Por: Andrés Benítez*
Qué Pasa y la Universidad Adolfo Ibáñez distinguieron a Concha y Toro como la "Empresa chilena más destacada en el extranjero". Eduardo Guilisasti, su gerente general, nos cuenta la historia de cómo su compañía invadió el planeta, convirtiéndose no sólo en la marca chilena más internacional, sino también en la segunda más importante de la industria del vino a nivel mundial.
Fotografía: Renato del Valle
Hace algún tiempo, el severo crítico inglés Tim Atkin, dijo que los vinos chilenos eran como el Volvo: seguros, pero aburridos. La frase, si bien irritó a muchos empresarios criollos, motiva una sonrisa en Eduardo Guilisasti, gerente general de Viña Concha y Toro. "La verdad es que los vinos chilenos eran un tanto aburridos y, además, había poca variedad", dice, sin preocuparse mucho de las palabras del influyente crítico de The Times de Londres.
Si hablamos de poder, la voz de Guilisasti no es menor. Es uno de los doce hombres más poderosos de la industria del vino en el mundo, según el último ranking de la revista inglesa Decanter, lista que incluye a personajes como el presidente de Francia, Nicolás Sarkozy. A Eduardo Guilisasti esto lo tiene sin cuidado. El glamour no es su tema. Pero, cuando habla de vino, la cosa cambia y tiene opiniones tajantes y fundadas. No es para menos. Maneja hoy la compañía que, de acuerdo a la consultora inglesa Intangible Business, es la segunda marca más poderosa del mundo del vino. Así las cosas, Concha y Toro es por lejos la empresa chilena más reconocida en el extranjero. Y la única marca local que se destaca a nivel global.
"Esto es un motivo de orgullo para toda la industria nacional, porque todo ha sucedido en un lapso relativamente breve, y es fruto de un trabajo serio e inteligente a nivel país", señala entusiasmado. Porque, pese a la creencia popular, el vino chileno no era un producto conocido hace 20 ó 30 años. Menos reconocido.
-En la década del setenta no existíamos. La única referencia que podía tener un extranjero de Chile era Pinochet. Recién en esos años nosotros comenzamos a exportar en forma seria a América Latina, con vinos que eran de calidad, pero muy simples.
En esos años, la industria del vino era dominada por Europa. Los productos reconocidos se asociaban al territorio o al origen, como Bordeaux, Bourgogne, Rhine o Roija. Francia, por ejemplo, tenía y tiene una asociación de marca muy poderosa: elegantes, con clase, románticos, no por nada eran los creadores del Champagne y Chanel. Esta aura de sofisticación y glamour era tan poderosa en la industria, que en un estudio realizado por la Universidad de Texas, donde se le dio a probar a un grupo de personas tres vinos -uno etiquetado en Francia, otro en California y un tercero en Texas-, consistentemente los encuestados prefirieron el vino francés, pese a que todos ellos eran el mismo producto de Texas.
-Si el origen es fundamental, ¿en qué momento Chile se convierte en un marca atractiva?
-Suceden dos cosas. La primera, es que nuestros vinos comienzan a destacarse por su calidad. Segundo ,y muy importante, por el trabajo que realiza una de las viñas más importantes de California, Robert Mondavi, que logró imponer las variedades por sobre el origen. Ellos cambiaron el eje de industria, acostumbrando a los consumidores a comenzar a hablar de cepas como Cabernet, Merlot, o Malbec. Esto permitió que los productores del nuevo mundo, como el mismo EE.UU., Australia o Chile, entraran a competir en las grandes ligas.
"El origen sigue siendo muy importante en esta industria. En otros productos, como los autos o computadores, la gente no sabe y no le importa demasiado dónde fueron fabricados. En el vino es distinto: el consumidor quiere saber de dónde es el vino".
-Pero de todas formas, el efecto origen sigue siendo importante. Al respecto, algunos expertos señalan que existiría un efecto negativo sobre Chile, porque al contrario de Argentina, por ejemplo, no posee una música, cocina o cultura identificable.
-El origen sigue siendo muy importante en esta industria. En otros productos, como los autos o computadores, la gente no sabe y no le importa demasiado dónde fueron fabricados. En el vino es distinto: el consumidor quiere saber de dónde es el vino. Dicho esto, hoy lo que importa de verdad es lo que los franceses llaman el terroir, que es la mezcla de suelo, clima y variedad. Y junto con ello, la calidad, donde Chile se ha destacado mucho.
-¿Chile tiene algún terroir?
-Chile es reconocido mundialmente por el cabernet sauvignon, y específicamente, por el que se produce en la zona de Puente Alto y Pirque. Ese es un verdadero terroir. Otro, que todavía no está suficientemente posicionado, pero que estamos confiados en que se transformará en algo muy importante, es el Valle de Limarí, donde se puede producir un chardonnay de calidad internacional.
-La idea, entonces, es que en el futuro, seamos reconocido por otras variedades, más allá del cabernet.
-Exacto. Otro ejemplo es el Carmenere, que es una variedad que sentimos muy nuestra.
Si hay algo que caracteriza a Guilisasti es su visión de largo plazo. Dice que la industria del vino es muy diferente a la de la tecnología, donde todo es muy rápido. En la del vino hay que esperar años para ver resultados.
-En el vino las cosas son muy lentas porque no basta con tener un buen producto, lo que ya es muy difícil, sino que se trata de muchas cosas a la vez, como el terroir. Por ello, soy un convencido que lo hecho por Chile es extraordinario. En un período corto de tiempo para la industria de vino, se ha convertido en un actor muy relevante.
-Hay personas que critican que nuestro país se haya posicionado en el segmento de vinos más bien baratos, donde la ecuación precio-calidad es lo más importante. Señalan que de ahí es muy difícil pasar a las grandes ligas con vinos de calidad superior.
-No comparto esa visión. Cuando recién comenzamos a exportar nadie sabía del vino chileno y, además, no se trataba de un producto sofisticado. Era de calidad, pero simple. De esta manera, era imposible plantearse entrar por arriba, sino existía el nombre, ni los productos. ¿Quién iba a tomar un vino chileno caro en los setenta? Nadie. Por ello, si uno mira la evolución de los precios, es claro que Chile sigue el camino lógico y, habiendo asegurado un nombre en el mercado del vino premium hacia abajo, ahora comienza a ser conocido por los súper premium.
-¿Cuándo se produce el punto de inflexión?
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