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"Piñera podrá hacer exigencias a los empresarios y concesiones a los sectores sociales"

Por: Cony Stipicic*

Sorpresas. Para los grupos empresariales y las elites. Eso promete Rodrigo Hinzpeter, el hombre de confianza del candidato, si llegan a La Moneda. ¿Su tesis? Que Piñera conozca a los empresarios -"no le vienen con cuentos", dice- es un plus a la hora de exigirles lo que la Concertación no les ha pedido.  Y pese a que muchos piensan lo contrario, se anima a sostener que se entenderán con los gremios.

  • Fecha: 05 12 2009
  • Sección: Política
  • Comentarios: 8

Fotografía: Nicolás Abalo

Se formó en un hogar de izquierda. No politizado, pero con inclinación clara. Su padre fue compañero en la Escuela de Medicina de Salvador Allende, y los unía una amistad; su abuelo, fue regidor socialista en Valparaíso y su padrino, Enrique Kirberg, pasó de la rectoría de la UTEM a la isla Dawson tras el 11 de septiembre del '73.

Pese a eso, su aterrizaje en las filas de Unión Nacional (UN), en la primera mitad de los ochenta, no fue casual. Andaba buscando ideas liberales, algo de modernidad, un liderazgo nuevo y alguna mirada no incondicional con el gobierno militar. El gremialismo le parecía demasiado conservador, así que se acercó a la dupla que conformaban Andrés Allamand y Alberto Espina; uno en la presidencia de UN y el otro al mando de la juventud.

El resto de la historia suma a su decisión racional de convertirse en "momio", el surgimiento de amistades, lealtades, decepciones y episodios aún no totalmente conocidos de la acontecida centroderecha durante los estertores del gobierno militar y todos estos años de democracia. Rodrigo Hinzpeter (44) recuerda la "sana distancia" que tomó de los protagonistas del kiotazo: no se enojó con Evelyn Matthei (de quien fue jefe de campaña en 1989), pero solidarizó con Sebastián Pïñera. Era el comienzo del fin de la "patrulla juvenil" que él integraba casi en calidad de mascota: era mucho más joven que el resto.

Hasta 1994, comandó la juventud de RN. Luego dedicó tiempo y esfuerzo a consolidar -con éxito- su profesión de abogado. Vivió y ejerció en Nueva York entre 2000 y 2001 y cuando volvió, se encontró con que el liderazgo de Piñera se había hecho manifiesto y había desplazado al de su referente, Allamand.

De Piñera, dice que le atrajo su capacidad de reinventarse y su inteligencia. Fue él quien lo buscó en 2002 para que se hiciera cargo de la presidencia de RN, ante la salida de Alberto Cardemil. Lo acompañó en la secretaría general y luego en la vicepresidencia. Y estuvo a su lado en 2005 cuando decidió entrar inesperadamente -y de forma incomprensible para muchos- a la carrera presidencial, que hasta entonces corría Joaquín Lavín como único abanderado de la Alianza. En la soledad de esos meses -recuerda- se consolidó su amistad.

Cuando conoció a Piñera, hacia fines de los 80, encontró en él algo que escapaba a la lógica de su entorno político inmediato: la convicción de que lo correcto era haber votado No en el plebiscito de 1988. Cosa que él no hizo. "Pecado de juventud", dice hoy.

-Las razones por las que usted se convierte en activo militante de la derecha no parecen estar en un apoyo al gobierno de Pinochet, entonces ¿por qué votar Sí?

-Digo que fue como un pecado de juventud porque es una forma de sacarle el cuerpo a un problema real. Es un tema pendiente conmigo mismo. No fui capaz de darme cuenta de las implicancias que tenía votar Sí. Fue un error.

No quiero decir que me arrepentí; me parece mucho más honesto decir que fue un error votar Sí en el plebiscito de 1988.

-¿Se dejó llevar por la corriente de su entorno o le temía a algo?

-No le puedo echar la culpa a la gente que estaba conmigo en ese momento, no me parece correcto. Había tomado la decisión de incorporarme a un grupo de personas que estaban mucho más activas que yo en lo político antes del plebiscito de 1988. Y en ese momento la decisión de votar Sí se tomó en un nivel en el que yo no participé. Me sumé a esa opción sin ser capaz de darme cuenta de que no lo debería haber hecho.

-¿En que momento se arrepintió?

-No quiero decir que me arrepentí; me parece mucho más honesto decir que fue un error.

-¿Cuándo se dio cuenta del error entonces?

-Muy luego, durante el gobierno de Patricio Aylwin. Cuando me di cuenta de que el país estaba perfectamente preparado y que era muy beneficioso el restablecimiento democrático y que, al final del día, Chile podía funcionar en democracia plena. Era mucho mejor hacer un corte tajante con lo que había sido el gobierno militar. No era lógico pretender construir el futuro con el liderazgo de gente que había cometido violaciones a los derechos humanos. Habría sido imposible. No se hubiera podido construir la paz social ni habríamos tenido los progresos de estos 20 años.

-¿Fue bueno para usted que gobernara Aylwin o hubiera preferido a Büchi?

-Es un ejercicio intelectual imposible. Pero, a juzgar por los resultados, el país eligió bien en esa oportunidad quién debía ser presidente.

A quebrar huevos

La llegada de Rodrigo Hinzpeter a RN tiene tantas similitudes como diferencias con el aterrizaje que más tarde tuvo Piñera. Siempre se ha dicho que este último golpeó la puerta de calle Antonio Varas porque la fila en la DC era demasiado larga y su paciencia corta. "Esa es una caricatura. Lo suyo tiene más que ver con su formación humanista cristiana, que no se dio en mi casa: si bien somos judíos, no éramos religiosos. Mi aproximación fue más intelectual que de activismo político".

De origen judío y familia de clase media con formación profesional, Hinzpeter podría haber sido radical. Sin embargo, eligió estudiar derecho en la Universidad Católica y militar en el partido más cercano a las tradiciones, a las elites e incluso a la aristocracia chilensis.

-¿Cómo se relacionó con ese entorno?

-Ni Allamand ni Espina, que eran mis referentes, son de la rancia aristocracia chilena, y se lograron forjar un camino. Si bien me daba cuenta de que las fronteras del sector estaban construidas a partir de esas tradiciones, quienes conducían no venían de ahí.

-¿Y nunca sintió que les impusieran límites?

-No, hasta hoy eso no sucede. A lo mejor he sido más negrito de Harvard de lo que yo mismo me he dado cuenta. Nunca he sentido limitantes, ni por el tema del origen social ni por el religioso, que, en mi caso, es prácticamente una excepción dentro del sector.

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