En 1979, cuando se publicó Mapa de la Extrema Riqueza, el economista Rolf Lüders era uno de los ejecutivos más importantes del grupo BHC, liderado por Javier Vial, que en aquellos años controlaba el 10% de las empresas más grandes de Chile. Protagonista de una época marcada por los cambios en todos los sectores de la economía y el surgimiento de grupos empresariales sumamente agresivos, Lüders revisa este periodo histórico y el impacto público que generó el libro.
Rolf Lüders, era uno de los principales ejecutivos del grupo BHC cuando se publicó el libro.
- ¿Cómo caracterizaría usted el contexto económico, político y social de Chile cuando se publica el Mapa de la Extrema Riqueza?
-Fue un período de gran euforia, especialmente entre los agentes económicos. El PIB per cápita de Chile venía cayendo desde comienzos del siglo XX en relación al de todas las regiones, excepto África. A pesar de haberse intentado la aplicación de varios modelos de muy diversa índole para revertir la situación, nada parecía funcionar. Para agravar la cosa, éramos incapaces de derrotar una elevada tasa de inflación y además habíamos vivido, pocos años antes, la aguda crisis económica, social y política de la Unidad Popular y la fuerte recesión de 1975. Pero en 1979 la economía ya llevaba tres años de fuerte crecimiento económico, con una inflación en franca retirada. Había gran confianza en que el nuevo modelo -basado en la economía de mercado que había llevado al desarrollo a EE.UU. y Europa- nos daría prosperidad y estabilidad. De allí la euforia.
- En el prólogo del libro se plantea que el autor no busca con la publicación hacer juicios políticos ni morales sobre el país. Sin embargo, éstos se encuentran implícitos en casi toda la obra. ¿Qué reacciones produjo?
- El libro fue aplaudido por aquellos que criticaban el modelo económico que se estaba implementando. Entonces -por motivos que no necesito explicitar- era difícil hacer crítica política, por lo que se utilizaba la crítica al manejo económico -a la cual las autoridades de entonces no se oponían- para hacer política. Además, no se debe olvidar que entonces los sectores hoy afines a la Concertación eran, en general, críticos acérrimos del modelo.
-¿Cómo fue recibido entre los ejecutivos y socios del grupo BHC?
- Positivamente. El grupo -que obviamente tenía conciencia que estaba manejando muchos activos- se dio cuenta de que no bastaba con tratar de hacer bien las cosas y que también debía hacer un gran esfuerzo por transmitirle al país que dicho manejo era útil para toda la comunidad, en términos de los bienes, servicios, empleo e impuestos que generaba. Los asesores de comunicaciones contratados sugirieron que, dado el tamaño del grupo -unos 10 mil trabajadores-, tal información se debía canalizar al resto del país por boca de los propios trabajadores. Y así se hizo. Pero también hicimos ver que el estudio de Dahse tenía un grave defecto metodológico, que lo llevó a confundir riqueza -que el grupo BHC no tenía ni cercanamente en la medida que él estimaba- con control sobre activos.
Anacleto Angelini y Manuel Cruzat
- Hay quienes sostienen que tanto la UP como el régimen militar promovieron la extrema concentración de riqueza en Chile. ¿Comparte esto?
- Concentración de la riqueza siempre ha habido en Chile y en el mundo. Ya Ricardo Lagos, en su tesis de graduación de la Escuela de Derecho, ilustró la situación de mediados de siglo XX en Chile. No obstante, las nacionalizaciones de las aproximadamente 500 mayores empresas bajo el gobierno de Allende llevaron la concentración a un extremo: casi toda la riqueza y todo el poder en manos del Estado. Luego, bajo el gobierno de Pinochet, cuando se privatizó la mayoría de las empresas estatales, no se aprovechó la oportunidad para redistribuir esa riqueza en forma mucho más amplia, a pesar del esfuerzo hecho por Hernán Büchi en la segunda ronda. La privatización de Codelco durante los gobiernos de la Concertación podría haber sido utilizada como un instrumento para aumentar su eficiencia y al mismo tiempo redistribuir riqueza. Pero tampoco se hizo.
- En su obra, Dahse asegura que los grupos económicos ejercían presión e influencia sobre las políticas económicas y sociales impuestas por el gobierno militar. ¿De qué manera ocurría esto?
- Mi experiencia es exactamente la contraria. Por una parte, los dos mayores grupos -Cruzat-Larraín y BHC- no participaban en forma destacada en los principales gremios empresariales, salvo Javier Vial en la Asociación de Bancos. Tanto así, que recibieron duras críticas de parte de éstos. Por otra parte, el poderoso ministro de Hacienda de la época era -correctamente, a mi modo de ver- extremadamente impermeable a presiones de todo tipo. El ministro prácticamente no daba audiencias a empresarios o grupos de interés, siendo muy criticado por ello. Es cierto que los conglomerados tenían departamentos de estudio que opinaban públicamente en materia de política económica. Pero ello no significó en absoluto que el gobierno recogiera sus sugerencias, que, por lo demás, no eran siempre coincidentes.
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