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"No me puedo quitar el apellido ni con una transfusión de sangre"

  • Fecha: 07 11 2009
  • Sección: Mundo
  • Comentarios: 1
Pablo Escobar Gaviria, su mujer Victoria Henau y su hijo Juan Pablo, a mediados de los 80, en un partido de fútbol en Bogotá.

Pablo Escobar Gaviria, su mujer Victoria Henau y su hijo Juan Pablo, a mediados de los 80, en un partido de fútbol en Bogotá.

"No puedo ser su juez"

-Tu padre fue abatido por la policía en Medellín, en 1993. El rumor dice que lo pillaron por hacerles una llamada a ustedes, ¿fue así?

-Yo conozco mil y una versiones. Te diría que conozco la versión, pero no interesa. No cambia nada. La realidad es que está muerto. Si se suicidó o lo mataron, si fue lo uno o lo otro... no interesa.

-¿Te lo preguntaba por si sentías culpa por esa llamada?

- No me siento culpable, porque él había inventado las reglas y él las había violado. Yo lo único que hice en ese llamado fue hablar.

-¿Cuándo lo viste por última vez?

-Tres meses antes.

-¿En qué circunstancias?

-Vivimos con él escondidos un tiempo, porque la guerra en ese instante estaba llegando a su peor momento y el único refugio que quedaba era toda la familia en un solo lugar.

-Tu madre empezó esta vida de huidas y escondites estando embarazada. ¿Fue duro para ti tomar conciencia de que tu papá, sabiéndolo, la sometiera a eso?

-Sí. Uno se cuestiona hasta qué punto fuimos importantes para la toma de sus decisiones de vida. Yo soy muy respetuoso. No soy quién para juzgar a mi papá, no puedo ser su juez. Eso lo dejo en manos de Dios. Pero también uno se cuestiona eso. Yo por lo menos me lo estoy replanteando hoy. Yo quiero tener un hijo y desde ya le estoy preparando el terreno de bien y de paz para que llegue. Sería un loco si estuviese comprando armas para hacer una guerra y pensar en tener un hijo... Mi padre no lo veía así.

-¿Qué quería tu padre de ti?, ¿que siguieras su actividad?

-No. Me decía "si quieres ser médico, te regalaré el mejor hospital; y si quieres ser peluquero, te daré el mejor salón de belleza".

La vida argentina

-¿Colombia los ayudó cuando ustedes quisieron reinsertarse?

-No, yo no recuerdo.

-Fue entonces cuando se cambiaron la identidad, ¿no?

-Nos cambiaron la identidad por pedido nuestro y porque se hizo insostenible para ellos protegernos eternamente, e insostenible para nosotros vivir encerrados y protegidos en un apartamento en Bogotá. Había que encontrar una salida y apareció el cambio de identidad como alternativa.

-Salieron a Mozambique en 1994, pero allá había mucha violencia también.

-Había terminado cuando llegamos. Los cañones estaban calientes todavía, habían transcurrido veinte años de guerra civil. Un país todavía casi en llamas.

-¿Por qué eligieron finalmente Argentina?

-Es una casualidad. Para ir a África, pasamos por aquí y, cuando ingresamos como cualquier turista, nos dieron una visa de tres meses. Así que cuando vimos que no había futuro en Mozambique, dijimos "bueno, probemos en Argentina, pues tres meses para nosotros es una eternidad para ver qué hacer con nuestras vidas". Y aquí estamos desde entonces.

-¿Qué cosas fueron las primeras que hiciste?

-Por primera vez en la vida me monté en el transporte público y pude andar tranquilo. Nunca antes había subido. No sabía dónde echar las monedas... No habíamos tenido nunca experiencias tan cotidianas.

-¿Sentiste miedo de entrar al "mundo real"?

-Me daba miedo hasta ir a comprar una hamburguesa al McDonald´s. Nunca había tenido contacto con el exterior. Siempre había un intermediario entre el exterior y mi persona.

-¿Cómo fue vivir ahí, en el anonimato, sin plata, como una persona cualquiera?

-Fue duro, pero fue una experiencia que hoy agradecemos. En algunos momentos se sentían muchas dificultades. Pero las oportunidades, cuando aparecen, aquí son buenas. Al principio, fue muy importante dedicarnos a estudiar, pues nos cambió la frecuencia en la que veníamos. Allí pusimos las energías. Después, fue sencillo insertarnos laboralmente.

-¿Qué es lo que más te ayudó a salir adelante?

-Todos los problemas que tuve, todas las malas experiencias, todos los palos en la cabeza... todo me ha ayudado a aprender a mirar con humildad. Además, hice muchos cursos de superación personal y de meditación. Pero lo principal es la voluntad de querer cambiar esta frecuencia de violencia en la que crecimos. También haber podido tomar distancia y agradecer que no me hayan matado. Eso me dio la conciencia para decir "Sebastián, ésta es una oportunidad que te da la vida y está en tus manos si la desperdicias o no".

-Entonces comenzó tu nueva vida...

-Una vida llena de experimentos sobre la libertad. Empezar a disfrutar que podías caminar por una calle tranquila, sin mirar para atrás. Algo tan común como eso. Allá en Colombia, el dinero no nos alcanzó para comprar la felicidad.

-¿Cómo se financiaron en Argentina?, ¿los ayudaron?

-Mi madre, muchos años atrás, tuvo una actividad de decoradora, de diseño de interiores. Ella tenía su capital propio y ajeno a las actividades de mi padre. Nosotros también hemos heredado, no de mi padre, pero sí de mis abuelos.

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N° 2073, 31 de diciembre de 2010

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