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Los wanakos despiertan en Atakama

  • Fecha: 21 11 2009
  • Sección: Negocios
  • Comentarios: 0
Tiburcio, a la izq.,es el inquieto. Esteban, a la der., el callado. Juntos son Atakama Labs.

Tiburcio, a la izq.,es el inquieto. Esteban, a la der., el callado. Juntos son Atakama Labs.

Fotografía: José Miguel Méndez

Sin perder el control

El fotógrafo les pide que se acerquen. Para que la imagen salga buena necesita que estén más pegados. Ahí es cuando comienza el show y aparecen las diferencias. Tiburcio, que tiene 37 y es dos años mayor que Esteban, es el más inquieto, el que habla más, el que lanza bromas. Esteban, en cambio, es más quieto. Un poco más callado. Una persona, que a diferencia de su socio, sí tiene un perfil serio en una red social como LinkedIn.

Los flashes se suceden y el fotógrafo les pregunta si son amigos. Si se llevan bien. Tiburcio dice que sí, pero que son muy distintos. Que pelean harto, porque procesan las cosas de forma distinta. Que, como explican por correo días más tarde, Esteban es el cerebro y Tiburcio el corazón de la sociedad que -si nada ocurre- comenzará a conocerse como Atakama Labs a partir de hoy, viernes. Una compañía que, a diferencia de la vez anterior, se enfocará en crear juegos sociales y no juegos casuales como era el caso de Wanako. Se trata de un género que además de ser online opera como plataforma o red social.

Ése es el nicho que pretenden abrir y conquistar. Un espacio en el que crean universos virtuales donde convergen varios jugadores en línea. Un mundo donde la experiencia del juego se enriquece por la presencia de otras personas. Eso fue lo que sintieron con el estallido de redes como Facebook. Y para allá sentían que tendrían que apuntar si querían intentarlo de nuevo. Para comprender las dimensiones del asunto hay que entender, como explica Esteban, que hoy "los juegos online son el 10% de la industria de videojuegos". Y lo que hoy es un 10%, en dos o tres años podría pasar a representar el 80% del mercado, estiman.

Esteban y Tiburcio tendrán control completo en Atakama Labs. A diferencia de lo que pasaba en Wanako, ahora serán responsables de la creación, distribución y éxito o fracaso del videojuego.

Pero el riesgo -la apuesta si se quiere- no sólo se queda ahí. Esteban y Tiburcio, a diferencia de lo que pasaba en Wanako, tendrán control completo en Atakama Labs. No será simplemente una empresa de servicios que crea juegos por encargo para otros: por sus manos pasarán la creación, distribución y éxito o fracaso del juego. Y todo desde Santiago de Chile.

Con esa idea, estuvieron ocho meses hablando con inversionistas y reuniendo el dinero que necesitaban. Les explicaban su visión del negocio, les decían que su proyecto respondía a una evolución de la industria de los videojuegos. Les contaban que Atakama Labs -que fue el nombre que escogieron porque remitía a Chile y porque a diferencia de Wanako tenía que ver con el norte y no el sur- era algo ambicioso. Que habían estudiado el mercado y que habían diseñado un modelo de negocios llamado "freemium" en el que los juegos son gratis, pero si el usuario quiere tener una experiencia más rica -como tener acceso a más opciones- debe pagar. 

Lograron recabar US$ 4 millones. Un monto que, según los cálculos de Sosnik, debería financiarlos por tres años.

Y ahí, otra vez, sintieron el vértigo y la adrenalina. Esteban volvió a viajar entre Santiago y California para ver nuevamente el área comercial de una empresa que él fundó y que depende mucho más de él. Tiburcio volvió a hacerse cargo de la formación y búsqueda de talento. Retomó los contactos con universidades y volvió a preguntarles a sus amigos por gente que podría servirle. Volvió a convencerse de que en Chile había materia prima y al momento de esta entrevista pedirá por favor que aparezca eso. Que está buscando gente.

Atakama Labs

Minutos más tarde, Tiburcio de la Cárcova reconocerá que este proceso se parece mucho a un juego en el que hay que ir pasando etapas. Explicará lo adictiva que es esa sensación de partir de nuevo. Dirá que muchas veces le han preguntado por qué cambió la seguridad, el confort y un trabajo, como el que tenía en Wanako, que seguramente era el sueño de mucha gente. Que le preguntaban por qué cambiaría algo así, por una montaña rusa. Y dirá que fue justamente por eso. Porque buscaba un desafío mayor.

Y entonces hará sentido que, dos horas antes, él se haya quejado con el fotógrafo de que siempre le piden lo mismo. Que diga que siente que no puede probar cosas distintas, porque alguien más, alguien externo, siempre quiere que repita lo que ya funcionó antes. Sólo entonces quedará claro que esa foto, esa pose que siempre les piden a Tiburcio y a Esteban, es una forma de probarlos. De ver cuánto duran antes de equivocarse. Pero eso, parece, era algo que Esteban ya había entendido. Porque antes de que termine la entrevista, cuando le pregunto por qué cree que lo puede lograr de nuevo, responde en inglés una confesión simple y demoledora.

-Once you're lucky. Twice you're good.

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N° 2071, 17 de diciembre de 2010

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