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En la mente de Casares

Por: Alberto Fuguet*

Poco antes de partir a la regata de Chiloé -finalizada el domingo pasado-, Wenceslao Casares conversó sin apuros. Y no sólo de negocios. Confesó que no lee diarios ni ve tele, pero usa descontroladamente su e-mail. Que se mueve con la información mínima. Que es optimista, intuitivo y adicto a los cybercafés. Que se considera de clase media emergente. Que está fascinado con Puente Alto... Así piensa, en lo más íntimo, el llamado genio latinoamericano de las puntocom.

  • Fecha: 06 02 2010
  • Sección: Negocios
  • Comentarios: 0

Fotografía: Brian Budgeon

La compensación de un éxito muy temprano es la convicción de que la vida es un asunto romántico. Uno sigue siendo joven en el mejor de los sentidos.

(F. Scott Fitzgerald)

Los ricos, dicen, son distintos. Eso lo dijo Scott Fitzgerald a Ernest Hemingway. Lo dijo con algún grado de solemnidad, de envidia y de fascinación. Los ricos son distintos. Hemingway, famoso por bajar todo a tierra y ojalá acotarlo con un punto seguido, le respondió que sí, que eran distintos porque tenían más plata. Al final, quizás el más rico de los dos terminó siendo Hemingway, con casas por todas partes y un estilo de vida que lo llevó a los cinco continentes en busca de safaris, peces espadas y de sí mismo. Wenceslao Casares (35) tiene algo de un personaje de Hemingway, en el sentido de que se siente un tipo cualquiera y se relaciona mejor con los que hacen que con los que sueñan; y tiene algo de los personajes de Fitzgerald que se han reinventado y, quizás por el dinero o el glamour asociado a ello, terminan siendo observados y, sobre todo, mitificados por el resto.

Cuando me junté con Casares, él venía de navegar todo el día en el yate que arrendó a Nicolás Ibáñez, con VTR como sponsor. Venía con un grupo de amigos, todos hombres, de toda la vida, que habían llegado de todas partes del mundo para unirse a la Regata Bicentenario Chiloé 2010 (algo que le habría fascinado a Hemingway). Estaba rodeado por la elite más elite del país, a días del triunfo de Piñera y lo que se percibía en el ambiente del Club de Yates Reloncaví era ese tipo de sencillez que cuesta mucho dinero y que claramente no es adquirido, sino que es parte de una tradición. Esto, claro, le hubiera encantado a Fitzgerald. Casares tiene algo de Gatsby, pero digital. En vez de hacer fiestas para los chicos de moda, organiza almuerzos en Las Majadas de Pirque, su casa, para que las mentes más emprendedoras de la región se conozcan y hagan click. Casares ha recorrido el mundo en yate con su familia, pero, quizás por eso, a veces va a cenar a los aeropuertos de las ciudades grandes donde está de paso, "para sentirse en casa". Dice que le gustaría quizás fundar una universidad o hacer algo ligado a la educación porque tiene claro que ésa es la verdadera brecha que existe en el mundo. Cuando le dije al final que él podría ser un excelente profesor, Casares calló, se sintió tocado, emocionado, y me dio las gracias.

-Che, es un honor que alguien piense eso de mí.

Optamos por no hablar de dinero ni de negocios. Algunos me advirtieron que me quedaría sin tema, que los ricos no saben hablar de otra cosa. La idea era ver cómo funciona la mente que logra hacer el tipo de negocios que fascina a los demás.

Cosas que no hablé con Casares a orillas del Seno de Reloncaví el día antes que partiera la regata: no hablamos de Patagon.com (empresa que le dio el título de emprendedor estrella y que vendió, hace una década, en más de US$ 500 millones) ni de Lemon Bank, casi no hablamos o entramos en detalles de la venta de Wanako Games a Vivendi o de Bling Nation, su nueva obsesión, que busca potenciar los celulares como medio de pago electrónico. No hablamos de cifras o de dinero, pero claro, es difícil esquivar del todo el tema cuando el aire del lugar está empapado de ello.

Casares dice que le gustaría fundar una universidad o hacer algo ligado a la educación, porque tiene claro que ésa es la verdadera brecha que existe en el mundo. Cuando le dije al final que él podría ser un excelente profesor, Casares calló, se sintió emocionado y me dio las gracias: "Che, es un honor que alguien piense eso de mí".

- ¿Tú usas mucha tecnología?

- No sé si tanto.

- ¿Cómo que no sabes?

- Y, no sé, no creo.

- ¿Juegas videogames?

-No. Soy muy malo. Pero no tengo nada moral con ellos. He invertido en ellos: Wanako Games. Pero no es lo mío, no.

- ¿Tienes Facebook?

- Sí

- ¿Twitter?

- Sí, pero mirá, no tengo televisión. No tengo tele en la casa.

- ¿Lees mucho?

- Me encanta ir a librerías y pasar mucho tiempo chusmeando. Cuando me fui a dar la vuelta al mundo vendí mi casa y todas las cosas que tenía, menos mis libros. Mi biblioteca es mi bien más preciado. Después de comprarme los libros físicos, generalmente los leo en el Kindle, porque me queda más cómodo para viajar. Me mando al Kindle no sólo el libro que estoy leyendo, sino todo lo que mis amigos me mandan; es más práctico llevarlo todo ahí.

- ¿Lees diarios?

- No. A veces los hojeo, en internet, algunos. No es un rito. Lo que más hago es leer los links que me envían.

- ¿Quién te envía esos links?

- Y... gente, amigos, amigos de amigos, conocidos, gente que uno conoció o conversó, qué se yo. Pero si tú me envías un link, yo lo abro. Confío en esos links, deduzco que son importantes, que valen la pena. Confío tanto en mis amigos como en los extraños. Cuando no leés diarios y no ves televisión, es increíble la cantidad de tiempo que tenés para leer lo que te mandan. Por algo te lo mandan, ¿captás? Ese envío tiene un valor extra. Vale mucho más la pena gastar el tiempo en aquello que te enviaron que estar por ahí a la caza, navegando por navegar. No gastás tiempo sino que tenés un tiempo nuevo. Si yo leyera a full todos los diarios financieros, todas las páginas financieras, me paralizaría.

- Me perdí. ¿Por qué? Por eso que llaman análisis de parálisis.

- Por ahí. Pero al revés: parálisis del análisis. Y tiene algo de cierto eso, sí. No podría tomar decisiones tan de adentro si tuviera tanta información que me asustara. Me pondría cauteloso. Y eso, en mi rubro, es peligroso. Estaría todos los días enfrentando a mi intuición con los números, las tendencias, las alzas y me estaría diciendo: "Sos un boludo, calma, calma; mejor no, hoy no, esperemos"... Y así no te tirás a la pileta. No te podés lanzar al agua con ansiedad, aterrado.

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N° 2073, 31 de diciembre de 2010

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