El gerente general de Consorcio, Patricio Parodi, ha debido actuar como emisario entre Fernández y Hurtado y monitorear las principales inversiones de la compañía durante el 2009.
Pese al quiebre entre los primeros socios chilenos de Consorcio, la compañía no ha dejado de funcionar.
"Lo ocurrido no ha interferido en nada con el desempeño de las empresas", asegura una alta fuente de la entidad.
La compra del negocio de los fondos mutuos de Compass en Chile -en sociedad con LarrainVial-, en agosto pasado, y la reciente adquisición del banco Monex a los Ergas, dan cuenta de esta actividad.
Los resultados de la compañía también lo demuestran. Tras un 2008 en que el holding registró pérdidas, al tercer trimestre, el área de Seguros de Vida -el core business de Consorcio- arroja utilidades por $ 74.112 millones (unos US$ 146 millones) y la Corredora de Bolsa ha incrementado fuertemente sus ganancias.
Para graficarlo, una fuente del mercado asegura que casi toda la utilidad del grupo proviene de la intermediación de instrumentos en Chile y en el exterior, "lo que es sólo atribuible a sus ejecutivos, ya que son negocios del día a día", destaca este experto.
Eso sí, la manera de relacionarse entre Hurtado y Fernández se hace estrictamente a través de terceros, específicamente del presidente de Consorcio, Juan Bilbao, y de su gerente general, Patricio Parodi.
"Parodi estructuró completamente lo de Compass, mientras las conversaciones con la familia Ergas (los dueños de Monex) estuvieron a cargo de Francisco Ignacio Ossa, hoy gerente general del banco, quien le reportaba a Parodi", explica un profesional que sigue el movimiento de la aseguradora.
El protocolo de negocios en Consorcio dicta lo siguiente. Cuando una decisión es de varios millones de dólares se lleva al comité de los miércoles y de allí es aprobada o rechazada por el directorio. Como Hurtado dejó de asistir a los comités de inversión, lo reemplaza su hermano Pedro, quien siempre ha llevado los temas inmobiliarios de la familia.
En el directorio de Consorcio, en todo caso, el segundo de los hermanos Hurtado no ha sido reemplazado y su único representante continúa siendo el economista Hernán Büchi, en quien "confía ciegamente".
Como Juan Hurtado dejó de ir hace 18 meses a las reuniones de mesa, "se deciden y financian las operaciones de acuerdo a la participación que tiene cada uno", asegura un miembro de la directiva.
Fuentes cercanas al directorio aseguran que Parodi y Bilbao se han encargado de que "la sangre no llegue al río" y de evitar que alguno de los socios históricos tome una decisión definitiva, como salirse de uno de los negocios. Eso sí, la misma persona advierte que la "dupla de oro", como se conoce a estos ejecutivos, está comenzando a cansarse "de oficiar de recaderos de Fernández y Hurtado" y afirman que estarían intentando que se llegue a un acuerdo.
Lo que está claro es que tratándose de una firma cuyo valor supera los US$ 1.200 millones es poco probable que uno de los socios le compre al otro, dado el tamaño de la operación. Consorcio posee un patrimonio que ronda los US$ 800 millones y maneja activos por US$ 6.800 millones.
Además, están los otros negocios. En la minera Pucobre -valorada en US$ 900 millones- sólo son socios Fernández y Hurtado, pero además hay una serie de familias con participaciones menores. La propiedad de Entel tampoco es fácil de resolver. A través de Almendral, ambos socios junto al clan Matte son dueños del 54,76% de la firma. En valor en Bolsa, ese porcentaje equivale a cerca de US$ 1.800 millones.
"Para Juan, Entel es especialmente sensible, ya que se trata de una operación que él armó 'de pe a pa', y coordinó con Bernardo Matte", señala un amigo de Hurtado.
