Por: Joseba Elola
El sitio Politico.com es uno de los experimentos web más exitosos del mundo. Han convertido el Capitolio en un pequeño Hollywood: las maniobras, los disparos, las carreras meteóricas, los engaños. Todo el día, sin parar. Cientos de informaciones políticas en un mundo donde, paradójicamente, la política pierde rating. Jim Vandehei, su director, relata la fórmula.
Jim Vandehei llevaba 15 años haciendo periodismo político en Washington. En la Cámara de Representantes, en el Senado, en la Casa Blanca. Para The Wall Street Journal, para The Washington Post. Su sueño ya se había cumplido. El chico ambicioso del Medio Oeste americano que un día de San Valentín de 1995 dejó su Oshkosh natal, Wisconsin, para convertirse en reportero político ya era una firma consolidada. "¿Por qué los reporteros políticos son mucho más divertidos de escuchar que de leer?", fue una de las primeras preguntas que se hizo junto a su colega, su jefe en The Washington Post, John Harris.
Empezaron a elucubrar. Sí. Una web. Sólo de política. Con los mejores reporteros de Washington. Periodistas que te cuenten la intrahistoria, lo que se comenta en los pasillos. Periodistas que te lo cuenten al instante. De la fuente al reportero y del reportero al sitio web. Corría el año 2006.
Presentaron su idea a un empresario antes de hablar de ello en su periódico. Apareció Robert Allbritton, joven ariete de la dinastía periodística de los Allbritton, propietarios de los canales de televisión WJLA y News Channel 8 y ex editores de The Washington Star; un hombre que llevaba tiempo dándole vueltas a la idea de sacar de nuevo un periódico político en Washington DC. Unieron fuerzas. Trato hecho.
Vandehei y Harris llegaron al Post y contaron su proyecto. "Tenemos a alguien que respalda nuestra idea", les dijeron a sus jefes. El Post les propuso hacer el proyecto con ellos. Pero ya estaban dispuestos a volar solos.
-¿Es cierto que ya tenían registrado el dominio postpolitics.com cuando hablaron con sus jefes en el Post y que luego se lo revendieron?
Vandehei sonríe, titubea, baja los párpados. Sentado en su pequeño despacho en Wilson Boulevard, en un edificio que mira al Capitolio, pero al otro lado del río Potomac, sonríe cual niño pillo que confiesa un pecadillo. Es prácticamente la única sonrisa que concede durante la entrevista. "Bueno, bueno, sí, es verdad -se queda en silencio-. Eh... Hubo un poco de tensión, no demasiada, pero hubo algo de tensión, obviamente, cuando dejamos el Post, está claro, estaban cabreados. Fuimos rápidos y también quisimos ser transparentes, y les dijimos: Miren esto es lo que vamos a hacer, lo que básicamente supuso mostrarles nuestro plan de acción. Oímos rumores de que ellos iban a fundar una web para tratar de aplastarnos. ¿Es eso lo que están intentando hacer?, ¡una mierda! Nadie había comprado el dominio de postpolitics.com, así que lo hicimos. Era una manera de pararles los pies. Se sorprendieron al ver que éramos los propietarios de esa marca. Pero se la devolvimos".
-¿Por cuánto?
-No fue una cantidad astronómica: se la vendimos por lo que nos había costado. No me acuerdo, no era demasiado, pocos miles de dólares, alrededor de 2.000 o algo así. Hay rumores de que se la vendimos por un millón, pero no es cierto. Acabó en un acuerdo de caballeros.
Vandehei y Harris arrancaron con la idea de contratar a una docena de reporteros: seis cracks de Washington y seis reporteros jóvenes con ganas de comerse el mundo. "Éramos una banda de garaje", dice Vandehei, empuñando su botella de Diet Coke. Tenían las ideas claras. La era institucional de los periódicos es agua pasada. Lo importante son los talentos individuales, la confianza ha migrado del medio al reportero. Legisladores y miembros de los lobbies quieren leer a la firma de la que se fían.
Con cifras de usuarios únicos que oscilan entre los 3 y 4 millones, según Nielsen, editan una versión gratuita en papel que se distribuye en las calles y centros de poder de la capital: 32.000 ejemplares de un periódico tabloide sencillo, compacto y directo.
Arrancaron con un sitio web un tanto mediocre, el 23 de enero de 2007. Les llevó un año que tuviera aspecto de web de nueva generación. Noticias al instante desde los pasillos del Capitolio, cotilleos, investigación, reporteros con cámaras de video. Tres años y medio más tarde, Politico.com es uno de los experimentos web más exitosos del mundo. Han convertido el Capitolio en un pequeño Hollywood de la política: las maniobras, los disparos, las carreras meteóricas, los engaños. Su sección Politico 44 es un auténtico diario del minuto a minuto del presidente Obama. Han impuesto un ritmo endiablado que ha cambiado el tempo de los medios norteamericanos: las noticias se queman en 20 minutos. Hace un año tenían 100 empleados. Ahora son 145. Para final de 2010 serán 170, dice Vandehei.
Pero, sobre todo, se han convertido en referencia. En Washington, las mañanas arrancan cuando Mike Allen, un reportero de la vieja escuela, procedente de la revista Time, cuelga su primera entrega noticiosa, la que marca el rumbo del día. Allen se levanta a las 4.30. A las 6, el mundillo político ya se puede conectar a politico.com para ver qué dice.
"El 2009 fuimos ligeramente rentables; este año tenemos un confortable margen de beneficios, en torno al 25%", confiesa Vandehei, de 39 años, impecablemente trajeado y con un cartelito que cuelga de su solapa con su nombre de pila rodeado de dibujitos naifs. "Empresas de defensa o activistas medioambientales pagan mucho dinero para influir en el legislador. Se dirigen a Politico porque saben que Rahm Emanuel -mano derecha de Obama- o Nancy Pelosi -presidenta de la Cámara de Representantes- verán su anuncio".
Con cifras de usuarios únicos que oscilan entre los 3 y 4 millones, según la consultora Nielsen, editan una versión gratuita en papel que se distribuye en las calles y centros de poder de la capital: 32 mil ejemplares de un tabloide sencillo, compacto y directo que proporciona entre el 50% y el 60% de los ingresos. El resto, publicidad de la web.
-¿Cómo explica que todo haya ido tan rápido?
-Fue una buena idea. Tuvimos suerte con el momento del lanzamiento. Nos fuimos del Washington Post a finales de 2006. Dentro de 20 años, cuando se hable de la historia de los medios, se dirá que un cambio revolucionario se produjo a finales de 2006: fue el año en que empezó la transición de los viejos medios hacia un periodismo basado en la web y otros dispositivos móviles. Cuando nos lanzamos, nadie sabía que toda la maldita industria reventaría. No es que lo hubiéramos anticipado, tuvimos suerte. La gente se quedó fascinada con nuestro proyecto. The New York Times, The Wall Street Journal, todo el mundo escribía sobre nosotros: en momentos de penumbra, ahí aparecía un medio que empezaba a contratar gente. Salimos en enero y en mayo ya estábamos copresentando un debate presidencial. ¡Era inaudito!
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