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¿El modelo?

  • Fecha: 23 01 2010
  • Sección: Política
  • Comentarios: 1
En junio pasado, Piñera habló largo con Sarkozy en París. El entonces candidato recibió de primera mano las experiencias del mandatario.

En junio pasado, Piñera habló largo con Sarkozy en París. El entonces candidato recibió de primera mano las experiencias del mandatario.

Ocupa todo el espacio

Otra característica del mandatario francés es su curioso don de ubicuidad política. Como se trata de un hombre pragmático y altamente desideologizado, Sarkozy se pasea sin problemas a lo largo de todo el espectro, sosteniendo al mismo tiempo posiciones de derecha y de izquierda según los temas y la coyuntura. Por lo mismo, no hay un Sarkozy sino varios: puede ser un poco populista si la situación lo amerita, impulsar proyectos más propios de la izquierda (por ejemplo, la supresión de la publicidad en la televisión pública), y lanzar al mismo tiempo un debate sobre la identidad nacional, cuyo único objetivo es ganarle terreno a la extrema derecha. Su última obsesión es la ecología, tema en el que ha asumido sin complejos posiciones poco tradicionales en su sector: hoy por hoy, intenta instaurar un impuesto especial para las emisiones de carbono.

El mandatario, a ratos, hace dudar de la pertinencia de las clásicas distinciones políticas. De paso, asfixia a sus oponentes, dejándoles poco espacio y pocas ideas, pues los priva de sus ejes semánticos y se apropia de temas que, en principio, le eran ajenos. Ahora bien, tal ubicuidad también tiene peligros que Sarkozy no siempre ha sabido conjurar del mejor modo: tiene cierta tendencia a dispersarse y su acción no siempre es coherente. Un poco por lo mismo, su figura se ha desgastado y sus índices de popularidad actuales no son ninguna maravilla.

Mano izquierda y mano derecha

Insuperable en el metro cuadrado, Nicolas Sarkozy es por lejos el político más hábil de su generación. Su carrera es un caso que todo político joven debería mirar con detención: hijo de inmigrante, sin apellido y sin fortuna, se construyó a sí mismo a punta de puro esfuerzo personal, con la ayuda de una retórica fuera de lo común y de un talento innato que nadie podría negarle. Fue neutralizando uno a uno a sus adversarios políticos, hasta alcanzar la presidencia. Hoy mismo tiene a Dominique Strauss-Kahn (una de sus amenazas más serias para los próximos comicios) en Washington dirigiendo el FMI, al ex primer ministro Dominique de Villepin enredado con la justicia, y al Partido Socialista en una posición muy precaria. Y aunque todo esto sea cierto, Sarkozy tiene la capacidad, al mismo tiempo, de mirar más lejos y avanzar en sus objetivos. Dicho de otro modo, es hábil para la política chica, pero eso no le impide seguir pensando en grande: se puede caminar y mascar chicle a la vez.

Liberales y conservadores

Aunque la derecha francesa es ciertamente bastante más liberal que la chilena, también está cruzada por divisiones profundas en materias sensibles, como el matrimonio homosexual o la discriminación positiva.

Sarkozy, que puede ser alternativamente más o menos liberal según de qué se trate, es consciente que lidera una coalición variopinta en la que conviven sensibilidades muy diferentes y, por lo mismo, no tiene ningún interés en comprarse conflictos innecesarios atizando diferencias internas. Además, como es él quien domina la agenda, simplemente no pone estos temas sobre la mesa y, si se dan, evita intervenir directamente.

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N° 2060, 1 de octubre de 2010

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