En caso de que éste fuera hipotéticamente el escenario -la compraventa de las respectivas participaciones-, el mercado apuesta porque Hurtado sea quien compre a los otros accionistas ya que su fuerte siempre han sido las finanzas, mientras que Fernández ha privilegiado el negocio de bienes raíces, a través de su empresa FFV, donde Garcés también posee una participación.
La tesis dos es que los socios resuelvan sus diferencias y se sienten a conversar, lo que, dado el tiempo transcurrido, la mayoría estima como improbable.
La alternativa que se estima como más viable es que se mantenga el statu quo hasta que las cosas decanten. Como argumento para esta hipótesis se menciona que el resto de los hermanos Hurtado Vicuña no tiene problemas con Fernández León ni con Garcés y, además, que el "Negro" ha comenzado el reordenamiento para que sus hijos asuman su relevo. "Él se ha desvinculado del manejo diario y está preparándose para el recambio a través de un reordenamiento societario de todos sus activos", asegura un miembro de su círculo íntimo.

Eduardo Fernández León (71) y Juan Hurtado Vicuña (62) se conocen desde la década de los 70, cuando coincidieron en Forestal, el holding de Manuel Cruzat.
Las razones del ingreso a la firma del mítico empresario eran distintas. Fernández fue compañero de curso de Cruzat en el colegio y la universidad y, además, canjeó sus títulos en la compañía por bosques. Hurtado había invertido en ella parte del patrimonio de su familia: US$ 4 millones heredados de su padre junto a sus cinco hermanos.
Poco antes de la crisis de 1982, ambos exhibieron el olfato que los haría famosos dos décadas más tarde. Primero Fernández y luego Juan -en representación de los 6 hermanos Hurtado Vicuña- decidieron vender su participación en la firma de los Cruzat, que meses después sería parte de las empresas intervenidas y liquidadas a contar de 1983. La venta los dejó con una liquidez que invirtieron en el mercado accionario (Hurtado) y en el desarrollo de proyectos inmobiliarios (Fernández).
En 1987, Fernández invitó a los Hurtado Vicuña a unirse al grupo Chilquinta, que surgió de la privatización de Laboratorio Chile y Chilectra V Región.
Desde allí, y teniendo a Chilquinta como buque insignia, las operaciones no se detendrían. Primero fue Pucobre; luego vino la compra de la sanitaria Esval y la salida y reingreso a Entel, transacción diseñada íntegramente por Hurtado Vicuña. La primera vez que Hurtado entró a la empresa de telecomunicaciones fue en 1993. Luego la vendió en 2001 a Telecom Italia en una transacción que implicó -en conjunto con Fernández, los Matte, la familia uruguaya Gianoli y el clan Izquierdo- obtener US$ 850 millones por el 25%. Sólo cuatro año después, los socios volvieron a la carga, esta vez comprando el 54% en US$ 900 millones.
En 1997, Hurtado y Vicuña compraron el 50% de Consorcio a Bankers Trust en US$ 218 millones. La otra mitad se la adquirieron a la entidad estadounidense en 1999. Pagaron US$ 153 millones.
« Anterior | 1 | 2
¿Quieres comentar? Inscríbete, es gratis. Si ya eres miembro, Ingresa.
por: Emilio Maldonado
Comentarios 0
por: Josefina Ríos
Comentarios 0
por: Lorena Rubio
Comentarios 0
por: Álvaro Bisama*
Comentarios 0
por: Alejandro Alaluf B.
Comentarios 0
por: Andrew Chernin
Comentarios 0
por: José Manuel Simián, desde Nueva York
Comentarios 0
por: José Zalaquett*
Comentarios 0
por: Alberto Fuguet*
Comentarios 0
por: Daniel Greve*
Comentarios 0
por: Rodrigo Fresán*
Comentarios 0
Los datos entregados son de exclusiva responsabilidad de quien los emite. Los comentarios enviados están sujetos a los criterios editoriales de Qué Pasa.
Se prohíbe expresamente la reproducción o copia de los contenidos de este sitio sin el expreso consentimiento de Consorcio Periodístico de Chile S.A.