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Los 100 de Hinzpeter

  • Fecha: 18 06 2010
  • Sección: Política
  • Comentarios: 8

Fotografía: Morten Andersen

Centro Cultural Palacio de la Moneda. El ministro ingresa a Metales Pesados, saluda, lo reconocen y mira algunos libros. Es cliente frecuente. Compra Claus y Lucas de Agota Kristof. Yo hojeo La estrella y el ar coiris de Andrés Allamand y Marcela Cubillos.

-¿Lo leyó?

-Sí.

-¿Bueno?

-Prefiero Philip Roth. ¿Leíste Indignación?

-¿Qué le pareció La estrella y el arco iris?

-Fomeque. Nadie puede escribir de aquello que no formó parte.

-¿Usted hubiera escrito otra cosa?

-Esa guagua es mía en parte importante. Por lo tanto, si uno es parte de un grupo, aunque sea de forma esporádica, y se quiere escribir de lo que ese grupo hizo, hay que constatar eso y no tratar de apropiarse de la historia. Allamand no fue nunca a un focus group y yo no hice otra cosa que ir a todos. A todos. No me perdí ni uno. La estrella es una creación mía. Yo me obsesioné con que nosotros teníamos que construir un arco iris. Y me pregunté "¿cuál es nuestro arco iris?", hasta que dimos con la estrella. Me obsesioné con que nuestro jingle fuera con charangos, con quenas, "tráiganme una canción de Illapu o Quilapayún". Sostuve que era clave izquierdizar nuestra campaña. Creí y creo que era fundamental que tomáramos las banderas de lucha y planteamientos de la Concertación. Por varias razones. En primer lugar, porque obviamente que la Concertación tenía buenas ideas: construyó durante 20 años, y hoy la sociedad es mejor de lo que era a fines de los 80. En segundo lugar, por una razón estratégica. Nuestra obligación política es dejarlos sin barco. Hasta que inventen de nuevo la pólvora pueden pasar muchos años.

-¿Cómo se maneja el "ahora me toca a mí"?

-A nosotros nos hicieron vivir durante 20 años como personas no comprometidas con los derechos humanos, incultos, con desprecio por la cultura y la diversidad. No éticamente preparados para servir. Y de todos esos rasgos yo tengo los opuestos. Soy una persona a la que le gusta la cultura, me gusta el medio ambiente y la diversidad. Esa es la venganza: demostrar el compromiso con esas cosas. Venganza en el sentido noble de la expresión. En este gobierno no te puedes dar gustos chicos: son gustos grandes.

"La entrevista sobre el ministro de Hacienda fue un ruido innecesario. Y eso fue error mío. Lo reconozco. Traté de comunicar una argumentación en la que confío: que en la figura del triángulo me parece muy importante el equilibrio: el presidente está arriba con un ministro de Hacienda y un ministro del Interior que equilibran abajo, equivalentes".

-¿Escribirá un libro? Su La estrella y el arco iris.

-Me gustaría algún día contar todo y sí, que sea mejor. A veces tomo apuntes, pero no tengo tiempo ni para eso.

-Usted escribió un libro también: La hipoteca. Fome.

-Eso no es un libro, es mi memoria. Pero estoy pensando en es escribir algo sobre la centroderecha más que sobre la campaña

******

Tomando café en el Café Torres, que está debajo de La Moneda. Un guardia está suficientemente lejos para verlo a través del cristal y no importunar. El sitio está helado. El ministro tirita.

-El otro día fui al bar The Clinic y a la entrada del local…

-Estoy yo. Disfrazado de bobby, de policía inglés.

-La gente raya al ministro de cartón, le hacen bigotes..

-Y cosas peores. Amigos que fueron le tomaron fotos a mi doble y me lo han enviado por celular.

-¿Le molesta eso?

-¿Tener un mono de cartón? No… Hay que tomárselo con humor. Es parte del costo de este puesto. Tengo claro que no todos votaron por nosotros. Pero leo The Clinic y a veces me río. Ahora estoy medio enojado con ellos porque publicaron un reportaje que encontré medio antisemita. Decía "las vacaciones de los Hinzpeter": ponían a mi familia y a mí en circunstancias poco dignas. Era una sátira. Hablaban de "la prima Sara", del "hijo Isaac"…

-¿Son los verdaderos nombres…?

-No, usaron los nombres estereotipados, como de chiste de judíos, como un panfleto de la época del nazismo. Así que ando medio enojado con ellos.

-Esto de estar en los medios, ¿hasta qué punto lo va transformando en una figura de ficción?

-A usted le gustan los focus group. Yo hice uno sobre usted: ambicioso, agresivo, duro. Eso me dijeron. -Las imágenes tienen dos fuentes de inspiración: las virtudes y los defectos, pero más los defectos que las virtudes... Soy una persona tímida y por lo tanto aparezco como un gallo mucho más serio y duro de lo que soy.

-Se construye una imagen a partir de realidad, ficciones, mitos, ideas. Se parece y no se parece a mí. Es una suma.

-¿Le gusta la imagen que se tiene de usted?

-No tengo tan claro cuál es.

-A usted le gustan los focus group. Yo hice uno sobre usted: ambicioso, agresivo, arrogante. Eso me dijeron.

-Las imágenes tienen dos fuentes de inspiración: las virtudes y los defectos, pero más los defectos que las virtudes.

-Sus defectos influyen en la imagen.

-Obvio. En la imagen y en uno mismo. Soy una persona tímida y por lo tanto aparezco como un gallo mucho más serio y duro de lo que soy. Cuando la gente me conoce, percibe que tengo más sentido del humor o más cercanía; soy más cariñoso que lo que, probablemente, la gente siente cuando me ve en la televisión. Además, por mi pega, estoy vinculado al tema de la seguridad ciudadana y aparezco en decomisos de droga, en casos de delincuencia.

-A ver…la personalidad se construye…

-La personalidad se construye a partir de las fortalezas, pero especialmente de las debilidades. Si un cabro joven, por ejemplo, es inteligente pero inseguro, probablemente será engreído, rasgo de personalidad que surge más por su inseguridad que por su inteligencia. ¿Me explico? Podríamos decir entonces que en la definición de las personalidades, la debilidad es un componente clave.

-¿Cuán duro es?

-Creo que soy duro, pero más que nada tengo un rasgo de personalidad que es medio penca: soy un gallo que  nunca estoy ni muy contento ni muy triste. No celebro los éxitos ni me amargo mucho con las derrotas. Más bien estoy siempre en un estado de angustia respecto de lo que pueda venir en el futuro. No soy un optimista. Los políticos siempre dicen que son optimistas, que se acuestan y se quedan dormidos al tiro, que viven bien durmiendo cuatro horas. Yo no soy así. Al contrario. Tengo una personalidad bastante angustiada, una sensación de que siempre pueden ocurrir más tragedias que cosas buenas, y tengo que ayudarme con algún caramelo para dormir, como todo el mundo.

-¿Qué caramelo? ¿Ravotril?

-Sí… como muchos.

-¿Es con receta?

-Obvio. No me lo venden sin receta.

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N° 2073, 31 de diciembre de 2010

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