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La vida sin Cencosud

  • Fecha: 28 11 2009
  • Sección: Negocios
  • Comentarios: 1

"No me siento retirado para nada"

-¿Tiene proyectos concretos para el 2010?

- Los huevos hay que cacarearlos cuando se ponen. Hay proyectos en todos los ámbitos, profesional y personal. Distintas cosas. Pero yo soy un empresario pequeñito, del nivel de este restaurante, por ejemplo. No es algo que va a mover la economía nacional.

- ¿Piensa volver a emplearse alguna vez?

- Lo he tenido que pensar y he rechazado varias propuestas muy atractivas. Pero la verdad es que le he puesto harta cabeza a esta opción que tomé. Pero sí, he pensado en volver. Lo único que me hace pensar es que todavía, dentro de todo, tengo 48 años. Y la verdad es que no me siento retirado para nada, es sólo que uno cambia de enfoque. Por ahora estoy bien así.

"Lo más relevante (de Paulmann) tiene que ver con la perseverancia y ese empuje que él tiene, ese afán de salir siempre adelante, de empujar contra viento y marea los proyectos en los cuales cree. Es algo notable en él, y creo que yo de alguna manera también asimilé ese empuje".

- ¿Descarta, entonces, aceptar alguna oferta y dejar la independencia?

- En la vida no hay nada que se pueda descartar. Hemos visto muertos cargando adobe, así es que nunca he de decir "de esta agua no he de beber". Pero la verdad es que desde mis inicios laborales, el tema de la independencia era una inquietud. Siempre la vida de independiente y de empresario me ha atraído, pero resulta muy difícil que un ejecutivo salte de un puesto seguro con un sueldo mensual a una cosa así. No es una cosa muy común. La mayor parte de los emprendedores o lo hacen desde muy jóvenes, cuando no tienen nada que perder, o cuando enfrentan un cambio en su vida, como quedar cesantes y en la necesidad se ven obligados a emprender. Pero no es el camino común el que un ejecutivo salga de un mundo tan seguro como es recibir un sueldo mensual, a un mundo de independiente. A mí me ha gustado mucho esta experiencia.

- En términos de remuneraciones, ¿es un cambio importante?

- Uno se mantiene en un nivel bastante razonable. Todo depende de lo que tú hagas. Pero en lo personal, en materia económica no me puedo quejar. Nunca mi vida ha sido demasiado sofisticada. Yo no soy de helicópteros ni de yates. Con que mis hijos vayan al colegio y poder viajar de vez en cuando, soy feliz.

- ¿Cómo resume su 2009?

- Ha sido un año muy enriquecedor. Trabajé 25 años en forma dependiente, y nunca tuve un período de cesantía ni de independencia forzada o no forzada. Por lo tanto, fue una experiencia completamente distinta esto de no tener una dependencia directa. Una experiencia distinta y tremendamente satisfactoria. Además, coincidió que me tocó en un período de crisis muy fuerte y quedé muy gratamente sorprendido.

- ¿De qué?

- De dos cosas. Por un lado, me han ofrecido muchas alternativas laborales, de distinta naturaleza. Yo le decía a la Karin: "Qué suerte que estamos en crisis, imagínate cómo habría sido sin crisis". Y lo segundo, es la cantidad de amigos y conocidos que se te acercan. Sin querer, uno tiende a pensar que en estas circunstancias, cuando uno ya no está en un cargo tan relevante, vas a perder cercanía con un montón de gente. Pero la verdad es que he tenido mucha gente cercana con la que he mantenido contacto. Eso me tiene bien contento.

"¿Me lo arrienda?"

En diciembre pasado, justo cuando Laurence Golborne anunciaba su renuncia, concluyeron las obras del Mirador del Alto, el sector gourmet del Alto Las Condes. En esa época, la crisis económica se había desencadenado con fuerza y, según Golborne, algunos de los restaurantes que se instalarían en ese sector desistieron de hacerlo. "Cuando me fui de Cencosud, muchos se habían bajado del proyecto, pese a que el Mirador es un lugar extraordinario", cuenta. Como él siempre soñó con un restaurant, habló con los ejecutivos de Cencosud. Ahora desde el otro lado de la mesa. Les dijo: "Me interesa el local de la esquina. ¿Me lo arriendan?". Llegaron a acuerdo.

Entre marzo y abril, Golborne y su mujer, Karin Oppermann, diseñaron el proyecto. Como estaban en un mall, los precios debían ser accesibles. Los platos tenían que ser impecables en calidad y presentación. Optaron por la cocina mediterránea, pues, según Oppermann "queríamos platos sanos, con poca grasa, mucho aceite de oliva, con pescados y mariscos". Para el diseño, se inspiraron en restaurantes que habían visto en Egipto y Nueva York.

Después, Golborne comenzó la búsqueda de los socios. Invitó a su oficina a Vittorio y Dante Arrigoni -con quienes comparte un directorio- y a Juan Antonio Guzmán, su ex profesor de Ingeniería en la UC y ex jefe en Gener. "Como Laurence es mateo, y es el caso del discípulo que superó al maestro, nos hizo una presentación que nos demostró que tenía todo perfectamente programado. No me quedó otra que decirle: yo te creo", recuerda Guzmán. Lo mismo hicieron los Arrigoni, quienes además sumaron a dos mujeres de ese clan: las hermanas Dina y Emilia.Para definir la carta, en abril entrevistaron a varios chefs hasta que se decidieron por el joven chileno-español Paulo Martínez. Luego, vino la degustación de los platos. Se hicieron tres sesiones de comidas, en las casas de los socios, donde Martínez les dio de probar 15 entradas, 15 platos de fondo y 15 postres. "Fue muy entretenido, pusimos nota a los platos e hicimos sugerencias", dice Golborne.

En julio contrataron al arquitecto Claudio Elfenbein -quien estuvo a cargo de La Mar, El Cívico y Tanta-, quien junto a Karin idearon un moderno diseño cargado de colores verde oliva, amarillo, blanco y negro. En octubre, tras seis meses de trabajar el proyecto y una inversión de US$ 1 millón, inauguraron Oliva Limón. Uno de los primeros comensales fue Horst Paulmann. "Lo invitamos para que probara nuestros platos y le gustó bastante", cuenta Golborne.

Todos confían en que el restaurante, además de un buen hobby, será un negocio rentable. ¿Piensan replicar el modelo en otras locaciones? Golborne responde: "No lo descartamos para nada. Si resulta, perfecto. Pero vamos por parte". Desde la cabecera de la mesa, Juan Antonio Guzmán lo corrige: "Tenemos pensado el Costanera Center. Ahí Laurence tiene un buen pituto". Todos los socios estallan en carcajadas.

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N° 2071, 17 de diciembre de 2010

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