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La Concertación Ciudadana

  • Fecha: 30 01 2010
  • Sección: Política
  • Comentarios: 12

Lo que podríamos hacer con la Concertación Ciudadana

En esta elección aparecieron cuatro cosas muy nítidas que debemos abordar con mayor fuerza hacia el futuro:

-El desafío de un sistema económico, y particularmente laboral, que muchos sienten que no los incluye como parte de un plan de desarrollo nacional, no los considera como socios de un proyecto, sino como un simple insumo, desechable y prescindible, que es apreciado sólo si es barato, flexible y sumiso.

-El desafío que representa la terca persistencia de la discriminación racial, sexual, religiosa y social; así como la desigualdad económica, regional, política, educativa y cultural en Chile.

-El desafío que constituye la frustración de las clases medias emergentes y sectores de emprendimiento popular que a pesar de sus esfuerzos se sienten excluidos del poder, con límites evidentes a sus oportunidades, con la sensación de que el Estado no les llega y por consiguiente abandonados a su suerte en la adversidad.

-El desafío que representa la sensación entre muchos ciudadanos de que todos sus esfuerzos y progresos no han sido acompañados necesariamente de mejorías en su calidad de vida; en definitiva, del logro de la felicidad, que aparece aún como un privilegio reservado para algunos pocos.

¿Qué tienen en común estos cuatro desafíos? A nuestro juicio, los cuatro expresan formas de desigualdad y exclusión. Es por eso que, tal como los ejes ordenadores de la antigua Concertación fueron la restauración de la democracia, la superación de la pobreza y el establecimiento de la protección social; los ejes ordenadores de la nueva Concertación deberán ser la instauración de la igualdad, inclusión, competencia y meritocracia en la cultura económica y social chilena.

Éste es un desafío político enorme, porque no hay manera de enfrentar la desigualdad sin mayor participación ciudadana. La sociedad chilena es demasiado heterogénea, las formas de exclusión son demasiado variadas, los límites a la meritocracia son demasiado robustos como para que las soluciones se le ocurran a una elite iluminada. Las soluciones las tenemos que encontrar en forma colectiva, participativa e inclusiva, y esto requiere una reforma política profunda de nuestra coalición.

Lo que serán nuestros partidos

Muchos aún somos militantes de partido, queremos continuar siéndolo y contribuir a su reforma y fortalecimiento. Creemos que no es concebible una Concertación sin partidos y entendemos que los cuatro conglomerados representan almas cívicas y culturas políticas que son el material fundamental con el que debemos construir.

Cada partido tendrá que llevar a cabo su proceso de reforma que se enmarcará en su propia cultura e historia. En ese sentido, no es esperable ni deseable que las reformas de los cuatro partidos de la Concertación sean ni simultáneas, ni idénticas… pero reformas tiene que haber. Tienen que modernizarse los procesos electorales internos; deben abrirse los espacios de debate y diálogo; tienen que transparentarse los mecanismos de toma de decisiones; incluir nuevas formas de participación y nuevos vínculos con la sociedad civil; y terminar con el clientelismo. Cada partido lo hará a su modo pero, desde nuestro punto de vista, el partido que no lo haga y prefiera el trance de un mantra -que se repite a sí mismo que no se encuentra en crisis y que está de algún modo exento de estos desafíos- se extinguirá lenta y tristemente, causando de paso un daño enorme al proyecto concertacionista.

Claudio Orrego

A nuestro juicio, un buen inicio para comenzar a discutir la reforma de los partidos es preguntarse en forma muy simple y abierta: ¿Cuál es el partido que nos gustaría tener? ¿Cómo es la vida de militante que nos gustaría? ¿Qué tenemos que hacer para que volvamos a sentir en nuestra vida partidaria esa solemnidad, esa profundidad que sentimos al participar de los ejemplares procesos democráticos chilenos? ¿Qué debemos hacer con nuestros partidos para que militar en ellos vuelva a ser algo democrático, inclusivo, entretenido y constructivo?

Respondidas estas preguntas utópicas, enfrentemos el proceso de crear esos partidos, sin escuchar tanto las voces del escepticismo interesado, ni del pragmatismo cínico, sino con el arrojo que merece la querida memoria de quienes construyeron nuestros partidos, pero ya no están.

La Concertación Ciudadana por construir

Con la misma fuerza tenemos que constatar que el actor central de la lucha por la igualdad, la meritocracia, la competencia y la inclusión será el ciudadano concertacionista. Muchos -ojalá la mayoría - volverán a poblar nuestros partidos: allí los necesitamos. Pero otros quizás escojan nuevas formas de participación, a las que debemos dar cabida. Creemos que ha llegado la hora de reconocer formal y operativamente la transversalidad que se encuentra en organizaciones ciudadanas de muy diverso tipo: de barrio; estudiantiles y juveniles; vecinales; profesionales y académicas; sindicales, religiosas y no gubernamentales; y también, por cierto, en nuevos movimientos y partidos de claro domicilio centroizquierdista. Todas ellas tienen importantes contenidos que aportar y liderazgos que debemos incorporar.

Con todo, la confianza ciudadana no la conquistaremos solamente con nuevos partidos, una nueva coalición y nuevas ideas. Todo ello debe ir acompañado de convicción, testimonio, pasión y ganas de construir el nuevo proyecto de la Concertación.

Ha llegado la hora de inventar un mecanismo de adhesión concertacionista transversal y de diseñar el marco de derechos y deberes políticos que ello debiera contemplar. Ha llegado la hora de comenzar a construir una Concertación de partidos ciudadanos y ciudadanos partidarios: la Concertación Ciudadana.

Un desafío enorme… ¿qué duda cabe? Es una forma nueva de coalición política que tenemos que inventar. Una forma que quizás nunca se ha visto, pero que todos sabemos es el modo del futuro. ¿Cómo hacerlo? ¿Cómo entender qué debe tener? ¿De qué manera debe operar?

A nuestro juicio, una buena forma para empezar es abriendo espacios  a un amplio debate y reflexión; no sólo sobre la derrota electoral, sino sobre el Chile de hoy y sobre cómo lograr que nuestras ideas puedan vincularse con la sociedad que juntos hemos construido. Debemos hacer esto retomando la manera horizontal de relacionarnos entre las estructuras partidarias y las múltiples y diferentes organizaciones ciudadanas que componen nuestro mundo sociopolítico; buscando reconocerse y reencontrarse; rearmarse y reorganizarse; para luego, con serenidad, conversar sobre cómo construiremos juntos esta nueva gran casa de la centroizquierda chilena.

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N° 2060, 1 de octubre de 2010

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