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Los 100 de Hinzpeter

  • Fecha: 18 06 2010
  • Sección: Política
  • Comentarios: 8

-Hablemos de la dupla presidente-ministro del Interior, que en este gobierno es más fuerte que en los anteriores.

-La dupla que se conformó en este gobierno se va a mantener para adelante, y es una dupla que ya existió en nuestra historia, es muy antigua. Por ejemplo, Manuel Montt y Antonio Varas. Montt fue presidente y tuvo un ministro muy cercano, que fue Varas.

-Que luego fue presidente…

-No, Varas nunca fue presidente. No sabes mucho de historia, parece.

-Pero tiene una calle, paralela a Manuel Montt.

-Bueno, no sólo tiene una calle, también una ciudad. Puerto Montt y Puerto Varas es por ellos. El ex presidente Montt hizo Puerto Varas y después se generó la ciudad cercana.

-¿Le gustaría tener una calle?

-No.

-¿Una estatua?

-No, no me veo de estatua; quizás una callecita, un pasaje.

-Vale. Volvamos a la dupla…

-¿Leyó el libro de Allamand y Cubillos? -Sí. -¿Bueno? -Prefiero Philip Roth. ¿Leíste Indignación? -¿Qué le pareció La estrella y el arco iris? -Fomeque. Nadie puede escribir de aquello que no formó parte.

-Otra dupla importante fue Alessandri y su ministro Sótero del Río. Lo que quiero decir es que en la historia chilena existieron muchas duplas, de presidentes afiatadísimos con sus ministros del Interior. En el período de Allende no existió eso, porque hubo una intervención muy potente de los partidos: casi le imponían al ministro. En el período militar, ni hablar. Después, con la Concertación, en que salvo al inicio -donde hubo un fiato razonable entre Krauss y Aylwin- no se produjo esa relación por el cuoteo: si el presidente era de un partido, el ministro tenía que ser de otro. Y, a la larga, cuando el mandatario y su jefe de gabinete no tienen una cultura de entendimiento cercano, fraterno, de confianza, el funcionamiento del gobierno se resiente. Lo que nosotros instalamos es una dupla muy afiatada, con las debidas correcciones de respeto de quién es el presidente y quién es el ministro. Demostraremos que éste es el esquema que siempre debió existir. Imagínate que yo hablo con el presidente Piñera todos los días. Voy a su oficina 3 ó 4 veces al día, reuniones de 7 minutos, reuniones de una hora…

-¿Y sube a comentar cosas que están pasando o le envía mensajes de texto?

-Subo a copuchar.

-¿Como qué?

-Como "vio la embarrada que se mandó tal persona" o "mire el lío que tenemos" o "cómo le fue en el viaje". Si viene de un viaje le pregunto cómo estuvo, qué comieron, cómo es tal o cual líder.

-¿Y le encarga cosas? ¿Libros?

-No, no me atrevo… pero sí, he encargado algunos libros.

-¿Al presidente o alguien de la comitiva?

-A amigos de la comitiva. Y me los han traído. Ahora le encargué uno al ministro de Hacienda cuando fue a México. Uno que escribió Aguilar Camín con Castañeda.

-¿Leyó La guerra de galio?

-Por supuesto. Odio la noche. Su llamado condensa casi todo lo que he buscado apartar de mi vida: la irregularidad y el exceso, el miedo, las obsesiones que suspenden las certezas de nuestra convivencia civilizada, única sed de mi temperamento diurno, amante de la luz y del orden, y de las nobles geometrías que engendra la razón.

-Ése es el comienzo, ¿no?

"Al final, lo importante en un gobierno no es qué hacen los funcionarios de gobierno en su vida privada, sino qué políticas públicas implementan. Éste es un gobierno que, en materia de políticas públicas, que es lo único relevante, no es ni será conservador".

-Palabra por palabra.

-Se lo sabe de memoria.

-¿Viste? Si uno no pierde las condiciones humanas por ser ministro. Los de derecha también sabemos leer.

-¿Por qué se sabe de memoria el comienzo de La guerra de Galio?

-Me lo sé no más.

-Igual esa frase de Aguilar Camín dice algo.

-Dice mucho.

-Y ahora está a cargo "de la luz y del orden", digamos.

-En efecto.

-Supongo que a usted le gusta Vargas Llosa.

-Y Jorge Edwards.

-Claro. Pero antes de seguir con el Boom, ¿le encargó un libro al ministro de Hacienda?

-Sí. En todo caso, se lo pagué a Felipe.

-Usted dijo, por la prensa, que en este gobierno era más importante el lazo del presidente con Interior que con Hacienda. Deduzco que quizás eso no le cayó muy bien al ministro Larraín. Al menos provocó ruido.

-Un ruido innecesario. Y eso fue error mío. Lo reconozco. Traté de comunicar una argumentación en la que confío: que en la figura del triángulo me parece muy importante el equilibrio: el presidente está arriba con un ministro de Hacienda y un ministro del Interior que equilibran abajo, equivalentes. Los gobiernos que se manejan con pura política dejan la embarrada en la economía. Y los gobiernos que se manejan sólo por razones económicas pueden embarrar la política. Tenemos en nuestra mente quiénes han sido ministro de Hacienda y no del Interior.

-Ahora sabemos muy bien quién es el ministro del Interior.

-En nuestra historia, durante mucho tiempo era al revés. Creo que hoy, por cómo ha evolucionado el mundo, tienen que estar en un mismo nivel. Yo traté de decir eso y salió mal. Llamé a Felipe Larraín y le dije pucha… yo le tengo mucho cariño a Felipe.

-Se entendió esa declaración como un deseo de demostrar que usted era el fuerte.

-No era ésa la intención. Fue un error, de novato diría. Cuesta entender cabalmente cómo un par de palabras pueden aumentarse y doler y molestar y malinterpretarse. Y claro, lo que pasa es lo que te comenté antes: no es lo mismo ser jefe de campaña que ser ministro. Se deja de hablar como uno o por la candidatura: se habla como ministro.

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N° 2073, 31 de diciembre de 2010

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