente influidas por un apego a la jerarquía y el respeto a la autoridad de sus fundadores. Ese respeto secular respondió por mucho tiempo a la convicción y audacia de esos dirigentes y a los éxitos alcanzados. Nadie cuestionaba que las decisiones se tomaran en un grupo reducido porque los resultados los avalaban: más parlamentarios, más alcaldes, un candidato propio a punto de llegar a La Moneda. Todo implicó el asentamiento y consolidación de la UDI, y redujo la ventaja de RN y del resto de los partidos. Pero también abrió la compuerta para que se comenzaran a desdibujar aquellas recetas que garantizaron el éxito. El partido de familia se transformaba en el partido más grande. No sólo habían incorporado gente por conveniencia mutua (en la caza de candidatos populares que la UDI emprendió), sino que además hubo nuevos postulados programáticos y un evidente distanciamiento del gobierno militar, especialmente en DD.HH. y orden institucional.
Hoy la UDI enfrenta desafíos: ¿cómo cambiará después de cuatro años en el poder? ¿Cómo cambiará el foco desde la lógica de mercado que hoy inspira muchas de sus decisiones a la de cambio social que moviliza a muchos de sus dirigentes más jóvenes? ¿Volverá a construir un núcleo que le dé identidad o pasará a un esquema de grupos?
Las lógicas internas del partido empezaron a variar: más actores, menos espacio para el debate ordenado, más cuestionamientos a las decisiones de la cúpula y crecientes grados de insatisfacción de las generaciones nuevas. Hay aquí algunos hitos que dirigentes mencionan como clave: la estrategia "crecedora" de la candidatura presidencial de Lavín (que en boca de Gabriel Villarroel, uno de sus fundadores, le costó caro al partido); el caso Spiniak (que muchos mencionan como la razón de un distanciamiento entre Longueira y Novoa, aunque éste lo desmiente categóricamente); la ausencia de unanimidad con que Hernán Larraín llegó a ser presidente del partido en 2006 (lo que implicó el quiebre del núcleo histórico y la pérdida de confianzas y de la definición de roles); y la falta de apoyo con que se encontró Longueira cuando quiso erigirse como presidenciable en 2006. La candidatura de José Antonio Kast a la presidencia de la colectividad en 2008 -primera elección competitiva para definir su directiva- fue la gran señal de los resistidos cambios que el partido ha experimentado.
Hoy, enfrenta nuevamente ése y otros desafíos: ¿cómo cambiará después de cuatro años en el poder? ¿Tendrá espacio para acoger a la oleada de jóvenes que ingresaron al gobierno y que luego querrán asumir cuotas de poder partidario? ¿Cómo cambiará el foco desde la lógica de mercado que hoy inspira muchas de sus decisiones a la de cambio social que moviliza a muchos de sus dirigentes más jóvenes? ¿Volverá a construir un núcleo que le dé identidad o pasará a un esquema de grupos?
Revisar la taxonomía de la UDI sirve para entender la dificultad y el momento histórico que hoy enfrenta y por qué hay quienes hablan de lo que podría ser "la última batalla de los coroneles".
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