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El futuro de Bachelet

Roberto Méndez, Jorge Navarrete, David Gallagher, Fernando Paulsen y Alfredo Joignant vislumbran, a través de un cuestionario, los próximos pasos de la ex mandataria, que se enfrenta a un escenario inédito en dos décadas: salir de La Moneda rumbo a la oposición con el 84% de apoyo y tras una catástrofe.

  • Fecha: 19 03 2010
  • Sección: Política
  • Comentarios: 11
Presidente de Adimark

Presidente de Adimark

Roberto Méndez

1. ¿Debe Michelle Bachelet convertirse ahora en la líder de la oposición?

Ya quedó comprobado que su apoyo y popularidad son muy resistentes a las crisis, así que creo que su liderazgo es muy duradero. Pero para cuidar eso no debería asumir la conducción de la oposición, que está demasiado desorganizada, conflictuada y débil. Si yo fuera su asesor, le aconsejaría no asumir ese rol.

2. ¿Cree que la ex mandataria debería ejercer un rol opositor a Sebastián Piñera desde los albores de su gobierno o respetar la "luna de miel" de su sucesor en el cargo?

Michelle Bachelet debiera desaparecer por un tiempo. Debe respetar la infaltable y necesaria  "luna de miel"  con un gobierno que se estrena. Tiene que crear un espacio, un tiempo de silencio, antes de intentar una reinserción en el espacio público. Adelantar esta reinserción sólo tendría costos para ella.

3. ¿Desde dónde la ex mandataria podría potenciar mejor su liderazgo y reforzar su popularidad con miras al 2014?

Falta demasiado para el 2014 como para hacer predicciones. Primero, debería mantenerse alejada de la coyuntura política, pero probablemente involucrada en alguna labor social en un centro de estudios. Antes del 27 de febrero era una buena alternativa que liderara la ayuda a los damnificados del terremoto de Haití, pero evidentemente sería un despropósito que hoy se preocupara de la gente de Haití, si hay tantos damnificados en Chile. Tiene que buscar algo de ese estilo: alguna forma de ayuda a las víctimas, quizás a las mujeres, donde ella tiene una inmensa popularidad. Pero no me la imagino saliendo a terreno y visitando poblaciones y damnificados. Esa labor es del Ejecutivo. Me la imagino más por el lado del análisis, dirigiendo grupos de estudio.

4. ¿Corre el riesgo Bachelet de ser objeto de fuertes críticas que atenten contra su capital político, tal como le sucedió al ex presidente Ricardo Lagos?

Desde luego. Una popularidad de ese tipo tiene grandes riesgos y, a mi modo de ver, los principales probablemente vienen del interior de la propia Concertación. Ya he escuchado opiniones de gente, de concertacionistas, sobre la desilusión de los partidos oficialistas por su liderazgo demasiado individual. De hecho, si uno hace historia, las críticas más grandes contra Lagos provinieron de la propia Concertación. Creo que acá también el fuego amigo -por así decirlo- es también el más peligroso para la ex presidenta.

Pero su liderazgo posee otras características, distintas a las de Ricardo Lagos: tiene un componente afectivo muy grande, que creo que es bastante resistente a las críticas. Cuando hay cariño, el cariño resiste mucho y, por otro lado, tengo la impresión de que hay suficientes líderes al interior de la Concertación que están conscientes de los errores que se cometieron en relación a la figura de Ricardo Lagos.

Lo más probable es que esas personas vayan a tratar de influir para que esos errores no se vuelvan a repetir. Yo tengo la impresión de que su liderazgo, su popularidad, se mantendrá por un tiempo muy prolongado.

Jorge Navarrete

Jorge Navarrete

Abogado del estudio jurídico Del Río Izquierdo

1. ¿Debe Michelle Bachelet convertirse ahora en la líder de la oposición?

La ex presidenta, de forma natural y aunque ella así no lo quisiera, ya es una líder de la oposición. Cosa distinta es si decide, y cómo ejercer ese rol. Lo que indican los manuales de estilo es que quienes abandonan la máxima magistratura del país deben dejar pasar un tiempo antes de terciar en la política contingente. Sea por cualidades propias o por cierta aura que da la investidura del cargo, los ex presidentes son percibidos como figuras transversales, cuya voz y protagonismo están reservados para definiciones de mayor envergadura y que se distancian del quehacer cotidiano del debate público. Éste es el momento de observar.

2. ¿Cree que la ex mandataria debería ejercer un rol opositor a Sebastián Piñera desde los albores de su gobierno o respetar la "luna de miel" de su sucesor en el cargo?

El período de gracia o "luna de miel" que se concede a toda nueva autoridad, es algo más que un uso de la clase política. Se trata de una práctica asentada en el sentido común de los electores, en la medida que parece razonable dar un tiempo para la instalación y afiatamiento de quienes ingresan al gobierno. En este caso en particular, tratándose de un sector político que estuvo 20 años en la oposición, y si adicionalmente sumamos la contingencia de un devastador terremoto, tengo la impresión que ese período será más largo de lo que se acostumbra. En ese sentido, cualquier comportamiento inicial disonante será castigado por los electores, más todavía si se trata de una figura tan querida como Michelle Bachelet. Entre más alto se esté se cae más fuerte, por lo que la recomendación es paciencia y prudencia.

