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"No me puedo quitar el apellido ni con una transfusión de sangre"

  • Fecha: 07 11 2009
  • Sección: Mundo
  • Comentarios: 1

-¿Y la fortuna de US$ 3.000 millones que, según Forbes, él les habría dejado?

-El tema de la plata es muy simple. Todo está en manos del gobierno colombiano. No hay ni una sola propiedad que nos hayan devuelto, ni un auto, ni una moto, ni nada. Nosotros nos tardamos 7 años, la mitad de nuestra vida en Argentina, explicándole eso a la Interpol, a la DEA, a la CIA, al FBI, a la embajada de Estados Unidos, a la fiscalía colombiana, a todo el mundo. Siete años tardamos en explicarles, centavo a centavo, cómo vivíamos y de qué vivíamos. La Corte Suprema, gracias a Dios, hizo justicia y dijo: "Señores, esta familia tiene razón en todo lo que ha dicho". Y aunque hubiese los US$ 3.000 millones, nunca vi a nadie de la revista Forbes metido en las cuentas de mi padre. Además, a la gente se le olvida una cosa: que mi padre era un tipo muy rico, pero disfrutaba más regalando dinero que conservándolo.

 -En 1999 te detuvieron junto a tu madre por una investigación de sus dineros. Más allá de eso, ¿la gente en Buenos Aires sabe quiénes son ustedes?

-No. Yo me subo a un taxi y no me preguntan nada. Tampoco siento la necesidad de contarle a nadie, porque para mí eso no hace diferencia en la familia. Seguimos siendo los mismos de siempre. Mi padre, sea quien sea, es un hecho anecdótico para nosotros y no estamos bajo ese mismo manto. Siempre hemos sido muy claros en eso. Pero no negamos la historia. Yo no me puedo quitar el apellido ni con una transfusión de sangre. Ésa es la verdad.

-¿Eso te ha generado situaciones incómodas?

-No problemas mayores, pero sí nos cierra las puertas. Yo toco diez puertas y te garantizo que nueve puertas y media me las cierran en la cara. Eso es lo más difícil: poder sobreponernos a esta historia. Pero hay que seguir, cueste lo que cueste.

-¿Cómo es tu vida hoy en Argentina?

-Trabajo como arquitecto y diseñador industrial, y vivo en un apartamento alquilado de 80 m2. No es incómodo, pero tampoco es la mansión en la que estaba acostumbrado a vivir. Y no me quejo. Prefiero estar aquí, por lo menos sé que las bombas no me van a explotar ni me van a tirar una granada por debajo de la puerta. Vivo tranquilo.

Flores en Medellín

-Alguien que participó en el documental "Pecados de mi padre" me dijo que tú también eres una víctima de Escobar...

-Sí, lo dice Carlos Galán (hijo del asesinado candidato presidencial Luis Carlos Galán). Yo digo, en todo caso, que todos somos víctimas.

-El peso del apellido ha sido muy difícil, ¿no?

-Totalmente. Es arrastrar un trasatlántico todo el tiempo. Podemos experimentar otra vida, pero tarde o temprano el pasado te alcanza. Entonces es mejor tomar el toro como tenemos que tomarlo a que nos siga arrastrando por donde quiere.

"A mí me tocó conocer a dos personajes contrapuestos: de día y en familia mi padre era uno; y de noche, era otro. Tuve que hacerme cargo de convivir con esa idea extraña de adorar como padre a un tipo que ha sido tan cuestionado. Entendí que son dos cosas separadas: el amor que un hijo le tiene a su padre y el hombre capaz de violencia".

-Esto es lo que hiciste en este documental...

-Un poco, sí. Hacerme cargo de lo que me corresponde, que es mi historia, en la que yo participé desde la barrera, pero el toro igual quería meterse a la tribuna. Lo que quiero es tomar una postura reflexiva respecto de todo lo que ocurrió, para que construyamos un país diferente. Ya no pensando tanto en Sebastián Marroquín como persona, -porque la verdad- que todas las fichas las hemos tenido siempre en contra y ya dejó de preocuparme realmente, sino en el futuro del país.

-¿Cómo fue el encuentro con las familias de Luis  Carlos Galán y Rodrigo Lara, víctimas del Cartel de Medellín?

-Todos mis prejuicios rápidamente desaparecieron. Fue una cosa extraña. Ver a familias enfrentadas, metidas ahora en esa búsqueda de la fibra más íntima y más humana, con deseos de acercarnos. Yo creo que lo que ocurrió en el documental fue que nos liberamos de todos los prejuicios, nos tiramos al agua e hicimos lo que nos dictaba el corazón.

-Dices que ellos te mostraron otra faceta de tu papá.

-Sí, una faceta muy violenta, alguien que tomaba decisiones muy radicales en su vida y en la vida nacional. A mí me tocó conocer a dos personajes totalmente contrapuestos: de día y en familia mi padre era uno; y de noche, era otro. Tuve que hacerme cargo de convivir con esa idea extraña de adorar como padre a un tipo que ha sido tan cuestionado. Yo mantengo intacto el amor por él. Porque entendí que son dos cosas separadas: el amor que un hijo le puede tener al padre y el hombre capaz de violencia. Mi padre tenía unas guerras afuera de la casa, no dentro. Y yo siempre lo quise como la persona que fue con nosotros, con la familia. No la persona en que se convirtió después. Entonces me quedo con lo bueno de mi padre. De lo negativo no me ocupo, porque los medios ya lo hacen bien.

-En 2008, y por única vez, regresaste a Colombia. Fuiste a ver la tumba de tu padre en Medellín.

 - Después de 15 años de espera, logré llevarle un simple ramo de flores.

-No te quedaste mucho rato.

-Cierto. Pero había que hacerlo. Era de las cosas pendientes que tenía en mi vida. Es como sentir que siempre había algo que nunca terminaste de concluir en la vida y decir adiós es muy importante. Para poder soltar, eso es muy importante.

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N° 2073, 31 de diciembre de 2010

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