Por: Michelle Chapochnick y Ana María Sanhueza
El brazo derecho de Sebastián Piñera, y generalísimo en sus dos campañas presidenciales, se convirtió esta semana en el ministro del Interior del próximo gobierno. Diversos episodios de su vida personal y profesional revelan su personalidad y su estilo para ejercer el poder. Frontal, pragmático, hábil negociador, con sentido del humor y carácter explosivo. Así funciona Rodrigo Hinzpeter.
Fotografía: Nicolás Abalo
El ministro del Interior del gobierno de Sebastián Piñera es un hombre al que le gusta tener todo calculado. Por eso, investiga los temas, pone plazos, define metas y exige resultados. Nada puede ser dejado al azar.
En abril de 2009, el entonces candidato de la Coalición asistió al velorio de la joven María José Esquivel -asesinada en un bus del Transantiago- y los familiares de ella lo echaron a gritos. Eso molestó a Rodrigo Hinzpeter- quien recién se había instalado a tiempo completo en el comando-, sobre todo porque lo consideró un error evitable: faltó mandar a un grupo de avanzada al lugar. Prometió que ese tipo de desaciertos no volverían a ocurrir. Había que planificar mejor. Poco después, tras un viaje a Europa, congeló su participación en el estudio de abogados donde es socio (BM&AHJ) y se instaló con jornada completa en Apoquindo 2921.
Muchas veces, los miembros del comité estratégico de la campaña estaban divididos frente a qué rumbo tomar. Algunos creían que ésta tenía que ser más confrontacional; otros, que debía ser propositiva. Hinzpeter alegó que no era un asunto de intuición. Y vio que eran claves los focus group. Pidió que primero se evaluaran los temas y después decidir qué hacer. "Ahí entendió, por ejemplo, la importancia de no hacer campaña confrontacional y de dar un gran énfasis a la delincuencia", dice un cercano.
A quienes trabajaron con él en la campaña, les sorprendió su gran interés por entender al consumidor (equivalente, según él, al ciudadano) y las características del C2 y C3 (este último segmento era considerado vital para ganar). A pesar de que otras personas estaban a cargo y que Adimark -empresa encargada de los estudios de opinión pública para el comando- le entregaría informes después, Hinzpeter nunca faltó a los cerca de 50 focus group que se hicieron durante la campaña. Además, consultó personalmente el tema con gerentes de la industria del retail. En una ocasión, estuvo hablando largamente con Adimark sobre La Polar y cómo esa empresa había logrado cercanía con su público en las campañas publicitarias recientes.
Hinzpeter, a quien le gusta que le entreguen las cosas de forma impresa, supervisaba todo. Y exigía. "No hay lugar para amateurs", es su frase de combate, ya que no acepta el trabajo mal realizado. Al equipo del comando le repartió fotocopias del libro "The Political Brain", de Drew Westen, para que se lo leyeran y vieran la mezcla de emoción y razón que hay detrás de la toma de decisiones.
A partir de mediados de diciembre, estudió las segundas vueltas en varios países, especialmente en Francia. Cuando quería sumar los votos de ME-O -quien quedó en el camino tras la primera vuelta- llamó personalmente a la gente del diputado, a los independientes, a los jóvenes. También a varios artistas. Recibió a los evangélicos.
Quienes conocen a Hinzpeter, dicen que es frontal y directo para plantear las cosas. "Rodrigo hace lo que nadie se anima a hacer, y dice las cosas que nadie se atreve a decir", cuenta un profesional que trabajó con él durante la campaña. Un ejemplo de eso, agrega, es lo que pasó con Marcela Cubillos.
En marzo, Piñera colocó a la diputada UDI en la primera línea de la campaña, casi a un nivel equivalente al de Hinzpeter. Pero la relación entre ambos colaboradores nunca fue buena. Se fueron distanciando y luego empezaron los roces. El asunto se resolvió mal: se pelearon y ella salió del comando en diciembre.
Quería entender al consumidor (equivalente, según él, al ciudadano) y las características del C2 y C3. Por eso, nunca faltó a los cerca de 50 focus group que se hicieron en la campaña y habló del tema con gerentes del retail.
Ese estilo del abogado también quedó retratado en una reunión con una de las personas que se sumaron a las vocerías de Piñera con los jóvenes y los independientes. Intrigado, el nuevo miembro del grupo le preguntó al generalísimo: "¿Sólo vamos a aparecer en la foto o vamos a poder opinar y tomar decisiones?". El aludido no dudó en la respuesta: sólo iban a aparecer en la foto. Y punto. "No me vendió el cuento. Me dijo que sólo apareceríamos en la foto y ya", recuerda hoy el joven.
El recién nombrado ministro del Interior tiene un carácter fuerte. Varias veces ha tenido que pedir disculpas a sus colegas abogados por su genio explosivo. Un jurista recuerda que una vez le pidió perdón cuando, después de una dura negociación por un caso, Hinzpeter perdió la calma. "El que no lo conoce, lo puede encontrar atropellador", dice un conocido profesional de la plaza.
A su mejor amigo, Andrés Jana -de quien fue compañero en el Instituto Hebreo y hoy es uno de sus socios en su oficina de abogados-, lo conoció a los 12 años. Peleando en un partido de fútbol, cuando ambos jugaban en el Estadio Israelita: Hinzpeter como arquero; Jana como defensa. Su otro gran amigo, Andrés Numhauser -también compañero del colegio y de las pichangas escolares-, recuerda un caso similar: "En una ocasión fuimos a ver el clásico de la U con Colo Colo. Él es fanático de la U y yo del Colo. El fanatismo y la pasión de Rodrigo por las cosas son tremendos. Al final, mi equipo ganó y él se enojó muchísimo conmigo. Fue una de las pocas peleas que hemos tenido".
Quienes trabajaron con él en el comando señalan que el problema con La Nación fue producto de ese carácter explosivo. En septiembre del año pasado, en la proclamación de Piñera en el teatro Movistar Arena, el diario no pudo entrar al acto a reportear, lo cual provocó una serie de protestas y acusaciones de censura contra el comando. "Ésa es una decisión que tomé yo. Sebastián Piñera no necesita ejecutores", dijo en diciembre en entrevista con Qué Pasa, dejando claro que él tomó ese riesgo por cuenta propia y no como encargado del entonces candidato. Al interior del comando, fue calificado como un exabrupto de Hinzpeter.
En Radio Duna, el generalísimo de Piñera justificó su actuar: "Una candidatura privada tiene un pequeño derecho a decidir a lo menos con qué diarios se relaciona profesionalmente".
Meses antes, el director del diario La Nación, Marcelo Castillo, había invitado a Hinzpeter a una reunión para pedirle acceso a su pauta de actividades. Pero, según el diario, la cita duró apenas tres minutos , pues el coordinador de la campaña de Piñera se paró indignado tras una discusión acerca de la propiedad del periódico y la cobertura que le daban al candidato de la Alianza.
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