Por: Yenny Cáceres y Michelle Chapochnick
Arde el Consejo de la Cultura. La sorpresiva destitución del subdirector, Nicolás Bär, dejó al descubierto una lucha de poderes. Mientras la UDI salió a defenderlo, los cercanos al ministro Luciano Cruz-Coke ven la medida como un golpe de timón tras una serie de desencuentros. Así se gestó la primera baja del gabinete de Piñera.
Fotografía: José Miguel Méndez
Parece un cargo maldito. Durante la pasada administración del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes (CNCA), con Paulina Urrutia a la cabeza, pasaron cuatro subdirectores. Uno de ellos, Arturo Barrios, terminó sancionado por la Contraloría. Y ahora, cuando aún no cumplía los tres meses en ese cargo, Nicolás Bär Armstrong (33) se convirtió en la primera baja del gabinete de Piñera.
La noticia fue una sorpresa. Incluso para el propio Bär. Durante la mañana del viernes 4, justo hace una semana, el propio ministro presidente del Consejo de la Cultura, Luciano Cruz-Coke, lo dejó a la cabeza de una importante reunión para coordinar la convención anual del organismo. Horas más tarde, el subdirector se enteró que estaba despedido. Y la maldición consumada.
Con una diferencia, eso sí: todos los subdirectores de Urrutia se fueron por su cuenta. En el caso de Bär, fue Cruz-Coke quien le pidió la renuncia. Una decisión que dejó al descubierto una soterrada lucha de poderes entre el gabinete del ministro y el del subdirector, y que más encima ocurre en medio de las denuncias de 20 despidos arbitrarios interpuestas por AnfuCultura, la asociación que reúne a los funcionarios del Consejo.
Los viernes ahora son temidos en el organismo cultural. Porque son esos días en los que, al igual que ocurrió con la desvinculación de Bär, se han efectuado gran parte de los despidos. La presidenta nacional de AnfuCultura, Carolina Negrete, dice que al interior del Consejo se vive un "clima del terror", e interpreta la salida del subdirector como "el reflejo de la improvisación y de una conducción errática, sin conocimiento de lo que es la administración pública. Con la ministra anterior tuvimos cuatro subdirectores y ahora el subdirector se va altiro. Otra vez quedaremos paralizados".
La alta rotación de los subdirectores es un tema sensible en el Consejo. Un miembro de la institución atribuye a esa práctica ser la responsable de que durante la administración de Urrutia se haya acumulado una deuda de $1.400 millones, que tienen al Consejo en Dicom y con proveedores cada vez más recelosos de prestarles servicios. Sanear esa deuda es, entonces, una de las prioridades de la actual administración. Y, según el entorno de Cruz-Coke, el ministro le habría puesto un plazo de cuatro meses a Bär para resolver justamente ese tema.
Sin embargo, según las mismas fuentes, conforme iban pasando las semanas se fue haciendo patente que el subdirector sería incapaz de cumplir con esa meta. Eso no es todo. También le atribuyen haberse excedido en sus atribuciones. Como resume un colaborador de Cruz-Coke, "en el Consejo hay espacio para un solo ministro". La explicación oficial, emitida la tarde del mismo viernes, fue mucho más escueta: "Se le solicitó la renuncia a este cargo de exclusiva confianza del ministro, debido a diferencias de enfoques". Pero, ¿qué pasó realmente en estos tres meses para que Cruz-Coke dejara caer así a Bär?
Si bien al interior del Consejo la noticia dejó a muchos en shock y abrió los temores de nuevos despidos, en el ámbito de la cultura la salida de Bär no resultó tan sorpresiva. Su nombramiento había provocado más de algún ácido comentario y la incredulidad de varios por su perfil: un ingeniero civil industrial de la Universidad de Los Andes, con vínculos con la Fundación Jaime Guzmán y la Iglesia Católica. En su defensa, se destacó que tenía un máster en Gestión en Políticas Culturales Europeas de la Universidad de Warwick, en Inglaterra.
Pese a que venían de mundos completamente distintos, cercanos a Cruz-Coke aseguran que su nombramiento fue visado por el propio ministro y no correspondió a presiones de los sectores más conservadores de la Alianza ni a cuoteos políticos. Ambos se conocieron en los grupos Tantauco, en los cuales Bär estuvo desde sus inicios (Cruz-Coke, en cambio, se integró a comienzos de 2009). Cuando asumieron, en marzo, se insistió en que formaban una dupla perfecta: Cruz-Coke, gracias a su pasado de actor, mantendría los nexos con el mundo artístico; y Bär, como ingeniero, pondría en orden la gestión financiera del Consejo.
Esta dupla ideal se acabó pronto. Así lo dicen quienes han seguido de cerca los desencuentros entre los gabinetes de Cruz-Coke y Bär. El episodio más emblemático fue conocido públicamente a mediados de mayo, cuando el diario El Mostrador publicó unos memos en que el ministro dejaba sin efecto una petición del subdirector en que ordenaba que "todo el material de difusión producido o coproducido por el CNCA" debía contar con el "visto bueno de esta subdirección".
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