3. ¿Desde dónde la ex mandataria podría potenciar mejor su liderazgo y reforzar su popularidad con miras al 2014?

Michelle Bachelet debe cuidar aquellas cualidades que más han acrecentado su patrimonio político, en especial lo que tiene que ver con su talante y estilo. Ella hizo una apuesta como candidata, que consolidó bien como presidenta, pero que no ha calado suficientemente bien en las huestes concertacionistas: me refiero a la urgente necesidad de reformar la forma, lenguaje y códigos de la actividad política. Dicho lo anterior, lo aconsejable es que se ubique en un espacio donde pueda defender el legado de su gobierno; quizás una fundación donde pueda profundizar el discurso de la protección social con un liderazgo cercano y horizontal.

4. ¿Corre el riesgo Bachelet de ser objeto de fuertes críticas que atenten contra su capital político, tal como le sucedió al ex presidente Ricardo Lagos?

La reforma constitucional que estableció un mandato de cuatro años sin reelección,  pero que permite a los ex presidentes postularse para el período subsiguiente, los convierte en el principal enemigo de la sucesión de quienes están en el gobierno. Aunque está por verse cuánto de la popularidad de la ex presidenta puede mantenerse en el futuro, es muy probable que seamos testigos de una operación política destinada a mermar el legado de su administración.

David Gallagher

David Gallagher

Columnista de El Mercurio y socio de Asset Chile

1. ¿Debe Michelle Bachelet convertirse ahora en la líder de la oposición?

Creo que no por ahora. No corresponde a la dignidad republicana de la presidencia. En un régimen parlamentario, el primer ministro, si pierde una elección, pasa de inmediato a ser líder de la oposición, y lo sigue siendo mientras su partido o coalición no elija a otro. En un régimen presidencialista, un presidente no es sólo jefe de gobierno, sino jefe de Estado. Como tal, al terminar su mandato, le debe a su sucesor cierta lealtad republicana. Por unos dos años, creo yo, al menos que el sucesor estuviera haciendo un gobierno manifiestamente malo para el país. Es algo que cualquier ciudadano entiende, por lo cual pasar de inmediato a ser "líder de la oposición" repercutiría en contra de Bachelet. Hay otro tema: en los regímenes presidenciales es difícil que haya un líder de oposición definitivo. Sospecho que incluso eso es una quimera que en el fondo no existe. En la práctica en Chile los "líderes de oposición" son varios: los presidentes de los partidos, los jefes de bancada, los numerosos aspirantes a altos cargos.

2. ¿Cree que la ex mandataria debería ejercer un rol opositor a Sebastián Piñera desde los albores de su gobierno o respetar la "luna de miel" de su sucesor en el cargo?

Creo que, en vista de mi respuesta anterior, lo mejor que podría hacer Bachelet es evitar la contingencia. Puede, por ejemplo, dar opiniones desde instancias de reflexión profunda, como puede ser un think tank, sobre el futuro del país, mostrándose como estadista, que es lo que esperan los chilenos de una ex presidenta. También asumir roles internacionales, como lo hizo Lagos.

3. ¿Desde dónde la ex mandataria podría potenciar mejor su liderazgo y reforzar su popularidad con miras al 2014?

Hay en la pregunta una premisa: que ella tiene expectativas con miras al 2014. Tal vez yo sea ingenuo, pero no creo que todo el mundo aspire constantemente al poder máximo. ¿Por qué no convertirse en una ex presidenta permanente que, al no querer volver a La Moneda, se constituye en reserva moral del país? Como Patricio Aylwin. Por lo demás en Chile esto de no poder sucederse y tener que esperar cuatro años es complicado. Si al país le va bien, la gente no querrá votar por alguien que representa un regreso al pasado. Por otro lado, una nueva generación de líderes surgirá desde la oposición. Son jóvenes que pueden haber aprendido algo del período post-Lagos, en que no se les dio el pase porque seguían gravitando ex presidentes y ex presidenciables como los únicos potenciales presidentes futuros.

4. ¿Corre el riesgo Bachelet de ser objeto de fuertes críticas que atenten contra su capital político, tal como le sucedió al ex presidente Ricardo Lagos?

Primero, el gran capital político que parece tener ella es muy reciente. Cabe acordarse que en la CEP de noviembre de 2008 marcaba 38%. Eso casi se duplicó en el mínimo espacio de un año. Un surgimiento tan brusco no puede tener un sustento muy sólido en la realidad. Independiente de si es sometida a fuertes críticas, su capital político disminuirá, porque no habrá un Segundo Piso bombeándola. Si Piñera lo hace bien, disminuirá aún más, por comparación. Todo sin fuertes críticas. Sin embargo, la política es la política y críticas habrá, muchas de ellas, como fue en el caso de Lagos, provenientes de la propia Concertación. Con todo, Michelle Bachelet es muy apreciada por los chilenos y ese aprecio, en dimensiones razonables, sobrevivirá a los embates. Lo que no significa que ese aprecio se traduzca necesariamente en intención de voto.

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N° 2032, 19 de marzo de 2010

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