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Por qué Brasil sedujo al mundo

Por: Lorena Rubio

A un año de terminar su mandato, el éxito de Brasil no se entiende sin Lula. Convertido en una suerte de rock star, sobre él se prepara una película -la más costosa en la historia de ese país- y sus discursos tienen miles de visitas en YouTube. Y aunque  los analistas internacionales advierten sobre el aumento del déficit fiscal y la ausencia de reformas trascendentales, Lula ya es un héroe nacional.

  • Fecha: 10 10 2009
  • Sección: Mundo
  • Comentarios: 6

Desde el pueblo y para el pueblo

Lula da Silva suele cometer errores lingüísticos cuando improvisa, pero no por ello deja de hacerlo. Por el contrario, se le reconoce su gran oratoria y despliegue ante las multitudes. Hijo de campesinos analfabetos del norte de Brasil -la zona más pobre de ese país-,  se puso sus primeros zapatos a los siete años; trabajó de lustrabotas a los 12 años y a los 14 entró como aprendiz en una metalúrgica. Su trayectoria encarna la de su propio país y ha procurado dar a conocer su historia marcada por carencias, la lucha por los derechos de los trabajadores, las persecuciones políticas y cárcel que sufrió. Algunos lo han comparado con el polaco Lech Walesa, quien surgió como dirigente sindical y se convirtió en presidente. El matiz es que mientras el polaco culminó con casi nula aprobación política, Lula se encamina a despedir su gobierno en medio de vítores. Su sello, como el de Michelle Bachelet, con quien tiene gran sintonía, es el de la protección social.

La astucia del companhero

Como viejo líder sindical, el gobernante brasileño suele tratar a la gente como companhero. A los habitantes de su país también les gusta llamarlo companhero Lula, cuestión que todavía sigue causando escozor en algunos sectores de la sociedad. Y si bien su origen y trayectoria son los de un típico hombre de izquierda latinoamericano, es atípico: se reconoce que carece de una ideología maciza. "Él no tiene una formación de izquierda clásica. No leyó a Marx, Lenin o Trotsky", cuenta a Qué Pasa la autora de su única biografía autorizada, Denise Paraná. Su libro Lula, El Hijo de Brasil será la base para la película sobre la vida del jefe de Estado, que se estrena en enero y que costó US$ 10 millones. La periodista, quien trabajó con Da Silva cuando éste era líder sindical de los obreros metalúrgicos, afirma que la verdadera mentora intelectual de Lula fue su madre, Doña Lindu, que planteaba que las cosas "debían ser repartidas entre todos" y quien se hizo cargo del pequeño Luiz y sus siete hermanos, cuando su padre partió a São Paulo.

Los índices de popularidad demuestran que su cercanía con las clases más desposeídas ha surtido efecto. En noviembre de 2008, en plena crisis, su aprobación llegó a 70%. Las últimas cifras -de septiembre de este año- iban entre el 67% y 69%. Tras la designación Río de Janeiro como sede de los JJ.OO., experimentará un alza mayor.

Obstinación a toda prueba

 "Él acostumbra a decir que fue muy bueno que no hubiera ganado las elecciones en 1989, porque habría hecho un gobierno pésimo", dice Denise Paraná. Su popularidad y poder político pasaron de nulos a apabullantes. Como líder de los trabajadores metalúrgicos realizó en 1980 una huelga de 41 días, que lo hizo conocido en todo el territorio. Ese mismo año fundó el Partido de los Trabajadores (PT). Las primeras elecciones abiertas de presidente en Brasil -tras 20 años de gobiernos militares y uno de transición encabezado por José Sarney- se realizaron en 1989. Lula obtuvo el segundo lugar, detrás de Fernando Collor de Mello. Éste renunció, luego de un escándalo, en 1992. Su mandato fue completado por Itamar Franco, cuyo ministro de Hacienda, Fernando Henrique Cardoso, puso en marcha el Plan Real que terminó con la inflación crónica de Brasil.

En octubre de 1994, Lula se presentó por segunda vez como candidato a presidente. Volvió a perder contra Cardoso, quien obtuvo la victoria por derrotar la inflación. Lula compitió nuevamente en 1998: consiguió el 32% de los votos y Cardoso fue reelecto. Finalmente, asumió la Presidencia de Brasil en 2003, con el mayor número de votos de la historia democrática brasileña (52,4 millones), alcanzando el 61% de los sufragios.

Inclusión y paz social

En este punto no hay dos posturas. La política social de inclusión trajo beneficios internos y también en el plano internacional a Brasil.

"Es indudable que su énfasis en profundizar la acción social del Estado generó apoyos políticos para su administración", dice Vladimir Werning, del banco estadounidense JP Morgan. El embajador de Chile en Brasil, Álvaro Díaz, coincide en esta apreciación: "Brasil se transformará en una potencia a contar de la próxima década, tanto por su expansión económica como por su política de inclusión".

Sus primeros programas, apenas asumió la Presidencia en 2003, fueron concretos: Hambre Cero, de escaso impacto -por una falta de seguimiento y porque los escándalos tuvieron en jaque al gobierno-, y Bolsa Familia. Este último es uno de los factores que explican la actual movilidad social de la sociedad brasileña. El programa, alabado por organismo internacionales, consistía en pagarles a familias de escasos recursos la salud y educación. Rindió frutos. Se estima que en los últimos siete años, 30 millones de personas en ese país -con una población que ronda los 200 millones- dejaron la pobreza. La mayor cohesión ha impedido el surgimiento de estallidos sociales de magnitud, aun cuando los "Sin Tierra" -surgidos también en el norte- protagonizan cada cierto tiempo protestas.

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N° 2073, 31 de diciembre de 2010

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