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Universidades: un mercado bullente

  • Fecha: 18 06 2010
  • Sección: Negocios
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Ésta es la razón por la cual, entre los nuevos controladores de las universidades, ganar participación de mercado es prioritario.

El vicerrector de Planificación y Desarrollo de la San Sebastián, Luis Cordero, cuenta que desde 2008 a la fecha han duplicado el número de estudiantes: de 11 mil a 20 mil. Explosivo también ha sido el crecimiento de la Universidad Pedro de Valdivia -propiedad de Ángel Maulén y Enrique Rodríguez-, que pasó de 1.200 a 7.500 matriculados en tres años.

El potencial del negocio es auspicioso. La cantidad de alumnos que entra a la educación superior crece a tasas del 8% a 9% anual, más de lo que se expande el Producto Interno Bruto del país. Y se espera que este ritmo continúe en los próximos años. Si actualmente hay cerca de 800 mil estudiantes en la educación superior, la proyección es que éstos, el 2003, sean un millón.

La razón de este crecimiento, a juicio del ex presidente ejecutivo de la Universidad Santo Tomás, Rodrigo Alarcón, es la entrada de los segmentos medios y emergentes al mercado educacional. "Como el PIB per cápita ha subido, hoy estos grupos pueden pagar lo mismo que antes pagaba la elite. Y los que no pueden tienen la opción del crédito", dice.

Influencia, el otro negocio

Sin embargo para algunos agentes, la inversión en educación busca ganar en influencia, constituyéndose en un referente para la sociedad. Marcos Büchi, director ejecutivo de la Universidad Santo Tomás, dice que "no hay dudas que esta actividad motiva enormemente a los empresarios que están detrás de este proyecto. Hay que construir generaciones futuras que lleven al país al desarrollo y no cabe duda que ésta es una de las motivaciones para estar en la industria".

Actualmente, para muchos de los grupos económicos que participan en el negocio, no basta con tener compañías eficientes. "Por mucho tiempo lo único que buscaban algunos grupos era ganar plata. Hoy, en cambio, entre sus principios eso no basta. Por eso se acercan a las universidades", sostiene Bruno Krumenaker, vicerrector de Desarrollo de la Universidad Finis Terrae.

Otro interés de los empresarios en el rubro es el acceso al conocimiento. "A cualquier grupo le resulta atractivo tener a mano esa cantidad de inteligencia produciendo y que estén ligados a sus empresas", añade el director de una casa de estudios.

El potencial del negocio es auspicioso. El número de alumnos que entra a la educación superior crece cada año entre 8% y 9%, por lo que se estima que en 2013 habrá un mercado de 1 millón de estudiantes. Por eso, los analistas prevén que la feroz competencia llevará a nuevas compras y fusiones que reducirán el número de planteles.

Krumenaker comparte este punto de vista. A su parecer, "los beneficios directos para los grupos empresariales son el desarrollo de la investigación, que les permitiría mejorar algunos de sus procesos en el resto de las industrias donde participan".

La influencia es también territorio de las congregaciones religiosas. Por eso, no es coincidencia que las órdenes más poderosas del país apuesten por centros de estudios desde los cuales transmitir sus valores y principios. Los Legionarios de Cristo lo hacen a través de la Universidad Finis Terrae, que controlan desde 2007; los jesuitas tienen a la Universidad Alberto Hurtado, y el Opus Dei  a la Universidad de los Andes.

Cartel de venta

En el mercado hay agentes que piensan que los últimos movimientos son un reflejo de una industria que tiende a concentrarse cada vez más.

Según el presidente de Adimark, Roberto Méndez, "vamos a ver una disminución de las universidades a través de las fusiones y adquisiciones. Las más pequeñas y débiles van a ser absorbidas por las más fuertes. No veo que en el largo plazo se puedan sostener más de 60 universidades en Chile".

En ese contexto, los rumores de venta son cosa de todos los días y los compradores están al acecho. Los dueños de las universidades de menor tamaño del país aseguran que permanentemente reciben llamados de inversionistas interesados en entrar a su propiedad. Uno de los más ávidos por ingresar es el grupo que conforman los ex Prospecta Marcelo Brito y Marcos Zylberberg, junto al ex gerente de Sal Lobos, Alejandro Danús, reunidos en la sociedad MM&A. Es sabido que estuvieron detrás del proceso de venta de la Santo Tomás y que sus dardos ahora apuntan a la Universidad del Mar o a la misma Central.

Apollo y Laureate son otros de los que están con apetito. Aunque no confirman que actualmente estén participando en algún proyecto en particular, Hermann Schwarz dice que "Apollo siempre está evaluando todas las posibilidades que se presentan en Chile y en el extranjero".

Son varias las instituciones a las que el mercado les ha puesto cartel de venta. Desde hace un par de años se escucha que la Universidad Gabriela Mistral podría estar en ese proceso y que sus actuales dueños -la familia Romo- estarían animados a vender, al menos una porción.

Es un hecho que la entidad, que capturó parte importante de la elite en los ´90, hoy ha perdido mercado por no estar acreditada, hecho que pretenden revertir, pues actualmente la UGM está en pleno proceso de acreditación.

Frente a la posibilidad de modificaciones en la propiedad, la rectora de la universidad, Alicia Romo, señala: "Algún día, cuando yo no exista, talvez mis herederos podrán hacer cambios".

Además, defiende el modelo de menor tamaño. "Debería ser posible que buenos proyectos pequeños se consoliden en una realidad diferente a los macroproyectos que busca la mayoría, y que, ciertamente, tienen ventajas en lo que dice relación con la formación y preparación de personas", agrega.

Fuentes de la industria aseguran que la Universidad de la República está buscando compradores y que la Universidad Mayor es otra de las que han recibido múltiples ofertas. Sin embargo, el rector de esta última, Rubén Covarrubias, asegura que nunca ha sostenido conversaciones al respecto. Una situación similar enfrenta la Universidad Pedro de Valdivia: sus socios no están pensando en desprenderse. Al menos por ahora. De acuerdo a las estimaciones de este mercado, no es bueno vender antes de, al menos, cinco años de operaciones ya que recién en ese plazo las inversiones comienzan a rendir frutos.

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N° 2073, 31 de diciembre de 2010

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