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El sicoanálisis de Norman Foster

  • Fecha: 18 06 2010
  • Sección: Mundo
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El interior del nuevo aeropuerto de Pekín, obra de Norman Foster.

El interior del nuevo aeropuerto de Pekín, obra de Norman Foster.

Lady Elena

Poco se parece hoy Elena Ochoa a la popular doctora Ochoa, esa joven siquiatra que marcó un hito televisivo con un programa que hablaba de sexo sin máscaras ni eufemismos. Hoy, a los 52, es quizá menos dulce y, con certeza, más asertiva y esquiva. Conserva su voz ronca y su pelo rojizo, pero habla más pausadamente. Es elegantísima y muy sobria; casi no usa joyas.

No es sólo una sofisticada -y, para ser justos, reputada- editora de arte, también es Lady Foster, millonarísima y glamorosa como la que más. Un día están en Shanghai, otro en su castillo de verano en Suiza, luego en su dúplex blanco y enorme de La Castellana, en Madrid… Se mueven de un punto a otro del planeta en el jet privado que Foster pilotea personalmente. Son una de las parejas más notables del mundo del mecenazgo artístico y de las grandes donaciones. Ella es trustee de la Tate Foundation y de la Isamu Noguchi Foundation.

Foster y Elena se casaron en septiembre de 1996, tuvieron dos hijos (Paola y Eduardo), se instalaron en un edificio de cristal y acero a orillas del Támesis y ella se dedicó a una pasión que tenía guardada desde niña y que había heredado de su padre: los libros. No cualquiera, por cierto. Los que ella publica, a través de su editorial Ivory Press, son arte en sí mismos. Piezas exclusivas, pequeñas o grandes esculturas que albergan obra original del artista. Se trata de ediciones ultralimitadas y ultracaras, que le toman a Elena al menos dos años de trabajo, hasta dar con el diseño y los materiales exactos, buscándolos donde sea. Hasta el momento, ha editado ocho, de nombres de la talla de Chillida, Anthony Caro, Bacon, Noguchi, Anish Kapoor y Richard Turtle.

Una segunda derivada de Ivory Press es la revista/libro C Photo, dedicada íntegramente a la fotografía de autores que no están en el circuito convencional. "El único criterio de todo lo que se produce en Ivory Press es que me guste, que me apasione, que me emocione", explica.

Hace casi dos años Ivory Press se convirtió además en una magnífica galería de arte y librería, diseñada, era que no, por Norman Foster en la capital española. ¿Por qué en Madrid? "Aquí siempre ha habido una enorme afluencia de activos de arte contemporáneo, hay una muy buena oferta de galerías con artistas de gran calidad, y museos inigualables", responde Elena, moviendo suavemente sus manos gruesas de uñas bien cuidadas. "En Madrid existe una enorme creatividad, el público es exigente y buen lector. Y a pesar de que estamos viviendo tiempos durísimos, Madrid mantiene el tipo con fortaleza, siempre con buen humor… ¿qué más se le puede pedir a una ciudad?".

Elena habla con libertad -y propiedad- de su trabajo, pero detesta referirse a Foster. A regañadientes, suelta que para ella el edificio preferido de su marido es el viaducto de Millau; en cambio, feliz cuenta que el Adobe Carmenère 2004 chileno es uno de sus vinos predilectos, y se refiere a su estada en Torres del Paine. "Pasamos días inolvidables en el Hotel Explora. Recuerdo cada paseo a caballo, en bicicleta, subiendo montañas…", me dijo el año pasado, cuando la conocí en Madrid. Su relación con Chile alcanza también la literatura: su escritor favorito es Roberto Bolaño

El paciente inglés

Al momento de producir el documental de Norman Foster, Elena fue igualmente rigurosa con la intimidad. Sin embargo, el arquitecto habla allí por primera vez del cáncer que tuvo hace siete años, de cómo enfrentó la sentencia de que le quedaban pocos meses de vida, y de su mejoría: "Todo fin es un nuevo comienzo", dice. Otro de los momentos emotivos es cuando relata la muerte de Wendy, su primera mujer, con quien tuvo dos hijos biológicos y dos adoptados.

La cámara lo persiguió durante 2 años por once ciudades. "No soy actor y en el documental me muestro con naturalidad, como soy", explicó el mismo Foster. "De no haberme sentido cómodo, habría sido imposible ser íntegro, realista… Odio la formalidad, guardar las apariencias".

En esa suerte de viaje guiado por su arquitectura, la cámara lo persiguió durante 2 años por once ciudades. "No soy actor y en el documental me muestro con naturalidad, como soy", explicó el mismo Foster.  "De no haberme sentido cómodo, habría sido imposible ser íntegro, realista… Odio la formalidad, guardar las apariencias, porque soy una persona a la que le gusta tener una vida privada, que disfruta mucho de su familia y a la que no le gusta llamar la atención. Además, no tengo ninguna necesidad de publicidad ni de mostrar nada a través de un documental".

La cinta, de casi 70 minutos, lo lleva también a la casa donde creció y es el escenario para comparar el modelo urbano en que él se crió y el que ahora propone en la ciudad sustentable de Masdar, que está en construcción en Abu Dabi y que será la primera ciudad del planeta con cero emisiones de carbono. Instalada en medio del desierto, tendrá 6 kilómetros cuadrados, albergará a 50 mil personas, no se usarán autos, el agua será suministrada por una planta desalinizante (que funcionará con energía solar), las frutas y verduras provendrán de invernaderos y todo desecho se reciclará.

Para él, el futuro es vertical y ecológico. "El papel del arquitecto es adaptarse para construir ciudades sostenibles, de lo contrario se convertirán en dinosaurios", sentencia categórico.

Norman Foster reconoce que el documental se transformó en una oportunidad para mirarse a sí mismo, una instancia de reflexión  profunda: "Fue un trabajo de introspección bastante interesante. Me di cuenta de cosas que debí haber hecho en su momento, pero que dejé pasar. De la gente extraordinaria que he tenido alrededor, de cómo me ha ayudado el enorme talento de muchos jóvenes que me han rodeado. El entusiasmo que se ha generado en mi estudio; cómo el diseño y nuestros edificios se han hermanado. Y, cómo, después de tantos años, si sigo tan implicado en mi trabajo es porque todavía me motiva".

Instalado en el diván que preparó para él su mujer, Norman Foster resultó tan buen paciente como arquitecto.

*Vicerrectora de Comunicaciones de la Universidad Finis Terrae.

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