-El ex presidente Patricio Aylwin dijo que la candidatura presidencial del diputado es pretenciosa, entre otras razones porque aspira a llegar al poder desde lo alto. ¿Qué le parece esa observación del ex mandatario?
-(Largo silencio) Es un error y una expresión desafortunada. No quiero ser exagerado, pero te podría nombrar 20 pensadores -los cuales forjaron nuestra civilización- cuyas ideas fueron originadas antes de que cumplieran 40 años de edad. Empezando por el fundador de la civilización cristiana que fue Jesucristo: tenía 33 años. Todos los padres de la patria en América Latina hicieron lo más importante en su vida antes de cumplir los 40.
-Hay quienes piensan que si ME-O no fuese hijo biológico de Miguel Enríquez y adoptivo del senador Carlos Ominami, no estaría en el lugar en el que se encuentra.
-Difícil saberlo a ciencia cierta. Pero podría ser, por qué no. Ahora, le voy a decir algo. Hasta su nominación como candidato a diputado, sin duda hubo algo de eso. Si él no hubiese sido hijo adoptivo de Carlos Ominami, en el PS no lo habrían nombrado candidato a diputado. Sin embargo, su elección en una zona donde por décadas no hubo diputado socialista y esta candidatura presidencial no tiene nada que ver con ser hijo de alguien en particular. Marco está ahí por su propia decisión, por su valentía.
-En su discurso político, el candidato hace una mención frecuente de su parentesco con ellos y con su familia materna, los Gumucio. ¿Es una herramienta de campaña?
-Es una manera de presentarse. No creo que sea un recurso de campaña. Marco siempre ha hecho gala de su transparencia. De hecho, él dice: "Yo me hago cargo de todo lo que soy". No es él quien se encarga de ventilar esas cosas, sino la gente que quiere encontrar en su pasado las razones para poder denostarlo. Es una forma de asumir, porque no para todo el mundo ser hijo de Miguel Enríquez es un atributo, como tampoco lo es para otros ser nieto de Rafael Agustín Gumucio.
Nunca he visto a Fidel como un dictador, siempre lo he visto como el líder de un pueblo que lo ha puesto ahí por la voluntad de sus ciudadanos. La revolución cubana no se impuso con un ejército de afuera sino con una lucha tenaz del pueblo cubano.
-¿Ve usted algo malo en ser parte de una elite política?
-Las personas somos lo que somos. Si Marco es parte de una elite, me gusta que lo sea de una elite de luchadores sociales. Sin embargo, él se ha construido a sí mismo y la gente lo valora por eso. No creo que la gente lo valore sólo por sus ancestros. Ser considerado por todas las encuestas como el candidato más creíble y honesto, me parece muy valioso. Marco está en la cúspide de los mejores atributos. Ésa es la elite que me gusta.
-Felipe Lamarca dice en su libro que la conexión entre elite política y económica mantiene de alguna forma el statu quo de la sociedad chilena. Por ejemplo, el de las desigualdades sociales
-Coincido con Lamarca, y admiro el valor que ha tenido para emitir juicios que han sido privativos del mundo progresista. Sí, creo que las elites económicas generan en Chile a las elites políticas conservadoras. Se ha ido creando una especie de correspondencia entre base y superestructura en un mundo que está férreamente entrelazado. Sobre todo, en el sector de la derecha tradicional. Es obvio que nos estamos refiriendo a ellos, porque en los directorios de las grandes empresas y corporaciones hay muy poca gente del mundo progresista. Y es evidente que los miembros de la elite que detentan el poder económico, pertenecen a un mismo mundo: son Opus Dei o legionarios; son UDI o RN; y son empresarios de gran calibre.
-¿Le hace mal al país esto?
-Es una elite conservadora que no está por el cambio.
-¿Por qué afirmó a The Clinic que algunos empresarios chilenos son clasistas?
-Dije que hay algunos empresarios clasistas. Algunos que miran con desdén, y consideran con menos derechos a las personas que no tienen el mismo estatus que ellos. Aunque hay que decir que hay gente así en cualquier parte y actividad.
-¿Por su condición de empresario, se siente parte de la élite económica chilena?
-Soy parte de los privilegiados de Chile, aunque la envergadura de mis negocios no me califica para las grandes ligas. Sin embargo, soy mucho más liberal y progresista que la mayoría de los que están en este sector.
-¿Ha sentido discriminación por su historia personal?
-Algunas miradas críticas y severas he sentido. Gente que frunce la nariz, como si oliera azufre, prejuicios. Es parte de la división político- histórica que ha habido en nuestro país. Es así: yo pertenezco "al otro mundo", "al otro lado de la raya". Soy progresista y de izquierda, Aunque tengo un montón de amigos que políticamente son distintos a mí. Por fortuna, no tengo en este minuto de mi vida una posición maniquea frente a la sociedad. Eso sí: es un cambio que dan los años.
-¿Ya no piensa en términos de izquierda y de derecha para escoger a sus amigos?
-Hoy no es mi primera referencia de las personas. Antes, era importante porque éramos maniqueos y teníamos demasiadas certezas, era una etapa bastante estéril. Era la lógica de la guerra fría, y en algún momento de nuestras vidas esa distinción significó la vida o la muerte.
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