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La derecha

  • Fecha: 28 05 2010
  • Sección: Política
  • Comentarios: 2

¿Quién es quién?

Zorros y erizos tienen adherentes bastantes claros.

Es erizo por definición, Jovino Novoa y, aunque suene curioso, en los últimos años Allamand se ha acercado bastante a esta tesis. El desalojo es una estrategia de contraste. Su último libro cuenta la historia de cómo "nosotros" les ganamos a "ellos".

Pero hay muchos otros erizos. Se encuentran principalmente en la UDI: Darío Paya, José Antonio Kast, los hermanos Villarroel, Hernán Büchi. Todos ellos han entendido siempre que el proyecto del gremialismo es de largo plazo. Incluso cuando surgió la opción presidencial de Lavín, luego de sus resonantes éxitos electorales en las municipales, se resistieron ante su evidente flexibilidad. El caso de Lavín demuestra que el contraste del erizo no está vinculado al conservadurismo ni al dogmatismo.

En RN los erizos no son tan evidentes. Y eso tiene explicación en la raíz del partido. No hay un derrotero común; RN siempre ha padecido de una tensión entre la vertiente laica y la conservadora y, además, ha sido objeto de liderazgos personalistas circunstanciales.

Más fácil resulta identificar a los zorros o partidarios de la confusión, quizás porque son los que en esta oportunidad triunfaron. Entre ellos están el mismo Sebastián Piñera, Rodrigo Hinzpeter, Lavín o Andrés Chadwick. Lo que muestra, de nuevo, que esta división estratégica está cruzada por las posiciones ideológicas. Algo que parecen haber entendido el actual presidente y su jefe de gabinete: siguieron durante 10 años la estrategia que tempranamente vio Lavín, pero de manera más sutil y, por cierto, más exitosa.

Otros dos buenos ejemplos de esta "transversalidad" son Cristián Larroulet y Miguel Flores: dos conservadores que actúan pragmáticamente desde La Moneda.

Piñeristas y neofácticos

Vamos a los subgrupos.

En torno a la figura del presidente se arma el primero: el piñerismo. No son "piñeristas". Algunos podrán serlo y otros terminarán siéndolo, pero no es lo que los une. Sí los une el estilo. Son la proyección en la política de una nueva clase empresarial, que se rebela contra el monopolio de los tradicionales vinculados a la elite. Son más agresivos, astutos, no cortesanos, meritocráticos, más liberales en lo valórico, prefieren pedir perdón antes que pedir permiso.

En torno a la figura del presidente se arma el piñerismo. Los une el estilo. Son la proyección en la política de una nueva clase empresarial, que se rebela contra el monopolio de los tradicionales vinculados a la elite.

Son Hinzpeter, Laurence  Golborne, Felipe Morandé, Jaime Mañalich. Son asimilables a "la nueva forma de gobernar", aunque también los hay entre los parlamentarios: los Monckeberg, Joaquín Godoy, Lily Pérez.

Este lote, con el que se están identificando también jóvenes rostros de la UDI, como Felipe Kast o Ena von Baer, se parece al PPD original y podrían compartir escritorio con los "gerentes" DC. Tienen buena llegada en los medios de comunicación, pero escasa base electoral, aunque aún cuentan con cuatro años para construirla.

Un segundo grupo se podría bautizar como el de los neofácticos o guardianes del modelo, liderados por representantes del CEP y el ILD: Eliodoro Matte y Arturo Fontaine, Luis Larraín y Hernán Büchi. Tienen poder en los medios, con una relación privilegiada con El Mercurio, mucho poder económico y cultural, pero a la baja en el ámbito político y nula presencia electoral.

Aquí todavía convive la oligarquía, la vieja clase empresarial, ya sacudida del estigma pinochetista que por tanto tiempo arrastraron. Con la mayor parte de ellos, especialmente con el CEP, Piñera tiene distancia. Lo que podría hacer pensar que este grupo esté iniciando un proceso de decadencia. Fueron mucho más poderosos con Lagos y Bachelet. Hoy, el presidente se somete al rito, como cuando  fue candidato, pero no rinde ni examen ni pleitesía.

La UDI es grupo aparte y hay que mirarla con detención. No es asimilable aún al piñerismo. Ha sido sacudida por dos golpes: la instalación del gobierno y los casos de abusos en la Iglesia. Sigue siendo muy influyente en lo electoral y tiene algunos liderazgos que confunden su propósito central. Longueira y Coloma no querrían estar en el contraste, pero se ven desconcertados. Van Rysselberghe, Evelyn Matthei y Hernán Larraín aparecen como zorros, jugando a la confusión e incluso vestidos de piñerismo, cuando lo que parece moverlos son sus agendas presidenciales. Ésa es una pugna pendiente en la UDI que, seguramente, marcará el sello definitivo que el partido adopte.

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N° 2073, 31 de diciembre de 2010

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