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El milagro del Companhero

  • Fecha: 10 10 2009
  • Sección: Mundo
  • Comentarios: 6

Orden en las cuentas fiscales

El pragmatismo es una de las características que resaltan todos quienes conocen al jefe de Estado. La mejor prueba de ello es el continuismo en la política fiscal aplicado rigurosamente en sus dos períodos en el Palacio Planalto, sobre todo en la primera de sus administraciones.

Alberto Ramos, analista senior de mercados emergentes de Goldman Sachs, lo resume de la siguiente forma: "Estuvo 20 años defendiendo medidas que difieren radicalmente de las que ha implementado como presidente". Porque si bien no hay grandes reformas impulsadas por Lula, en los círculos internacionales se destaca la baja en la inflación; una política de acumulación de reservas internacionales y por otorgar mayor autonomía al Banco Central. Esto lo ha hecho respetable en el mundo financiero global.

El nombramiento de Henrique Meirelles -un técnico de sensibilidad de derecha- a la cabeza del ente emisor, fue otra muestra de su pragmatismo político.

Y aunque en su círculo prefieren hablar de un líder que sabe conciliar "mercado y justicia social", en el mundo político fue comentado su giro socialdemócrata a fines de los 90. "Después de cuatro intentos, en su cuarta apuesta presidencial, él moderó su discurso, haciendo guiños al FMI, lo que le permitió alcanzar la magistratura", asegura un funcionario de gobierno chileno.

En 2001, Da Silva estableció una alianza con el empresario y candidato liberal, José Alencar, lo que le permitió aumentar su votación en la derecha y salir electo al año siguiente.

La suerte necesaria

No todo ha sido método y esfuerzo. El momento que vive Brasil -y su jefe de Estado- tiene bastante de suerte. Para Alberto Ramos, la situación global ayudó a todas las economías emergentes, incluida la de Brasil. "El mundo cambió muy favorablemente: los precios de los commodities se dispararon, la liquidez mundial era abundante, y la economía registró un periodo de cuatro a cinco años de crecimiento sólido, uno de los ciclos de expansión más largos desde la posguerra". Todo esto antes de que estallara la crisis, obviamente. También ayudó el fuerte consumo de los países de Asia. Pero para ser justos, el analista de Wall Street afirma que además de suerte, Lula tuvo la visión de no cambiar un modelo que funcionaba: "Reformó poco, pero tuvo mucha suerte con un entorno externo favorable, y acertó al no cambiar un modelo que funcionaba. Es más: lo profundizó", precisa Ramos. Especialmente en su segundo mandato, Lula ha creado un sistema de monitoreo de políticas públicas, que ha permitido seguir las iniciativas de corte social, con reuniones periódicas con los ministros de las distintas carteras.

Boom de la clase media

Cuando Lula asumió el poder, la clase media representaba el 42,5% de la población. Hoy, más de la mitad de la población pertenece a ese estrato. Uno de los mayores poderes adquisitivos en ese país está en este segmento, que ha disparado el consumo interno a tasas históricas. La adquisición de celulares, televisores e, incluso, automóviles, era terreno vedado para sectores importantes de la sociedad brasileña. Hoy, en cambio, las familias de este grupo ganan entre US$ 700 y US$ 3.000 según un estudio de la Fundación Getulio Vargas y tienen acceso a cierto comfort. Otro fenómeno económico-social de la era Lula es el mejoramiento en la calidad de vida de las ciudades del norte del país.

El hombre de Obama en América Latina

El presidente de Estados Unidos se ha referido a Lula como "su hombre" en la región. Y no es sólo un asunto de simpatía. No es un misterio que para la Casa Blanca, el gobernante brasileño opera como "contrapeso" a la influencia de Hugo Chávez. La cercanía con Washington ha llegado a tal punto que algunos reportes aseguran que una vez que deje el Palacio Planalto, Lula podría convertirse en el próximo presidente del Banco Mundial. Su influencia ha trascendido las fronteras latinoamericanas: uno de sus mayores esfuerzos ha sido lograr un asiento para su país en el Consejo de Seguridad de la ONU. También ha procurado influir cada vez más en el G-20. Además, luego de décadas de ser receptor de ayuda internacional, su país es uno de los donantes del FMI (este año aportará US$ 10.000 millones).

No todo lo que brilla... déficit y mayor burocracia

En Wall Street reconocen los logros del jefe de Estado, pero no dejan de ver los fríos números. "La prudencia en la política fiscal del inicio de su administración se perdió en los últimos años", advierte Vladimir Werning, quien afirma que son varios los que miran con inquietud cómo se ha incrementado el déficit fiscal en el país de la samba. Alberto Ramos agrega el aumento de la burocracia estatal, a la cual se le han destinado enormes recursos, sin redituar en eficiencia. Además, varios recuerdan los escándalos de corrupción que sacudieron a la administración Da Silva entre 2005 y 2006, que costaron, incluso, la caída de uno de sus ministros. Por eso, los últimos hechos le otorgaron a Lula más que un nuevo aire, la oportunidad de culminar su mandato -que finaliza en octubre de 2010- con altos índices de popularidad y sin la presión de no haber realizado los cambios, como una reforma tributaria y la modernización del aparato estatal.

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N° 2073, 31 de diciembre de 2010

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